4.03.25

La muerte súbita

Un tío mío contaba una anécdota que siempre me llamó mucho la atención. En cierta ocasión, varios compañeros de trabajo se habían puesto a hablar y la conversación, de alguna manera, recayó en cómo le gustaría a cada uno morirse. Hablaron varios, que fueron comentando lo habitual con ligeras variantes, hasta que llegó uno que se limitó a decir: “yo le he pedido a Dios una muerte lenta y dolorosa, para que me dé tiempo a arrepentirme de mis pecados”. La conversación terminó ahí, claro, y todos se quedaron en silencio y con la boca abierta. A fin de cuentas, quien más, quien menos, si los demás le habían pedido algo a Dios era no morirse nunca.

Siempre me acuerdo de esta anécdota al hablar de la muerte, porque lo cierto es que se ha producido un cambio asombroso en la forma de considerar la muerte entre los católicos. Si hiciéramos una encuesta o preguntáramos al azar a los católicos que salen de Misa de doce, la respuesta más frecuente sería el deseo de una muerte rápida, sin darse cuenta, a ser posible durante el sueño y, por supuesto, sin ningún dolor. Es algo tan asumido y generalizado que no creo que nadie se sorprenda por ello.

Digo que el cambio ha sido asombroso, sin embargo, porque esa muerte ideal de los católicos actuales fue siempre la peor pesadilla de los católicos de épocas anteriores. Basta consultar misales o devocionarios antiguos para encontrar en todos ellos la petición clásica: a morte subitanea et improvisa, liberanos Domine. De la muerte súbita e imprevista, líbranos, Señor. ¡La muerte ideal del católico medio actual era uno de los grandes males de los que se pedía a Dios que nos librara!

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26.02.25

Información, censura y otras

Algunos lectores ya sabrán que el conocido y siempre interesante blog Wanderer ha sido desalojado de su dirección habitual blogspot, aunque ha encontrado nueva morada en https://elwanderer.com/ y en Twitter/x (@CaminaWanderer). El traslado ha sido forzado por una denuncia presentada a blogspot, denuncia que el propio blog atribuye a algún eclesiástico enfadado, quizá de la diócesis argentina de San Rafael.

En efecto, hace unos días el Wanderer publicó una información terrible en materia de abusos, aunque verdadera, que había sido ocultada por la diócesis. Una vez que el Wanderer dio la voz de alarma, múltiples medios de comunicación publicaron artículos similares, en algunos casos añadiendo nueva información, y la diócesis tuvo que reconocer la verdad.

Al margen del caso concreto, que no conozco en absoluto y en el que no nos vamos a meter, el propio Wanderer plantea temas interesantes de gran calado, sobre los que he pensado bastante, aunque sigo teniendo dudas. Desde el punto de vista utilitario, ¿sirve de algo censurar información verdadera, aunque incómoda, en un mundo como el de hoy, en el que todo se termina sabiendo? ¿O esa censura provoca un efecto Streisand (así llamado porque la actriz intentó que se censuraran fotos de la costa de California en las que aparecía su casa y no solo perdió el juicio, sino que consiguió que cientos de miles o millones se interesaran por las fotos y las descargaran de Internet)? La censura es admisible y a veces conveniente según la Iglesia, pero ¿hasta qué punto resulta conveniente hoy, en qué lugares y en qué casos?

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23.02.25

El secreto de la vejez

Hace tiempo, se trasladaron los restos de una tía mía al lugar donde iban a reposar definitivamente, más o menos un año después de que falleciera. Un sacerdote tuvo la amabilidad de rezar un responso con nosotros en esa ocasión, cumpliendo así una de las obras de misericordia espirituales, tan olvidadas hoy.

Mientras rezábamos con el sacerdote por mi tía, por un momento me pareció vislumbrarla llegando a las puertas del cielo. Había muerto con más de ochenta años, pero yo la vi como una niña, con el pelo rubio liso y suelto, mirándolo todo con la curiosidad y la admiración que siempre tenía. El mismo Cristo salió a recibirla y le dio un gran abrazo. También nuestra Señora acudió con una sonrisa de cariño a dar la bienvenida a aquella niña que llevaba su nombre.

Solo fue un instante y probablemente no se tratara más que de mi imaginación, qué sé yo, pero me consoló mucho. En especial porque, justo después, me acordé de un icono oriental que había visto por primera vez en Jerusalén.

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17.02.25

Nuevo libro: Bestiario de Predicadores

¿A quién no le fascinan los antiguos bestiarios y libros de los naturalistas clásicos, con sus esbozos de especies misteriosas y exóticas? ¿Quién no ha deseado ir por el mundo dibujando, en un ajado cuaderno de tapas de cuero, un buen número de olifantes, cameleopardos, unicornios, hidras, pegasos y aves fénix?

Estoy muy atareado y algo viejo para embarcarme en expediciones a los confines de la tierra, pero nada me impide inventarme una y eso es lo que he hecho. Eso sí, como la mayoría de los bichos exóticos ya están al alcance de la mano en cualquier zoo, decidí dedicar mi expedición a estudiar el ser más exótico y misterioso de todos: el predicador.

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13.02.25

No nos avergoncemos del combate

Sucede a veces que los ancianos, al final de su vida, cuando se les va la cabeza, comienzan a decir barbaridades e incluso insultos, groserías y procacidades. Sus cuidadores y familiares, como es lógico, lo pasan muy mal e incluso pueden escandalizarse de ello, sintiéndose desilusionados, como si esas barbaridades fueran un indicio de que el anciano había estado engañándoles toda su vida. Nada más lejos de la realidad.

Cuando algo así sucede, ya no es el anciano el que está hablando, sino los demonios con los que combatió y a los que mantuvo a raya toda su vida en una lucha sin cuartel. Una vez que su mente, debilitada, ya no está presente para hacerles frente, los demonios rugen y alborotan, intentando desquitarse con su cuerpo enfermo de lo que no pudieron lograr en buena lid. No se trata, pues, de algo de lo que haya que avergonzarse, sino de un timbre de gloria de ese veterano guerrero.

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