El equipo de gobierno del Cardenal Jubany
El artículo de ayer de Oriolt y sobre todo la impagable fotografía del actual copríncipe Vives al lado de Don Narcís Jubany me ha traído muchos recuerdos de aquella época, orígen de todos los males que padecemos actualmente en nuestra diocesis de Barcelona, es por ello que además del actual obispo de Urgell (que ya se comentó ayer) he querido reflexionar sobre quienes eran y que ha sido de los que nos gobernaron durante tantos años en nuestra Iglesia diocesana. Gracias a este análisis se puede entender un poco más la actual situación de nuestra diócesis demostrándose una vez más (como sucede actualmente) que lo peor no son los obispos sino los colaboradores inmediatos que tiene.

Se sorprenden muchos lectores del resquemor que nos produce la persona de Monseñor Vives Sicilia. Un prelado tan ortodoxo, nos dicen algunos. Un obispo tan encantador, nos manifiestan otros. Se asombran también los seguidores que tenemos en la diócesis de Urgel, donde jamás le han tenido por progresista. Es más, aunque su territorio sea una balsa de aceite -mayormente por su despoblación- si alguna oposición ha hallado procede del lado más heterodoxo. Es cierto que en el ámbito vaticano, en la conferencia episcopal o en su páramo diocesano, el arzobispo-obispo hace gala de una rectitud doctrinal y pastoral intachables. A veces simples mohines, porque Vives es tributario de un pasado. De un pasado barcelonés, firmante de manifiestos, miembro del "Forum Home i evangeli", muy progre rector del seminario, persona clave en el desmantelamiento de lo que es hoy en día la diócesis de Sant Feliu de Llobregat. ¿Cómo sería el nuevo Vives en Barcelona?
A la derecha del Cardenal, Mn. Matabosch y el canciller Mn. Gordo, a su izquierda, Bernades y el Sr. Pere Alegrí.
Basílica constantiniana de la Natividad en Belén (333-335)
Sobre la pietas construyeron los romanos la sociedad primitiva, de carácter familiar, y sobre la aéquitas construyeron las leyes de ciudadanía. Es que no ha sido nada fácil construir al hombre. Los demás animales, nacen y así son. A los seres humanos en cambio, no nos basta nacer: además debemos hacernos. Y este hacernos tiene dos dimensiones: la individual familiar (basada en las relaciones de nacimiento) y la colectiva (basada en la voluntad de convivencia de colectivos e individuos distintos). 




