La estrategia pasa por callar como un muerto
A escasos 15 meses de que nuestro n.s.b.a. Cardenal presente la preceptiva renuncia como Arzobispo de Barcelona la situación en la que se encuentra nuestra Diócesis es de coma casi irreversible. Y de ello se dan cuenta desde el primero hasta el último de los agentes pastorales de esta Iglesia, sean estos laicos o sacerdotes. Lo perciben los seglares de todas las corrientes y sectores, desde los que trabajan en las parroquias y arciprestazgos hasta los más estrechos colaboradores de los ámbitos de acción pastoral diocesana, parálisis de ilusiones, encefalograma plano en los proyectos y sobredosis de autocomplacencia en las palabras y actitudes del Cardenal, pagado de sí y de sus logros. Típico del autócrata que no toca con las manos la realidad, que no pisa con los pies en el suelo. Demasiado empacho para poderlo digerir. ¿Punto del plan Pastoral para este año? Como conocer, vivir y celebrar mejor la Palabra de Dios. Con conferencias de Salvador Pié y de alguno de estos biblistas tipo el pesado de Rius Camps arriba y abajo, amén que alguna otra monja iluminada. Y sonrisa de Netol y mirada de corneja…


Mn. Josep Maria Turull Garriga, actual rector del Seminario de Barcelona, entre otros muchos cargos y responsabilidades diocesanas, cumplió el pasado sábado sus cuarenta y cinco años. Tal como están las cosas en la Iglesia barcelonesa nadie puede negar que se trate de un sacerdote joven, aunque los años van pasando como queda demostrado con la fotografía que ilustra este artículo donde podemos ver a un jovencísimo Turull, en un alarde de nacionalismo junto al expresidente Jordi Pujol, al que también lógicamente vemos más joven.
Para que no digan que Germinans Germinabit solo destacamos lo malo, felicitamos esta vez y de todo corazón al párroco Joan Barat Graell de Santa María por haber plantado cara a ese rodillo llamado TV3 que cree tener patente de corso para hacer y deshacer como le da la gana en casa de los demás. Asimismo por decir NO a un Ayuntamiento, “acollonit” (acongojado) ante la cadena de TV catalana, gobierno municipal que no está acostumbrado a que nadie le enmiende la agenda y menos por unos párrocos por lo habitual bastante domesticados (vicario episcopal Segis, el anterior párroco Cussó, el propio Barat o el prodigio de Socías, que por no hacer ni dice Misa los días laborables en Mataró y creemos que en ningún otro lugar).
Lo acontecido en estos últimos meses con la basílica de la Sagrada Familia ha mostrado al mundo entero la manera como se hacen las cosas en nuestra diócesis de Barcelona: Falta de previsión, de organización, parches sobre la marcha y sensación de chapuza continuada. Nuestro arzobispo comentaba a sus colaboradores los días previos a la llegada del Santo Padre: "El Papa viene a inaugurar una iglesia y nosotros no sabemos que hacer con ella". Lo cual demuestra que la visita papal fue todo un paripé, se deseaba la visita del sucesor de Pedro para dar prestigio a la diócesis, pero se sabía de antemano que la basílica seguiría cerrada al culto. El éxito de la visita de Benedicto XVI provocó un deseo desorbitado de ver el interior del templo diseñado por el gran arquitecto Antonio Gaudí. Se programó una magna celebración para todos los católicos que no pudieron entrar el día de la consagración, pero la desastrosa organización (¿que se puede esperar de una delegación de la Familia que no cree en la familia?) dejó a miles de personas en la calle, muy indignadas por cierto, que no dudaron en recurrir a los medios de comunicación para expresar su enfado. Para tapar el desaguisado se abrió la Sagrada Familia unos días determinados sin tener que pagar entrada, pero de nuevo la falta de previsión colapsó el templo y parte de la circulación de la ciudad. Entonces se ampliaron los días y las horas de visita gratuitas y así se paró momentáneamente el caos y el disgusto ciudadano. No sé porqué a mi esta manera de funcionar, la de ir sacando soluciones sobre la marcha, me recuerda en muchas cosas a la del Presidente Zapatero (con quien coincide n.s.b.a cardenal en el inicio de su mandato, es decir el año 2004). Pues si con eso no era suficiente, el arzobispo creía ya cerrado el tema, pero entonces empezaron las presiones (entre ellas la nuestra) para que la basílica estuviera abierta al culto, aunque inicialmente el cardenal se negaba finalmente acabó cediendo y prometiendo que se abriría al culto una vez al mes. Suma y sigue…