La contradicción de la interpretación heterodoxa de Amoris Laetitia
Hace algunos meses, cuando todavía no había iniciado este blog, escribí algunas palabras en respuesta a una interpretación de Amoris Laetitia por parte del filósofo y político católico Rocco Buttiglione. Hoy nos hemos despertado con la noticia de que Mons. Víctor Fernández, rector de la Pontificia Universidad Católica de Argentina, ha publicado un artículo en el que defiende, como única interpretación posible de la exhortación pontificia, una en abierta discontinuidad con el magisterio precedente. No es nada nuevo, pues esta interpretación es la que viene siendo propuesta desde hace tiempo por diferentes conferencias episcopales, habiendo recibido una aprobación explícita por parte del mismo Santo Padre. Precisamente, Mons. Fernández se basa en esa aprobación para sustentar su tesis, que tampoco aporta ninguna novedad, de que el Papa ha cambiado la disciplina sobre la comunión de los adúlteros impenitentes, sin haber modificado la doctrina católica.

Todo había acabado bien, la lucha había concluido. Se había vencido a sí mismo. Amaba al Hermano Mayor. (George Orwell, 1984)
Desde hace tiempo se viene usando un término ideológico y represivo que va ocupando primeras posiciones en el diccionario de la neolengua políticamente correcta, el micromachismo. Como parte de la narrativa feminista de género (el único feminismo que existe actualmente), se debe inculcar a la sociedad la idea de que la violencia, la imposición, el abuso, vienen siempre del varón. Esta pretendida característica masculina se manifiesta a través de pequeños gestos que, vistos a través del prisma feminista, se convierten en signos de esta dominación viril perpetua. Hace un par de días me enteraba, por ejemplo, de que cuando me rasco la barba (normalmente porque me pica),
Una vez expuestas algunas claves magisteriales para ir elaborando un concepto de inculturación, podemos hacer unas primeras observaciones. La inculturación es presentada como un proceso que afecta por un lado al Evangelio (entendido como los contenidos fundamentales de la fe cristiana, incluyendo la vida y la Tradición de la Iglesia), y por otro a la cultura receptora. Ambas instancias son sometidas a ese proceso que busca que el Evangelio sea vivido desde el interior de esa cultura concreta y que, a la vez, esa cultura pase formar parte de la vida de la Iglesia. La acción de inculturación es operada por la Iglesia en cuanto misionera, formando parte de esa acción tanto los misioneros como los mismos evangelizados, bajo la vigilancia del Magisterio, que evita caer en los extremos de la alienación de la cultura o supervaloración de la misma.

