InfoCatólica / Deo Omnis Gloria / Categoría: Celebrando la vida

3.04.15

"Lo que nos sostiene y posibilita"

“Si no creeis (si no os apoyaís en Yhavé) no tendréis apoyo” Is 7, 9

Acaso pensaron que lo de los coros angélicos que mencioné en la entrada anterior era tan solo una imagen literaria? Si lo pensaron, lamento decepcionarlos, porque no pienso retractarme de lo dicho. Yo creo que por gracia he venido escuchando, durante tantos Sanctus como he escuchado a lo largo de mi vida, a los coros angélicos.

Por hablar del don recibido es que he regresado para narrar el resto de la historia. 

Resulta que con el recuerdo de tan vívido golpe de gracia del Domingo de Ramos asistí a la Misa de la Cena del Señor.

Este año el nuevo párroco organizó de tal manera que dicha celebración no se realizó en el Centro Parroquial como es costumbre sino en la filial que contiene mayor número de habitantes y trabajadores informales; es decir, las misas allí se caracterizan por la devoción y la piedad del pueblo por lo que, entre otros, el coro fue una gozada: un joven en el acordeón, una anciano en la batería electrónica, un varón de mediana edad en el bajo, una madre y una hija con un clarísimo falsete al mejor estilo de los mariachis mexicanos quienes, además, alternaban en la ejecución del triángulo y las maracas.

Con la descripción del coro pretendo que se hagan idea del “ambiente” en que se llevó a cabo la celebración que no era, ni de lejos, lo que mi sensibilidad hubiera deseado pero, ahí estuve, con mi velo sentada en la segunda fila al lado de doña Ana (la única otra señora con velo), dándome perfecta cuenta de cuánto gozo y paz me embargaba. 

Para cuando llegó el Lavatorio de los pies, como nunca antes, tuve claro que sin la gracia no podría tomar entre mis manos aquellos pies callosos con uñas feas para besarlos. El padrecito fue tomando con cariño uno a uno cada piecito y lo acercaba a su boca. Fue cuando noté dentro de mí una profunda admiración, respeto y gratitud por el sacerdote de quien mi mente saltó a Nuestro Señor y de El a mi corazón el que no salía de su asombro.   

No sé cuántas semanas santas he celebrado pero en lo que se diferencia ésta a las anteriores es en que, a partir de la gracia recibida el Domingo de Ramos, el Señor me liberó de mis escrúpulos respecto a la liturgia.

Tal parece que de hoy en adelante podré regresar a misa, sin importar cuán horrorosamente simple y hasta chabacana sea la celebración, liberada de asistir como una penitencia.

Saben? Será asistir a misa con el alma pura como cuando era niña teniendo clarísimo en Quien todo mi ser encuentra sustento.

Dice Joseph Ratzinger en su libro “Introducción al Cristianismo” que “la fe [ ] es esencialmente confiarse a lo que no se ha hecho a sí mismo, a lo no factible, a lo que [nos] sostiene y posibilita”

La gracia de la fe. La gracia. 

4.03.15

Sea "Jesús" mi último aliento

Si a mis 25 años alguno me hubiese anunciado que a mis 55 estaría limpiando, lavando ropa y cocinando para extraños en mi propia casa, le hubiese estampado en su cara una carcajada.

Y no es que ahora reniegue de ello, muy al contrario, con sobrada alegría y gratitud lo hago ya que el Señor alimenta mi cuerpo y mi alma a través de este trabajito que tengo.

En fin, que nunca nada termina siendo –ni de lejos- como uno lo espera ya que sobre nada tenemos control. 

Claro! Luego de escuchar los propios reproches se vienen a la cabeza los 21 mártires de Siria y, de sopetón, baja uno la cabeza avergonzado. 

Aquellos hombres ante el verdugo, amar, creer, perdonar y esperar fue lo único sobre lo que, por gracia, tuvieron control; fue su única posesión antes de que les arrancaran de un tajo la cabeza.

Cosa que no consideraron los monstruos de ISIS es que, de esa forma, les permitieron tenerlo todo. ¡Absolutamente todo! Tanto así que les sobró aliento para exhalar: -“¡Jesús!”

Cuentan las noticias que entre ellos había un no cristiano originario de Chad que se convirtió al ver la gran fe de sus compañeros. A su verdugo dijo: - “Su Dios es mi Dios”

Así concluyó su vida.

No tiene mayor importancia cómo se conduzca la vida con nosotros. No importa si a veces nos parece ingrata o absurda o si, por la misma razón, nos enfadamos con el Señor para luego pedir perdón bañados en lágrimas. ¡No importa!

Lo que de verdad importa -ya que es lo único que a la vida le da sentido- es que sea el Señor la razón por la que respiro y que, por lo mismo, sea “Jesús” mi último aliento.

15.02.15

¡Cómprate un frasquito de perfume!

Alrededor del milagro de la multiplicación de los panes ronda el reclamo del Señor ya que, habiendo visto los discípulos sin número de hechos prodigiosos, todavía dudaban; por eso, cuando hallaba fe en los extranjeros, les regalaba con lo que pedían no sin destacar públicamente la gran fe de aquellas personas. 

Recuerdo tantas discusiones acerca de la veracidad de los milagros de Jesús. Recuerdo que yo misma dudé. Sé que muchísimos dudan de sus milagros. 

Este año mi hermana perdió su trabajo. Un día se hallaba con fiebre en cama. Llorando me decía que se sentía muy mal porque, además, solo teníamos $4 en la cartera.

Preocupada por su salud y abrumada por la noticia, debí dejarla desconsolada mientras cruzaba la calle para traer sus medicinas del Seguro Social ya que estaban a punto de cerrar

Lo recuerdo vívidamente. Justo al poner el pie en la acera opuesta miré al suelo y había un rollo de billetes al que le puse el zapato para evitar que se lo llevara el viento.

Miré a un lado y a otro para ver si había alguno a quien se le hubiera caído pero, no, nadie había. Ni un alma. Así que lo tomé y lo eché en la bolsa del pantalón sin mirar. ¡Total!  Era solo dinero. Lo mismo pude haberme inclinado si hubiera sido basura tirada. 

Llegué a la ventanilla, retiré las medicinas y de regreso las coloqué junto con el dinero al lado de mi hermana.

-“Qué es esto?”, preguntó.

- “Plata que encontré!”.

Después de contar el dinero dijo: - “Ay, Crucita! Esta plata le debe estar haciendo falta a alguien!”

- “Cierto!”, dije asustada mientras me llevaba la mano a la boca. “Tenés razón! Voy a regresar y le diré al secretario que si alguien llegara diciendo que se le perdió un dinero que me busque para devolverlo”

Esperamos hasta el día siguiente a la misma hora y como nadie presentó reclamo lo utilizamos para la comida, pero –además- pedí a un sacerdote que ofreciera misa por quienes lo perdieron ya que, mi hermana y yo, de solo pensar que fueran niños o algún anciano que se quedaran sin comer, nos estremecíamos.

Aquél rollito eran $80. Cuando se terminaban me gané $40 en una de esas rifas que uno compra tan solo por colaborar. 

Cuando éstos llegaban a su fin, yendo a comprar el pan con las últimas monedas, pedí al Señor me regalara tan solo un poquito más para estar un poquito más holgada.  

En ese momento me di perfecta cuenta de mi audacia pero, dado el resultado, me parece que al Señor le pareció bien ya que, mientras caminaba, miré al suelo y había $12.

En este momento no sabía si llorar o reír a carcajadas. 

Hoy, varios meses después de este y otros milagros, leí de Marisa Cuerda lo siguiente:

Cómprate un frasquito de perfume y si la alegría se ha escapado, aspira de ese perfume, pero que nunca te falte la alegría. El perfume puede ser cualquier cosa, cualquier milagro”

Ahora lo tengo claro, aquellos milagros de Jesús fueron reales como lo son los que realiza en el presente. Nos los ha venido regalando para que le reconozcamos como Hijo de Dios pero porque bien sabe desde siempre que podría faltarnos la alegría.  

Aquél día la muchedumbre caminó de regreso a casa a lo mismo de siempre pero alegres ya que ahora tienen un frasquito de perfume igual al mío.

Filipenses “4 Alégrense siempre en el Señor. Vuelvo a insistir, alégrense. 5 Que la bondad de ustedes sea conocida por todos los hombres. El Señor está cerca. 6 No se angustien por nada, y en cualquier circunstancia, recurran a la oración y a la súplica, acompañadas de acción de gracias, para presentar sus peticiones a Dios. 7 Entonces la paz de Dios, que supera todo lo que podemos pensar, tomará bajo su cuidado los corazones y los pensamientos de ustedes en Cristo Jesús”.

29.01.15

¡Me tiro al monte esperando todo de Ti!

Entre lo que me sucede, lo que sucede en la Iglesia y en el mundo no he venido siendo yo en los últimos meses; en ocasiones hasta pensé que jamás volvería a escribir. He pedido al cielo que me diera la gracia de tomármelo con calma y, ¡glorificado sea el nombre del Señor!, ha sido así.

Se puede decir que la experiencia de poco más de un año (en la que el nivel de mis ingresos ha llegado al mínimo imaginable) ha sido venturosa en cuanto que, debido a ello, ahora no existe forma que nadie me haga decir lo contrario: Tengo Padre.

Lo tenemos. Un padre que ama entrañablemente y educa con máxima delicadeza y, dado que nos capacita con su gracia, espera de nosotros lo mejor.

Al principio, esa “capacitación” es desconcertante ya que, dentro del desvalimiento, nos damos cuenta que no es que nos auto-educamos, ni nos educa el mundo sino nuestro Padre a cuya pedagogía –por gracia- responderemos con amor o, simplemente, huyendo.

No he huido, me he quedado para ver de qué se trata esta nueva experiencia ya que nunca había debido dinero ni me lo han debido.

Como le decía a Alonso Gracián: tras el desconcierto, el temor y la furia río con sabrosura no solo por lo absurdo de la situación sino porque detrás de cada preocupación (de la que por gracia me despreocupo) el Padre me presenta algún hecho difícil de describir como lo es cada cada plato de comida que con insignificantes recursos preparo e ingiero con gratitud, satisfacción y gozo hasta ahora desconocidos. “Es como un milagro!”, me digo, “un verdadero milagro este bendito plato de comida tan sabrosa”.

Bajo el influjo de tanta bondad, verdad y belleza, de lo último que me ha inspirado el Señor ha sido tirarme al monte en busca de sustento. Hace unos días regresé de un paseo por los alrededores con una cesta conteniendo zanahorias, chayotes, romero, orégano, bananos, limones agrios y dulces, naranjas y elotes. ¡Cuánta abundancia!

Reflexionando en ello comprendí que ese “tirarme al monte” siguiendo su inspiración fue haberle dicho: - “Padre: con mis propios ojos observo que provees a las flores y las ardillitas del bosque. ¡Me proveerás de lo necesario!”

Ese fue el total abandono que el Padre había estado esperando de mí.

Aquella cesta colmada fue contundente certeza.

Estoy muy agradecida ya que, desde aquél día, ese ha sido el movimiento de mi alma en cada nueva situación de carencia:

¡Me tiro al monte esperando todo de Ti!

¡Opa!

Como les decía, no he venido siendo yo pero, tal parece, ha sido una situación temporal; volví a escribir y, definitivamente, sigo siendo yo.

NOTA: Cierto, muchas cosas que suceden en la Iglesia y en el mundo también capturan mi interés y aunque podría manifestar mi punto de vista en este blog la inspiración que sigo es la de compartir con ustedes mi experiencia con la gracia. ¡Sabrá el Señor para qué!

16.01.15

"Pequeño nuevo camino"

“Ser distinta de lo que soy, más grande, es imposible para mí: me debo soportar como soy con todos mis defectos; pero quiero buscar la manera de ir al Cielo a través del pequeño nuevo camino”.

Teresita

 

Han notado que un solo día de sol tras un temporal provoca que olvidemos las sensaciones de soledad, tristeza y opresión provocadas por el mal tiempo? Completamente se olvidan! Es impresionante!

Un solo día de sol y cielo azul nos revive! Salimos a la calle y ahí están nuestros vecinos en ropas ligeras sonriendo al igual que nosotros. Los sentidos todos embotados de belleza. Con la salida del sol renacen el gozo y esperanza! Qué maravilloso es nuestro Padre que hasta con el clima amorosamente nos educa!

Notar estos detalles de la vida me parece una gracia. Queda tan claro con Teresita en su “Historia de un alma”. Quienes lo han leído recordarán que la santa conserva con gran sensibilidad en su memoria los pequeños detalles tal como las sensaciones y sentimientos que provocaba el que su hermana la peinara diariamente. No es una gracia tener el alma abierta para esas pequeñas cosas?

Claro, luego –como Teresita- salimos al mundo para darnos cuenta que nada existe  ahí fuera que nos interese y que, más bien, parece una gracia el que nada nos atraiga verdaderamente.

Bien, estoy generalizando, ignoro si la mayoría ponemos atención a las pequeñas cosas o si, por el contrario, nos atrae más lo que acaece en el mundo en cuanto nos sentimos responsables.

Si, pienso en situaciones tan graves como lo de Charlie Hebdo, Asia Bibi (que mortifica tanto), el aborto, la eutanasia, la Fivet, el matrimonio gay, esos inhumanos del Boko Haram así como sus miles de víctimas; horrores ante los que observamos a tantos gobernantes, autoridades civiles y eclesiales que no poseen los recursos intelectuales, éticos ni morales para reaccionar.

Ay! Señor bendito! Cuánta impotencia pero también cuánto bien nos haces librándonos de tener autoridad! Muchos de nosotros seríamos unos perfectos tiranos tratando de imponer el bien al mundo entero!

En fin, que les digo que más vale olvidarse de belleza, dinero y poder! Más vale la gracia que se nos regala para hacer bien nuestros pequeños trabajos; caminar alegres y a pequeños pasos por el “nuevo pequeño camino” que conduce al cielo “confidentes hasta la audacia” de la bondad del Padre.

“Pequeño nuevo camino” que resulta ser el mismo seguido por Teresita que camina enamorada tras los pasos de nuestro amado Jesús.

“Pequeño nuevo camino” que, por gracia, se ve más claro cuando sale el sol! 

“La Santidad no está en esta o aquella práctica, sino que consiste en una disposición del corazón que nos vuelve humildes y pequeños en los brazos del Buen Dios, conscientes de nuestra debilidad y confidentes hasta la audacia en su bondad de Padre”

Teresita