Yo llevé el palio a Franco
Pues sí. En la foto estoy. Llevando el palio, el segundo por la izquierda. Con gafas y buen pelo. Y no lo cuento ni como mérito ni como demérito. Franco acudía al monasterio del Escorial todos los 28 de febrero al solemnísimo funeral por los reyes de España. Además, cada dos años años, en mayo, al capítulo de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo. El generalísimo tenía el privilegio de entrar bajo palio y alguien tenía que llevarlo. Sin mayor problema. Solíamos ser los más jóvenes y si bien es verdad que pudiera haber alguna reticencia muy llevadera, no recuerdo especial oposición. Se hacía y punto. Era cosa de saber estar.
Murió Franco. El funeral por los reyes de España se celebró aún algunos años en la capilla del palacio real de Madrid y recuerdo la presencia de su majestad el rey Juan Carlos en algún acto en el monasterio del Escorial. Siempre acompañado por la comunidad con la que, recuerdo, comió en alguna ocasión siendo aún príncipe de España. Curiosidades. Pidió que la comida transcurriese como era normal en el monasterio y, en consecuencia, hubo un rato de lectura espiritual al principio, como era costumbre, que le tocó hacer, por cierto, a este servidor de ustedes.

Si dijera que el titular me ha sorprendido, estaría mintiendo. Aquí lo único que sorprende es que alguien se atreva a proclamar la fe de la Iglesia y recuerde sus implicaciones morales. Es que esta mañana he podido leer la noticia en Infocatólica, en portada estaba, según la cual el cardenal Hollerich, arzobispo de Luxemburgo y presidente del episcopado europeo (COMECE), aboga por bendecir parejas homosexuales y por un evangelio sin normas ni prohibiciones.
Ella lo resume en un coloquial “se cabrea” si se trata de palabras o un “ponerse en jarras” si mejor nos dedicamos a los gestos. Ya le digo que eso hoy se puede llamar “empoderarse”. Su respuesta: pues lo mismo un día de estos me empodero, o nos empoderamos Joaquina, María y servidora y así, empoderadas del todo, nos metemos en el despacho de nuestro cura y sea lo que Dios quiera.
Me da la gana de enviar desde aquí un fortísimo abrazo a D. José Luis Aberasturi, mi colega de blog en Infocatólica, que lleva sin escribir desde el día 12 del pasado agosto por prohibición expresa para hacerlo.
Reuniones, encuentros, congresos, charlas, simposios, círculos, tertulias, conferencias, asambleas… ¿Quién de nosotros no recibe invitaciones o se encuentra en la necesidad de asistir a unas cuántas de estas iniciativas?





