El cortijo del señor cura

Ayer hemos tenido visita “oficial” en La Serna y Piñuécar. Acudió doña Marta Rivera de la Cruz, consejera de Cultura, Turismo y Deporte de la Comunidad de Madrid y, entre otras cosas, quiso conocer los templos parroquiales que, en el caso de La Serna, pude mostrarle personalmente.
Y ahí surgió, una vez más, la posibilidad de la declaración de Bienes de Interés Cultural (BIC) de algunos de nuestros templos. La consejera avisaba de las restricciones que supone para los templos, ya que cualquier actuación debe contar con los preceptivos informes de la Comunidad de Madrid. Le dije: por eso me parece fundamental la declaración, porque conozco a mis colegas y lo mismo te encuentras sacerdotes cuidadosos y respetuosos con sus templos que curas terroristas que se piensan que el templo es su cortijo y hacen y deshacen sin más ley que su capricho ni más criterios que el de sus personales manías.

La señora Juana, de La Serna, es especial. Cuando llegué a estos pueblos le pregunté por la asistencia a misa:
Hay que estar ciego para no ver la tristísima realidad de la Iglesia católica hoy. Lo de los números es solo la consecuencia de la descomposición interna. Conventos que se cierran cada día, vocaciones en caída libre, práctica sacramental bajo mínimos, audiencias papales con vacíos sangrantes. Estas son las consecuencias. ¿Qué ha pasado? ¿Qué está pasando?
Servidor mismo. Ayer sin ir más lejos.
Ya saben que servidor es muy suyo, o muy mío, y que tiene su forma de administrar el blog. Atentos que no digo que sea una forma buena o mala. Es mía. Simplemente mía.