Trolas post conciliares
A lo tonto, a lo tonto… comenzamos unas sencillísimas clases de formación cuando nos encerraron los políticos en casa y muchos obispos clausuraron los templos.
Las clases de formación se iniciaron con el compendio del catecismo y después están transcurriendo con los documentos del Concilio Vaticano II. Comenzamos hincando el diente a la liturgia: Sacrosanctum concilium, Missale romanum y Redemptionis Sacramentum. Oigan, ojipláticos. Los pelos como escarpias. Un oh que no se les caía del asombro charla tras charla. El comentario más común: “nos estamos dando cuenta de que el Vaticano II es un concilio muy preconciliar". Claro. Porque llevamos años y años sin leer los documentos y sin escuchar más que esas bobadas del espíritu del concilio que nadie sabe de dónde han salido, pero que a ver quién se atreve a contradecir a los grandes gurús del pensamiento progresista, generalmente blindados, consentidos y mimados por sus obispos respectivos.

Ya saben, y si no se lo digo ahora, que servidor calebra de vez en cuando “ad orientem". Con el misal de Pablo VI, en español, pero “ad orientem". Cuando cuento estas cosas, siempre hay alguien que me pregunta por eso, que dicen tan superado, de qué opina la gente. Pues ahí voy.
Quería preguntarles su experiencia a curas y laicos. Hace ya años y años que se ha convertido en algo habitual que en muchas parroquias, ante la ausencia de sacerdotes, las celebraciones dominicales estén a cargo de laicos o religiosas que garanticen al menos, cada domingo, la Palabra y la posibilidad de recibir la comunión.
Ayer lo anuncié en los tres pueblos. Pasado mañana es miércoles de ceniza y tendremos misa con imposición de ceniza a las 17 h. en La Serna, a las 18 h. en Piñuécar y a las 19 h. en Braojos. ¿Y acudirá gente? No lo sé. Mi obligación es celebrar y que vayan o no ya no es cosa mía. Yo doy la oportunidad.