Pues yo te digo que lo que Cristo haría...
Me parece una frase que denota más que una enorme soberbia, una solemne estupidez. Tratar de solucionar una cuestión o aclarar sus términos apelando a lo que Jesucristo hubiera dicho o hecho se convierte en una mezcla de incultura, vagancia, prepotencia y falta del sentido del ridículo. Hay que estar muy sobrado para saber exactamente lo que Cristo diría, haría, condenaría o recibiría con aplausos en cada momento existencial.
Además es que volveríamos a lo de siempre. Imaginemos situaciones diversas de hoy mismo. Por ejemplo el problema de los lefevrianos, las religiosas “rebeldes” de USA, el sedevacantismo, el aborto, la familia, la crisis económica… ¿Es necesario seguir? Me apuesto un duro de los de antes que a cinco que pregunte, cinco respuestas diferentes a lo que Cristo haría. ¿Quién tiene la razón? Pues el que diga la Iglesia. Vamos, que lo de toda la vida.
No obstante sí creo que es bueno tener alguna referencia más cercana. Yo la he encontrado hace mucho tiempo en la beata Teresa de Calcuta, en la que se reúnen las mejores condiciones: servidora de los pobres y fidelísima a la iglesia. Tanto, que ya ha sido proclamada beata.

¡Cuán denostada ha sido en los pasados años la religiosidad popular! Lo que se nos había enseñado es que vaya religiosidad, que va un día a la procesión, a la novena o a la fiesta del santo patrón y hasta el año que viene sin pisar una iglesia. No es fácil de explicar. Gente que no tiene relación con la vida ordinaria de la iglesia pero que acude generosamente llena de fe al encuentro con el Señor, con la Virgen, con los santos. ¿Tiene esto sentido, nos hemos preguntado mil veces?
Nota previa: Esta entrada fue publicada en mi blog
Mucho había oído hablar de Medugorje. Tengo amigos que acuden allá con cierta frecuencia y algún compañero sacerdote también me había contado cosas. También he leído artículos varios y me he dado alguna vuelta por la página web. Por eso me hacía ilusión pasar por el lugar. Sé que es poco tiempo, apenas un día, pero quisiera transmitiros la misma reflexión que hice a la gente que me acompañaba al final de la tarde mientras tomábamos unos refrescos.
Sor María Luz tuvo que pedir permiso con poco más de cuarenta años para vivir fuera del convento y atender a sus ancianos padres muy limitados por la enfermedad. Más de veinte años en el pueblo, durante los cuales pudo hacer de todo: profesora de religión, catequista, colaboradora de la parroquia, clases particulares a niños con problemas. Lo mismo dirigía el coro parroquial que visitaba enfermos.





