No me fue concedido ese carisma
Qué se le va a hacer. Dios reparte sus dones como quiere y a quien quiere, y un servidor no ha recibido el de conocer la mente de Dios, su voluntad y mucho menos el de adivinar sus respuestas, acciones y deseos ante los acontecimientos diarios de nuestro mundo. Hay gente que sí, y benditos ellos que pueden vivir y ejercer su ministerio pastoral en su caso con la tranquilidad de quien ha recibido tan excelso carisma o la posibilidad de la comunicación directa con el Padre y con Nuestro Señor Jesucristo a través de especial teléfono dorado con politono de “Alabaré, alabaré…” que puede intercambiarse con el de “No has nacido amigo para estar triste”. Suerte de algunos, insisto.

Antes de leer el post seguro que ya hay espabilados que me achacan el pedir que vuelva la inquisición. No es el caso. La pregunta que me hago es que si en la Iglesia existen las sanciones y exactamente para qué y si se aplican.
Mi principal duda en este momento es si la gente realmente se está volviendo tonta, si se creen que los tontos somos los demás, o si el que se está volviendo rematadamente gilipichis es un servidor.
Ni molesto, ni enfadado, ni deprimido. Tampoco eufórico ni como un envío de castañuelas. Más bien diría que en estado de shock. Dicen que los cumpleaños son especialmente significativos cuando se cambia de década, y eso es lo que me está pasando en esta mañana.





