Negar la absolución POR PURA MISERICORDIA
Tener que negar la absolución es de las cosas más terribles que le pueden pasar a un sacerdote. Pero hay veces que no queda más remedio que hacerlo, Y POR PURA MISERICORDIA. No es que sea algo de todos los días, pero si el ministro de la reconciliación observa que faltan elementos esenciales en la confesión, especialmente el arrepentimiento y un firme propósito de la enmienda, es su obligación. Insisto: POR PURA MISERICORDIA.
Llevaba un servidor poco tiempo de sacerdote, estaba en los primeros años de ejercicio del ministerio. Una persona se acercó al confesionario acusándose de estar manteniendo relaciones íntimas de manera habitual con alguien que tenía un vínculo matrimonial con otra persona. Hablamos de algo habitual, no puntual. La única posibilidad de absolución es el compromiso de romper la situación de manera clara. Tristemente me dijo: padre, no voy a romper la relación. Mi respuesta: en estas condiciones la absolución se hace imposible. POR PURA MISERICORDIA.

Hace poco me han pasado la noticia de unos gravísimos desmanes en un templo cristiano nada menos que en la localidad sueca de Kristianstad. Según el diario local
La Iglesia en general, y Cáritas en particular, tenemos un serio problema de marketing que nos hace incapaces de hacer llegar a la gente las cosas buenas que se hacen cada día, mientras saltan a la opinión pública todo tipo de desastres.
Uno de los favores que podrían hacernos los obispos al pueblo de Dios sería el de ponerse de acuerdo entre ellos en cosas que al pueblo de Dios le importan, y en caso contrario que se molesten en consultar donde sea necesario para evitar el penoso espectáculo de que cada cual diga lo que le dé la gana y nos manden mensajes del todo contradictorios. Tanta conferencia episcopal, tanta sinodalidad, tanta reunión para que cada uno acabe diciendo lo que se le ponga en su particular solideo.
A Socio, mi perro, el sábado pasado le tocó peluquería, y quedó tan guapete que no me resistí y coloqué una foto suya en Facebook. La verdad es que se originaron unos cuantos comentarios divertidos, amables, incluyendo por cierto fotos de otras mascotas. La única discrepancia fue un mensaje donde se me reprochaba gastarme dinero en una peluquería para perros cuando hay tantos pobres muriéndose de hambre por el mundo y que menos perros y más caridad. Claro, y menos ordenador, menos Facebook y más dedicar tiempo y dinero los pobres. Pero hombre, ¿cómo alguien me va a reprochar que tenga un perro a mi lado cuando conocemos a tantos santos que han tenido perro?