Sobre la movida de Friol, en Lugo, y demás
Me preguntan, que hay que ver cómo son mis lectores, por la “movida” de las parroquias de Friol y otras en la diócesis de Lugo. Un conflicto que lleva meses encendido y que básicamente consiste en que el párroco de esos pueblos fue trasladado de parroquia y que los vecinos, descontentos, llevan meses manifestándose y acudiendo a todas partes para que “su” cura regrese a las anteriores parroquias.
Para empezar, diré que el hecho me parece triste y del todo extraordinario. Extraordinario porque constantemente se producen en la Iglesia traslados de sacerdotes de un destino a otro y salvo rarísimas excepciones, como esta que nos ocupa, sin problema alguno. El sacerdote acepta su nuevo destino, con mayor o menor agrado, y los fieles aceptan los cambios como algo natural, unos más contentos que otros, que nadie es del gusto de todos.

Cada semana ofrecemos a los fieles una hojita litúrgica en las celebraciones dominicales. En ella pueden encontrar las lecturas bíblicas del domingo, los cantos para la celebración, una pequeña reflexión de un servidor y las noticias más destacadas de la semana.
Tan raras, pero tanto, que hasta me ha dicho un pajarito -noticia aún por confirmar- que incluso pudiera ser que creyeran en Dios. Tan raras, pero tan raras, que todos los días rezan juntas una barbaridad de cosas: Laudes cantadas, Eucaristía, Oración, Nona, Oficio de lectura, Vísperas cantadas, y hasta exposición del Santísimo todo el día.
Sale la cosa de cuando en cuando entre curas y laicos, y no es para nada sencilla la solución. Lo cierto es que los curas cambiamos de parroquia y no está de más plantearse si podría haber un tiempo más o menos razonable tras el cual el sacerdote deje su parroquia anterior y marche a un nuevo destino pastoral. Evidentemente quien decide cambios, nombramientos, ceses, remociones y traslados es el obispo. Yo me limito a decir cómo lo veo.





