Un cardenal a cada lado
Hematoma, quiero decir, para que nadie se llame a engaño, que aquí los hay que a la primera quieren ver lo que no hay y sacar conclusiones jamás pensadas.
Pues eso, que me están saliendo dos hematomas, uno al costado derecho y otro al izquierdo, consecuencia de los codazos de los compañeros que, ante cualquier noticia, comentario, barrunto o posibilidad, me sueltan el codazo en salva sea la parte, el ijar más próximo, mientras me hacen la archiconocida sugerencia de “podías escribir algo de esto”.

Como jugada, y como publicidad, hay que reconocer que a Hazteoir lo del autobús le ha salido de lujo. Televisiones, radio, prensa, foros, redes sociales. Para bien, y sobre todo para mal, lo del bus ha sido un exitazo.
Siempre he dicho que los mayores conflictos parroquiales nunca vienen ni por temas de dogmática, ni mucho menos de moral. Hoy nadie discute con su vecino o con su párroco por la conveniencia o no de proclamar a María corredentora, ni se va a hacer problema de si tal cosa es pecado o no. Hemos llegado a un estatus de cómodo relativismo según el cual cada uno es cada uno y tiene, piensa y vive sus peculiares cadaunadas.
Creo que uno de los varios encontronazos que en alguna ocasión tuve con monseñor Agrelo fue cuando en una de sus infinitas llamadas a derribar todo tipo de fronteras le pregunté que si tenía llave en su casa, porque uno entiende que la puerta y la cerradura son la frontera de cada cual, y que cada cual abre y cierra su casa a quien le parece oportuno, y que si eso hacemos en casa, con más razón en las fronteras de las naciones.
Desde que llegó a la parroquia la nueva edición del misal romano, allá por diciembre, he de decir que lo he venido leyendo y hojeando con mucha frecuencia para conocer esta edición, familiarizarme con los textos y repasar las rúbricas.





