Me estoy reconvirtiendo en teólogo de la liberación
Sí. Teólogo de la liberación, defensor de los oprimidos por los sistemas políticos injustos, cantor de la democracia y la libertad, adalid de la toleranca y defensor de las causas perdidas de la justicia, la convivencia, el respeto y la fraternidad.
Teólogo de la liberación con la opción no contaminante. Es decir, que mi grito de libertad no necesita que me haga catorce horas de avión y tres de canoa a motor. Tampoco congresos multitudinarios ni comisiones pro derechos humanos, tan torcidos generalmente. Servidor, teólogo de la liberación por lo pobre, sin más contaminante que el coche de pueblo en pueblo, un poquito de coltán en el móvil, un ordenador y leña cortada a la antigua para calentar mi casa, que para nada necesito combustibles fósiles.

En la cosa de los difuntos cada pueblo tiene sus costumbres. Ni mejores ni peores. Las suyas.
Porque el aclarador que lo aclare buen aclarador será.
Ceder al chantaje siempre fue un error. El que una vez lo aceptó, queda marcado para siempre. El chantajista ha descubierto que tiene el poder y desde ese momento hará lo que quiera con el chantajeado. Que no nos pase en la Iglesia, por favor. Porque nos podría pasar. A todos los niveles.
De crío aprendí eso de las nueve partes de la oración, eso de artículo, nombre, adjetivo, pronombre… Y dentro de los adjetivos, una clase que eran los adjetivos calificativos. No me enseñaron otra: los adjetivos descalificativos, de los que cada vez escucho y leo más, particularmente en el campo de la desinformación religiosa.





