No están siendo días fáciles
Para nada. Más de un mes encerrados en casa. Quinta semana de confinamiento para prevenir contagios y colaborar con el fin de la pandemia. Nuestros templos, cerrados. Hemos visto que los pequeños amagos de apertura han sido frustrados diligentemente por las fuerzas del orden. Lo de Granada ha sido solo un ejemplo entre muchos casos.
La gente de mis pueblos está aterrorizada y eso que apenas hay algún caso muy aislado. Hay que entender que son población mayor y el miedo es libre. Mantenemos contacto por teléfono y redes sociales y parece que están bien, aunque no dejan de pedirme que no salga, “que usted es población de riesgo”. Y es cierto.

Ya saben. Todo inútil necesita una cortina de humo para ocultar sus miserias. La gestión de la epidemia de coronavirus en España es manifiestamente mejorable. Nadie se explica cómo España ostenta el terrible record del número de muertos por cien mil habitantes.
Me ha tocado las narices el desalojo de la catedral de Granada este pasado viernes santo. Estamos de acuerdo en la existencia de una situación sanitaria límite que requiere la colaboración de todos. El
Ayer noche Francisco José Fernández de la Cigoña nos contaba en
No necesitó más Judas para entregarlo. Apenas treinta monedas de plata que ardieron en sus manos, su corazón y su conciencia. Treinta monedas de plata que no pudo soportar y que acabaron arrancándole la vida. Resultó barata la traición.