Mecachis en el consenso
Hay palabras que se convierten en mantras. Es como si alguien de repente hubiese regalado sobres con media docena de ellas y pobre de ti si no las utilizas a diestro y, sobre todo, siniestro. Por ejemplo, consenso, diálogo, crispación, entendimiento, unión, fraternidad, comunión. Da igual políticos que eclesiásticos. Todos con el mismo sobre en la mano y en el cerebro.
Creo que apostar sin más por el consenso y el entendimiento no es más que dejación de funciones, cobardía y ganas de no complicarnos la vida.
Nosotros, los católicos, no estamos para llevarnos bien, tender puentes de diálogo como sea, suavizar conflictos o evitar confrontaciones. El que así piense hace tiempo que no ha repasado las Escrituras, aunque solo sea el evangelio, que si algo recuerda constantemente es que la Verdad supone conflicto, lucha, rupturas incluso familiares y la persecución hasta el martirio.

Un cachondeo. Con todas las letras.
A estas alturas de la película ya saben mis lectores de qué pie cojea uno, y tienen claro que una de mis manías, acepto que se tome así, es luchar para que en todas las campañas y acciones de la Iglesia quede claro que son de la Iglesia. Ya está bien de años de renuncia vergonzosa y vergonzante de nuestra propia identidad.
Con el paso del tiempo perdemos las buenas costumbres. Hace poco tuve la oportunidad de encontrarme con algunos lectores del blog y hete aquí que no sabían que este blog es de pago. Inocentes de ellos que se pensaban que todo se hace gratis et amore.
Desde este pasado domingo hasta hoy mismo ha estado en la casa parroquial de Braojos un grupo de seminaristas de tercer año del seminario conciliar de Madrid. Lo he agradecido mucho, porque para un sacerdote que va cumpliendo años es una gozada compartir con estos hermanos jóvenes un tiempo en estos días.