La silenciosa libertad de expresión
Me da la gana de enviar desde aquí un fortísimo abrazo a D. José Luis Aberasturi, mi colega de blog en Infocatólica, que lleva sin escribir desde el día 12 del pasado agosto por prohibición expresa para hacerlo.
Sorprendente. Muy sorprendente porque se supone que vivimos en la Iglesia de la sinodalidad, la escucha de todos, la libertad de expresión, la necesidad de conocer la opinión de todos incluyendo la de creyentes de otras religiones y no creyentes.
Vivimos, nos dicen constantemente, en la Iglesia de la misericordia, la acogida, el respeto, la tolerancia, la convivencia de todos. Una Iglesia que quiere alejarse del dogmatismo, que desea ser madre cariñosa, que valora las aportaciones de todos los seres humanos y nos pide implicarnos en este amplísimo diálogo libre, fraterno, transparente y constructivo que quiere ser el sínodo.

Reuniones, encuentros, congresos, charlas, simposios, círculos, tertulias, conferencias, asambleas… ¿Quién de nosotros no recibe invitaciones o se encuentra en la necesidad de asistir a unas cuántas de estas iniciativas?
O casi todos, que tampoco hay por qué exagerar, pero en esta ocasión creo que la unanimidad es grande, y, desde luego, un servidor no puede estar más de acuerdo.
A ver, que una cosa es que uno se tome unos días de descanso blogero, y otra que haya caido en el desánimo, la apatía, el hartazgo y hasta la acedia. No va por ahí.





