18.10.07

Tres cardenales españoles más, dos de ellos electores

Lo primero de todo quiero felicitar al arzobispo de Barcelona, Monseñor Lluis Martínez Sistach, al arzobispo de Valencia, Monseñor Agustín García-Gasco y al padre Urbano Navarrete, sj, por haber sido elegidos para ser creados cardenales de nuestra Iglesia por Su Santidad el Papa Benedicto XVI. Los dos primeros serán además cardenales electores, aunque esperamos que no tengan que ejercer de tales en muchos años.

A la hora de analizar las implicaciones de estos nombramientos, se puede caer en simplifiaciones facilonas. Por ejemplo, de Monseñor Sistach hay quien dice que recibe el capelo por ser arzobispo de una sede que difícilmente dejará de recibir el capelo de ahora en adelante. De Monseñor García-Gasco se asegura que le llega el capelo como premio por el éxito del V Encuentro Mundial de las Familias, que se celebró en Valencia en julio del año pasado. Puede que sea así, puede que no. Da lo mismo. Lo cierto es que el Papa demuestra confiar en ambos. Y ambos seguirán siendo cardenales cuando hayan dejado el gobierno de sus respectivas diócesis, algo que ocurrirá a no tardar mucho en el caso de don Agustín y quién sabe si también prontamente con don Lluis en caso de que el Papa decida elegirle para presidir algún dicasterio romano.

Con todo, es indudable que repercusión de los nombramientos son distintas para Valencia y Barcelona.

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17.10.07

Otra reflexión sobre el comunicado de los obispos andaluces y la EpC

La realidad es que aquellos que quieren transformar la sociedad tomando el control de la educación de nuestros hijos, ya saben que la oposición de la jerarquía católica española no va más allá de oponerse en los documentos y las declaraciones públicas, pero sin el valor de usar todos los métodos que la propia doctrina de la Iglesia sanciona para plantar cara, de forma pacífica y ordenada, a la vez que firme y contundente, a un mal cuyas consecuencias ya sabemos.

La postura de los obispos andaluces es exactamente la misma que la de la Fere. Los padres católicos se tendrán que enfrentar a esto solos. Son ellos los que tienen que dar esta batalla. Los obispos y los religiosos se quedan mirando desde la barrera, no pasando de concederles graciosamente una sonrisa condescendiente los primeros, y de presionarles para que no ejerzan sus derechos los segundos.

Sería la hora de que los padres cristianos les dieran una lección a esos obispos y esos religiosos, objetando masivamente. Mas no lo harán. La cobardía es contagiosa y el desconocimiento grande. Sólo una minoría dentro de lo que ya es una minoría -los católicos practicantes-, hará lo que tiene que hacer. De hecho ya lo está haciendo. Pero a esa minoría se la considerará como un reducto fundamentalista, como un grupo extremista al que se puede aplastar fácilmente desde el poder del Estado y de unos medios de comunicación convenientemente preparados para hacer su labor de desprestigo contra los que resisten.

Puedo parecer exagerado en el análisis de lo que está ocurriendo. Se me dirá que al fin y al cabo la EpC no es para tanto. Que debemos respetar la voluntad democrática expresada en las leyes que emanan de un parlamento donde están nuestros representantes. Que no podemos arriesgarnos a perder el concierto o incluso la licencia para ejercer la docencia en los centros católicos. Pero así, paso atrás tras paso atrás, irán imponiéndonos su modelo de sociedad con la fuerza de la ley. Y poco a poco, desde amplios sectores de la Iglesia se irá justificando nuestra rendición con la excusa de que tenemos que respetar la ley. Como si el mal fuera digno de respeto por el simple hecho de ser impuesto legalmente.

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Hubo obispos mártires el siglo pasado y hay obispos como los de Andalucía

En este país hubo el siglo pasado una serie de obispos que, junto con miles de sacerdotes, religiosos y laicos, dieron su vida por Cristo cuando fueron perseguidos por los antecesores de los que hoy quieren hacer una ley de memoria histórica en favor del régimen que llevó a aquellos al martirio. En una región al sur de este mismo país hay hoy unos obispos que piensan obedecer una ley que, según dicen ellos, consideran una agresión contra el derecho de los padres a elegir el tipo de educación en valores para sus hijos.

Es decir, hubo obispos a los que el oponerse al mal les costó derramar su sangre y los hay que piensan que la ley puede imponerles colaborar con el mal. Es decir, hubo obispos mártires o confesores y los hay que firmarían hoy el decreto del César para sacrificar a los dioses ya que…. "por exigencia jurídica, además de la declaración oficial de la Vice-consejería de Educación de la Junta de Andalucía (30 de agosto de 2007), de impartir dicha materia, han de desarrollar su programa de conformidad con el Ideario del Centro". Pues menos mal que la exigencia jurídica no llega a exigir la apostasía, señores míos. Eso sí, luego tienen el valor de animar a los padres a actuar en conciencia. O sea, si alguien tiene que jugarse el pescuezo, que sean los padres que para esos los afectados son sus hijos. Ustedes, muy reverendísimos y excelentísimos, no se van a jugar nada y no van a permitir que sus centros corran peligro alguno. Faltaría más.

Menos mal que el donatismo está en horas bajas, señores. De lo contrario, algunos lo pasarían mal.

Luis Fernando Pérez Bustamante

16.10.07

Magnífica carta de Miró i Ardèvol a Hilari Raguer

He estado unos días pensando si me merecía la pena escribir un post sobre ese sujeto que, para mayor desgracia de la Iglesia e ingnominosia vergüenza de la orden benedictina, pasa su vergonzante vida en Montserrat formando parte de los que, como dice la epístola de Judas “… son deshonra de vuestros ágapes; banquetean con vosotros sin vergüenza, apacentándose a sí mismos; son nubes sin agua, arrastradas por los vientos; árboles tardíos sin fruto, dos veces muertos, desarraigados; fieras ondas de la mar, que espuman sus mismas abominaciones; estrellas erráticas…” Pero como me conozco bien y sé que habría acabado diciendo de él lo mismo que Cristo dijo a sus interlocutores en Juan 8:41, preferí guardar silencio. Y me alegro de ello pues don Josép Miró Ardevol, al que por cierto quiero felicitar por el Premio Bravo que ha recibido “su” Forum Libertas, le ha escrito una carta que es a su vez comedida y contundente. Una carta que pone en su sitio a ese Judas traidor, justificador de los argumentos de quienes asesinaron a nuestros mártires el siglo pasado, sin necesidad de adjudicarle los epítetos que yo le habría adjudicado… y que de hecho le estoy adjudicando ahora mismo. Copio acá la carta de don Josep:

Carta remitida al Hermano Hilari Raguer

Hermano Hilari Raguer

He leído su entrevista en La Contra de La Vanguardia y quiero manifestarle mi repulsa. Usted es el mejor exponente de lo que critica.

Judicializa desde su personal ideología la realidad, supedita el magisterio de la Iglesia a su particular visión en un ejercicio público de orgullo. Habla sin el amor y el sentimiento del perdón que exige a los demás, y no tiene el más elemental sentido de la prudencia, la virtud central, a la hora de manifestarse sobre la Iglesia.

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15.10.07

La mayoría silenciosa

Aunque el titular ha sido otro, lo que más me ha llamado la atención de la entrevista que José Manuel Vidal ha hecho a Julio Lois (recomiendo que se escuche al audio) es la teoría de la existencia de una mayoría silenciosa de fieles que no están nada conformes con el magisterio. Malicioso como soy, he llegado a pensar que ante la obvia falta de apoyos visibles -son pocos y ya entrados en años- a una eclesialidad alejada de los caminos de la ortodoxia, los impulsores de la misma se consuelan con la idea de que muchos piensan como ellos pero no lo dicen. Pero concedamos que tienen razón. Supongamos que son una legión los bautizados que desean que la Iglesia vuelva a la situación que se dio tras el Conclio Vaticano II, antes de que llegara lo que Vidal y Lois llaman "los temores de Pablo VI". O, en mis palabras, desean que se vuelva a la situación que se dio antes de que el Obispo de Roma se diera cuenta de que había una considerablemente densa humareda satánica en la Iglesia. Cosa que ciertamente debió de darle mucho miedo. A mí me habría dado pánico, aun sabiendo aquello de que las puertas del Hades no prevalecerán.

El padre Lois admite que el freno que desde Roma se puso a lo que él considera avances post-conciliares, y que vivió en primera persona, venía dado por la sincera preocupación de la jerarquía de "lograr mantener la identidad de la fe" Identidad que se veía amenazada, según el entender de dicha jerarquía, precisamente por la marea post-conciliar. Ese freno supuso el principio de un desencuentro vital entre el magisterio y esa parte de la Iglesia que estaba protagonizando dicha marea, que para Roma llevaba camino de convertirse en un tsunami destructor.

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