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15.05.17

El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama

Evangelio del lunes de la quinta semana de Pascua

El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama. Y el que me ama será amado por mi Padre, y yo le amaré y yo mismo me manifestaré a él.
Judas, no el Iscariote, le dijo: -Señor, ¿y qué ha pasado para que tú te vayas a manifestar a nosotros y no al mundo?
Jesús le respondió: -Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él y haremos morada en él. El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que escucháis no es mía sino del Padre que me ha enviado. Os he hablado de todo esto estando con vosotros; pero el Paráclito, el Espíritu Santo que el Padre enviará en mi nombre, Él os enseñará todo y os recordará todas las cosas que os he dicho.
Jn 14,21-26

No es cosa buena ser engañado ni engañarse a uno mismo. Quien separa el amor al Señor del cumplimiento de sus mandamientos engaña a otros y se autoengaña. 

Cristo deja las cosas muy claras. El que le ama, guarda su palabra. Quien no la guarda, no le ama. Y para que nadie pudiera alegar ignorancia, el Espíritu Santo se encarga de recordar lo que Cristo ha dicho. 

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27.04.17

Estaban maltratadas y abatidas "como ovejas que no tienen pastor"

Evangelio del jueves de la segunda semana de Pascua:

Jesús recorría todas las ciudades y aldeas enseñando en sus sinagogas, predicando el Evangelio del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias. Al ver a las multitudes se llenó de compasión por ellas, porque estaban maltratadas y abatidas “como ovejas que no tienen pastor”
Entonces les dijo a sus discípulos: -La mies es mucha, pero los obreros pocos. Rogad, por tanto, al señor de la mies que envíe obreros a su mies.
Mt 9,35-38

Cristo se compadece del pueblo que está siendo maltratado por la ausencia de buenos pastores.. y probablemente también por la presencia de pastores necios e indignos. El pueblo de Israel, en teoría, lo tenía todo. Tenía la ley y los profetas. Tenía las promesas. Tenía el antiguo pacto. Y sin embargo, estaban como ovejas sin pastor. Nada diferente de lo que puede ocurrir, si es que no ocurre ya en mayor o menor medida, con la Iglesia.

En la primera lectura de hoy vemos cuál han de ser algunas de las características del buen pastor cristiano:

Ten por norma las palabras sanas que me escuchaste con la fe y la caridad que tenemos en Cristo Jesús. Guarda el buen depósito por medio del Espíritu Santo que habita en nosotros.
Tú, pues, hijo mío, hazte fuerte con la gracia de Cristo Jesús, y lo que me has escuchado, garantizado por muchos testigos, confíalo a hombres fieles que, a su vez, sean capaces de enseñar a otros. Comparte conmigo el sufrimiento como un noble soldado de Cristo Jesús.
2 Tim 1,13-14; 2, 1-3

Es esencial que el pastor cristiano dé al pueblo de Dios sana doctrina, que guarde el depósito de la fe. No necesitamos destructores de la tradición que hemos heredado. No necesitamos inventores de nuevas doctrinas. No necesitamos alimento adulterado por el veneno de la herejía.

Debemos pedir al Señor que envíe obreros a la mies. Obreros fieles. Obreros santos. Obreros que por gracia trabajen para el Reino de Dios y no como quinta columna de Satanás en la Iglesia.

No permitas, Señor, que nos arrebaten la fe que por pura gracia nos has regalado. Arranca de cuajo de tu Iglesia a quienes quieren llevarnos por caminos de perdición.

Luis Fernando

11.04.17

No cantará el gallo sin que me hayas negado tres veces

Evangelio del Martes Santo:

Cuando dijo esto Jesús se conmovió en su espíritu, y declaró: -En verdad, en verdad os digo que uno de vosotros me va a entregar.
Los discípulos se miraban unos a otros sin saber a quién se refería. Estaba recostado en el pecho de Jesús uno de los discípulos, el que Jesús amaba. Simón Pedro le hizo señas y le dijo: -Pregúntale quién es ése del que habla.
Él, que estaba recostado sobre el pecho de Jesús, le dice: -Señor, ¿quién es?
Jesús le responde: -Es aquel a quien dé el bocado que voy a mojar. Y después de mojar el bocado, se lo da a Judas, hijo de Simón Iscariote.
Entonces, tras el bocado, entró en él Satanás.
Y Jesús le dijo: -Lo que vas a hacer, hazlo pronto.
Pero ninguno de los que estaban a la mesa entendió con qué fin le dijo esto, pues algunos pensaban que, como Judas tenía la bolsa, Jesús le decía: «Compra lo que necesitamos para la fiesta», o «da algo a los pobres».
Aquél, después de tomar el bocado, salió enseguida. Era de noche.
Cuando salió, dijo Jesús: -Ahora es glorificado el Hijo del Hombre y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios le glorificará a él en sí mismo; y pronto le glorificará. Hijos, todavía estoy un poco con vosotros. Me buscaréis y como les dije a los judíos: «Adonde yo voy, vosotros no podéis venir», lo mismo os digo ahora a vosotros.

Le dijo Simón Pedro: -Señor, ¿adónde vas? Jesús respondió: -Adonde yo voy, tú no puedes seguirme ahora, me seguirás más tarde. 
Pedro le dijo: -Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por ti. 
Respondió Jesús: -¿Tú darás la vida por mí? En verdad, en verdad te digo que no cantará el gallo sin que me hayas negado tres veces.
Jn 13,21-33.36-38

Le había seguido como el resto de los apóstoles. Había visto sus milagros y escuchado sus palabras. Pero el corazón de Judas Iscariote estaba en tinieblas.

Mas no solo él habría de traicionar a su Señor. El impulsivo, valiente, atrevido y muy seguro de sí mismo Pedro, iba a negar también a Cristo. El que parecía un zelote dispuesto a defender la vida de su Maestro espada en mano se comportaría como un cobarde poco después.

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9.04.17

Se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz

Segunda lectura del Domingo de Ramos

Jesucristo, siendo de condición divina, no consideró como presa codiciable el ser igual a Dios, sino que se anonadó a sí mismo tomando la forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y, mostrándose igual que los demás hombres, se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.
Y por eso Dios lo exaltó y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre; para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese: «¡Jesucristo es el Señor!», para gloria de Dios Padre.
Fil 2,6-11

Este domingo es el pórtico de la Semana Santa, en la que conmemoramos la muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Es vital que entendamos la dimensión de lo acontecido hace veinte siglos. El Hijo de Dios, divino como el Padre y el Espíritu Santo, se hizo hombre, encarnándose de María la Virgen. Siendo Dios, quiso ser como nosotros para que pudiéramos participar de su naturaleza divina (2ª Ped 1,4).

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6.04.17

¿Por quién te tienes tú?

Evangelio del jueves de la quinta Semana de Cuaresma:

En verdad, en verdad os digo: si alguno guarda mi palabra jamás verá la muerte.
Los judíos le dijeron: -Ahora sabemos que estás endemoniado. Abrahán murió y también los profetas, y tú dices: «Si alguno guarda mi palabra, jamás experimentará la muerte». ¿Es que tú eres más que nuestro padre Abrahán, que murió? También los profetas murieron. ¿Por quién te tienes tú?
Jesús respondió: -Si yo me glorifico a mí mismo, mi gloria nada vale. Mi Padre es el que me glorifica, el que decís que es vuestro Dios, y no le conocéis; yo, sin embargo, le conozco. Y si dijera que no le conozco mentiría como vosotros, pero le conozco y guardo su palabra. Abrahán, vuestro padre, se llenó de alegría porque iba a ver mi día; lo vio y se alegró.
Los judíos le dijeron: -¿Aún no tienes cincuenta años y has visto a Abrahán?
Jesús les dijo: -En verdad, en verdad os digo: antes de que Abrahán naciese, yo soy.
Entonces recogieron piedras para tirárselas; pero Jesús se escondió y salió del Templo.
Jn 8,51-59

Nueva declaración de Cristo sobre su divinidad. “…antes de que naciera Abrahán, Yo soy". Jesús es el Yo soy que sacó a Israel de la esclavitud en Egipto y quien les llevó a la tierra prometida. Así lo explica también san Pablo:

Pues no quiero que ignoréis, hermanos, que nuestros padres estuvieron todos bajo la nube y todos atravesaron el mar y todos fueron bautizados en Moisés por la nube y por el mar; y todos comieron el mismo alimento espiritual; y todos bebieron la misma bebida espiritual, pues bebían de la roca espiritual que los seguía; y la roca era Cristo.
1ª Cor 10,1-4

Dado que Cristo les estaba diciendo en la cara que era Dios, solo cabían dos actitudes: o que creyeran en Él o que le intentaran lapidar. Optaron por esto último pero no había llegado todavía la hora del sacrificio expiatorio de nuestro Señor.

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