Estereotipos, Villanos y Cintas de Vídeo
Ya desde los tiempos en que el Génesis nos anunció que Caín mató a Abel, al ser humano se nos ha recordado no sólo que hay buenos y malos, sino quiénes son los buenos y quiénes los villanos.
David y Goliat, los tres mosqueteros y Richelieu, Batman y Joker, las hadas madrinas y las madrastras enamoradas de un espejo, a lo largo de los siglos multitud infinita de honestos y corruptos nos han ido señalando de qué lado deben estar nuestras simpatías. A veces, la memoria sólo alcanza para recordar a monstruos como Hannibal Lecter o Freddy Krueger, Hitler o Stalin.
La Industria cinematográfica se ha encargado de decirnos en quién debemos enfocar nuestras filias o a quién dirigir nuestras fobias. Es así como han surgido los estereotipos en el cine. Estos arquetipos vienen a imponernos a quién amar y a quién odiar. El lenguaje del celuloide simplifica lo complicado y a través de personajes o de historias nos cuelan la ideología con que el director quiere que traguemos.

“Mis queridos amigos:
Tengo una circunstancia personal que me ha tenido preocupado en las últimas semanas y que me ha hecho pensar, hablar, pedir consejo, meditar y rezar sobre ella. Tanto me ha ocupado y también preocupado (parafraseando a un clásico deportivo) que me ha llevado a tener algún problema de estrés o de ansiedad, que es la forma en la que el mundo llama al sufrimiento. Se trata de que estoy pendiente de que se resuelva un asuntillo laboral que llevo entre manos. Como tantas cosas en la vida, el asunto no está mis manos sino que depende de la decisión de otras personas. Soy sabedor de que no es fácil de que se resuelva así por las buenas ya que hay algunas, digamos, dificultades. Ya saben Vds. a que me refiero; a dificultades de dos patas.
Un año más me dirigí con mi familia a la catedral de Jesús Nazareno de Huesca a participar en la Misa del Corpus. Como en otras diócesis, desde hace años la fiesta del Corpus Christi es uno de los domingos que reluce más que el sol.


