Carta del presidente de los Jóvenes de San José
Hace cinco años un grupo de amigos decidimos embarcarnos en una aventura, que sin duda, ha cambiado nuestras vidas y las de mucha gente. Esta aventura respondía a la situación que percibíamos a nuestro alrededor, en el corazón mismo de nuestra ciudad, Barcelona: cada vez más personas viviendo en las calles; por debajo del umbral de la pobreza, en situación de exclusión social; desahucios, gente sin trabajo. Esta realidad, que ha ido creciendo y resulta cada vez más insostenible, nos empujó a salir a la calle y poner nuestro granito de arena. Partimos en busca de los más necesitados.
Empezamos pagando nosotros el coste de la patrulla, en la que repartíamos alimentos, productos de limpieza, ropa y sacos de dormir. Quizá en una noche dábamos de comer a veinte o treinta personas, pero esta aventura que podría haberse quedado en una anécdota, fue a más, y decidimos constituirnos como asociación civil, los Jóvenes de San José. A esta aventura se han sumado más de 100 voluntarios; cada día, son más las personas a las que atendemos proporcionándoles comida, facilitándoles cubrir el alquiler, material escolar para los niños, favorecer la ocupación de jóvenes en paro, etc. Las aportaciones necesarias van creciendo y nunca hemos pedido un solo euro a la administración pública. Siempre hemos trabajado haciendo el bien sin ir pregonándolo a diestro y siniestro, procurando que nuestra mano izquierda no sepa lo que hace nuestra derecha.

Os escribimos desde la HOAC de Madrid, movimiento especializado de la Acción Católica que tiene encomendada por la Iglesia la misión de la evangelización del mundo obrero y del trabajo. Como todos sabemos, venimos sufriendo una larga y profunda crisis económica que está afectando a un altísimo número de personas, sobre todo a los más desfavorecidos.
Quienes esperen del nuevo Papa Francisco un calco de Juan XXIII, se equivocan completamente; los que lo asemejan con la empatía y el atraimiento popular de Juan Pablo II, yerran; y, los que esperan de él una imagen incólume de su antecesor Benedicto XVI, fracasarán igualmente. Francisco es Francisco, un papa nuevo, que aunque guarde semejanzas con los anteriores, se desenvuelve con total independencia y posee sus propias señas de identidad.


