(100) El imperativo democrático
Este 25 de octubre será para muchos católicos argentinos, un día sagrado. Pero no por ser domingo, ni por la clausura del Sínodo, sino porque nuevamente habrá aquí elecciones presidenciales…!
Ahora bien, sabemos que la Iglesia «en virtud de su misión y naturaleza, no está ligada a ninguna forma particular de civilización humana ni a sistema alguno político, económico o social” (Vat. II, GS 42d). Habida cuenta de esto, parece muy poco razonable que se inste a los fieles a proponer uno u otro sistema como preferente por sí mismo, como condición sine qua non para cumplir con la conciencia cristiana.
Más llamativo e irracional resulta esto si se tiene en cuenta que la Iglesia también ha enseñado que algunos sistemas políticos son conciliables con el orden natural y la fe católica, pero otros NO, y no es neutral ante ellos, sino que los ha denunciado y combatido explícitamente. Fundamentalmente, hay que tener presentes, porque no han perimido, de 1878, Quod apostolici muneris (contra el socialismo laicista); 1888, Libertas præestantissimum (contra el liberalismo); 1937, Mit brennender sorge (contra el nazismo); 1937, Divini Redemptoris (contra el comunismo); etc. Pues hay que seguir afirmando -hoy más que nunca- que el liberalismo es pecado, y que el marxismo es intrínsecamente perverso (esto es, diabólico), y cuando un sistema está inficionado hasta la raíz de sus principios, lo más perfecto ha de ser rechazarlo. Porque donde no hay verdad no puede defenderse la vida, ni las condiciones para que ésta se desarrolle plenamente, según la voluntad de Dios.

Ya en los últimos días del Sínodo de la Familia, vemos que ha proliferado una serie de artículos en diversos medios, profetizando, ponderando, lamentando y celebrando las diferentes posiciones que desde hace más de un año suscitan en el pueblo fiel desde la euforia más auspiciosa hasta la decepción más amarga. Si en algo deberíamos coincidir, es en el reconocimiento de que lo más ausente allí ha sido el espíritu de unidad.
Si por algo se viene caracterizando hace unas décadas la Iglesia en Argentina es por la sensación de formar una suerte de “iglesia nacional”, en la que no sólo se hace lo que a cada uno le place en materia de liturgia, sino que también el calendario se va acomodando “a piacere”, eso sí: siempre anteponiendo excusas relativas a un presunto carácter misionero, como si éste se pudiera contraponer al sentir católico-universal.
A veces corremos el riesgo de enturbiar la mirada, y quienes vivimos en medio del mundo, aunque sepamos que “Nuestra batalla no es contra la carne y la sangre sino contra los principados, contra las potestades, contra los dominadores de este mundo de tinieblas, contra los espíritus del mal que están en el aire” (Ef 6, 12-13), frecuentemente olvidamos acudir a quienes llevan la delantera del Combate, honrando fervientemente a los santos ángeles y arcángeles.
Una y otra vez, cuando miramos a nuestro alrededor y nos oprimen el pecho muchas situaciones desgraciadas, muchas tormentas y desvíos, muchas cruces que se alzan en lo alto del Calvario de la Iglesia, surge la misma pregunta: ¿qué hacer?… gritar, llorar, correr… Las respuestas serán variadas, según lo que Dios haya dado a cada uno, pero hay una actitud que es irrenunciable, porque Nuestra Señora nos la señala, inquebrantable:
No son independientes, claro, y toda perspectiva que disocie su abordaje sin tener en cuenta su fundamental unidad, mira la realidad con un solo ojo. Por eso a quienes integramos el Círculo de Formación San Bernardo de Claraval, nos ha parecido importante este año presentar el XVIII Encuentro de Formación Católica de Buenos Aires (que se realizará entre el 19 y 21 de septiembre en San Miguel, Bs.As.) de modo que las diferentes exposiciones puedan arrojar un poco de luz a lo que se nos presenta hoy como un verdadero totalitarismo, en un presunto “orden” que no es sino propagación del gran Desorden porque se lo construye de espaldas a Dios, pisoteando Su ley y Su Palabra. Sabemos, sin embargo, que el Señor no miente al advertirnos que “