Bajo la gran piedra - La experiencia mística de un sacerdote que comprendió la naturaleza del purgatorio
El sol soplaba alto y me sentía cansado. Solo el viento que soplaba sobre el morro del auto permitía todavía al jeep salir adelante, aunque la temperatura era infernal y el agua hervía en el radiador…Sabía que en la zona [el desierto] habían grandes bloques de granito que emergían de la arena: lugares de sombra buscadísimos para acampar y esperar la tarde para continuar el viaje.
Efectivamente, hacia el medio día hallé lo que buscaba. Grandes rocas apareciendo a la izquierda de la pista; y yo me acerqué seguro de que encontraría un poco de sombra. No quedé defraudado. Frente a la pared norte del peñasco de unos diez metros de alto se proyectaba sobre la arena roja una hoja de sombra. puse él jeep contra el viento para que se enfriara el motor y cargué el “ghess", es decir, lo indispensable para acampar: una estera el caso de los víveres, dos cobertores, y el trébede para el fuego….

Hace poco tiempo, reunido con mi esposa en mi encuentro mensual de Matrimonios con Cristo, escuchamos de parte de uno de nuestros compañeros de grupo la frase “Dios no castiga”. Unos meses atrás un lector me preguntaba si era cierto que Dios no castigaba porque había escuchado decirlo al conocido apologeta católico
Continuando con la serie de conversaciones entre amigos sobre temas de apologética, les comparto un nuevo diálogo ficticio en donde se trata el tema de la Eucaristía, tomada del libro
Contando con el permiso del padre Javier Olivera, quien es sacerdote del Instituto del Verbo Encarnado, y también dueño del excelente blog 












