El Papa al clero francés: «Llevemos a los hermanos la mirada de Dios, llevemos a Dios la sed de los hermanos»

Encuentro en la Basílica de Nuestra Señora de la Guardia, en Marsella

El Papa al clero francés: «Llevemos a los hermanos la mirada de Dios, llevemos a Dios la sed de los hermanos»

En su primer encuentro con fieles y miembros del clero de Marsella tras su llegada a tierras francesas, el Papa se dirigió a la basílica santuario Nuestra Señora de la Guardia, donde mantuvo su primer encuentro de oración y prédica con los fieles, sacerdotes, diáconos, seminaristas, superiores locales de las comunidades religiosas de la arquidiócesis, oportunidad en la que también puso bajo el manto de María los frutos de los «Encuentros del Mediterraneo».

(Aica/InfoCatólica) El pontífice llegó a la basílica y bendijo a los presentes con el agua bendita, símbolo del bautismo, y luego se dirigió hacia el altar central detrás del cual se encuentra la estatua de Nuestra Señora de la Guardia a la que está dedicado el santuario y frente a la cual mantuvo un momento de oración silenciosa.

Tras el discurso de bienvenida que el cardenal Jean-Marc Aveline dirigió a Francisco, el Papa recordó a «los grandes» que fueron como peregrinos a esta misma basílica dedicada a Nuestra Señora de la Guardia y afirmó que la exhortación a la confianza y a la alegría, contenida en el pasaje bíblico leído poco antes, remite a la historia de ese templo, «no edificadado para recordar un milagro o una aparición mariana, sino porque desde el siglo XIII los fieles han buscado y encontrado en esta colina la presencia del Señor a través de los ojos de su Santa Madre«.

Todavía hoy, dijo el obispo de Roma, María, 'la buena Madre', es «protagonista de un tierno 'cruce de miradas': el de Jesús «cuyo amor refleja en sus ojos» y el de los hombres y mujeres que ella presenta a Dios».

Además, aseguró que «también nosotros, sacerdotes y consagrados, estamos llamados a hacer sentir a la gente la mirada de Jesús y, al mismo tiempo, llevar a Jesús la mirada de los hermanos. En el primer caso somos instrumentos de misericordia, en el segundo, somos instrumentos de intercesión».

Que las puertas de las iglesias y del corazón estén siempre abiertas

La mirada de Jesús, subrayó el Papa, «está llena de ternura y a esa ternura estamos llamados también nosotros a transmitirla a los demás»

«Abramos las puertas de las iglesias y las casas parroquiales, pero sobre todo las del corazón, para mostrar el rostro de nuestro Señor a través de nuestra mansedumbre, amabilidad y hospitalidad. Que cualquiera que se les acerque no encuentre distancias y juicios, sino el testimonio de una humilde alegría, más fructífera que cualquier capacidad ostentosa. Que los heridos de la vida encuentren un puerto seguro en vuestra mirada, un aliento en vuestro abrazo, una caricia en vuestras manos, capaces de enjugar lágrimas», señaló.

En tanto, recordó a los sacerdotes «la belleza de poder liberar del peso del pecado a tantos hombres y mujeres a través del don del perdón del Señor e iluminar la vida de las personas con los sacramentos y, con su presencia, transmitir la cercanía de Dios. Estén cerca de todos, especialmente de los más frágiles y menos afortunados. Esto significa llevar a los hermanos la mirada de Jesús», agregó.

Y añadió:

«Llevarán con ustedes los ojos, las voces, las preguntas de todos ellos a la mesa eucarística, frente al Sagrario o en el silencio de vuestra habitación, donde el Padre ve. Ustedes serán su eco fiel, como intercesores, como ‘ángeles en la tierra’, mensajeros que llevan todo delante de la gloria del Señor».

Finalmente, dio la siguiente exhortación:

«Queridos hermanos, llevemos a los hermanos la mirada de Dios, llevemos a Dios la sed de los hermanos, difundamos la alegría del Evangelio. Esta es nuestra vida y es increíblemente hermosa, a pesar de los esfuerzos y las caídas. Oremos juntos a la Virgen, que nos acompañe y nos proteja».

 

 

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