(Tribune Chrétienne/InfoCatólica) En 1973, un joven seminarista de Sri Lanka asistió a la misa dominical en una ciudad católica de Alemania y se encontró una iglesia repleta. Familias enteras ocupaban los bancos, cantaban con fuerza y respondían a las oraciones con el misal Schott en la mano, bajo los grandes órganos de tubos. Aquel seminarista es hoy el Cardenal Malcolm Ranjith, arzobispo de Colombo, y lo que ve ahora en las iglesias europeas son bancos vacíos, ocupados sobre todo por ancianos y niños muy pequeños, y una participación litúrgica que parece «desprovista de vida».
El purpurado ha concedido una entrevista exclusiva a Tribune Chrétienne, en la que repasa la descristianización del continente, el avance del islam político, los viajes del Papa León XIV a Francia y España, el debate doctrinal abierto en Alemania, los atentados del domingo de Pascua de 2019 en su país y el diálogo entre la Santa Sede y Pekín. Su diagnóstico sobre Europa es severo, pero no derrotista, porque en la movilización de los jóvenes durante las visitas papales ve un signo de esperanza.
Ranjith fue secretario de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos con Benedicto XVI, que lo creó cardenal en 2010, y es conocido por su apego a la tradición litúrgica y a la fidelidad doctrinal.
Una revolución teológica que debilitó los pilares
El cardenal atribuye el declive a dos causas que se refuerzan mutuamente. La primera es la expansión del secularismo, que ha ido descristianizando las sociedades occidentales. La segunda, que a su juicio aceleró el proceso, es una «revolución teológica» que barrió los pilares sólidos de la teología católica y debilitó considerablemente las formas del culto, los principios morales y la estructura jerárquica que caracterizaban a la Iglesia antes de la guerra.
La aventura secularista, con el inmanentismo que lleva consigo, la desespiritualización y la deriva hacia el individualismo, el hedonismo y el minimalismo, ha conducido según Ranjith a una pérdida del valor de la vida humana y de su nobleza. Para ilustrarlo recurre al psicoanalista Erich Fromm, que escribió que el hombre moderno «lo tiene todo», coche, casa, trabajo, hijos y, si no le basta, su psicoanalista, «pero no es nada».
Europa puede superar su grave crisis demográfica y el resurgir del extremismo, sostiene el arzobispo, siempre que haga un serio examen de conciencia a la luz de su historia y de sus raíces filosóficas y espirituales. Admite además que el continente ya no es cristiano, dada la presencia de un gran número de no cristianos, y considera que la Iglesia debe liderar esa reflexión en lugar de conformarse con la situación actual pensando que las cosas mejorarán por sí solas.
Propone ensayar un nuevo enfoque espiritual, teológico y pastoral, con pastores que vivan más cerca de sus fieles, con sencillez y de forma acorde con la dignidad de su cargo. Lamenta que los escándalos hayan dañado la causa del Evangelio en estas Iglesias y dirige una crítica explícita al impuesto eclesiástico que recaudan muchas Iglesias europeas, que a su juicio «no es conforme a la enseñanza de Cristo». Sería preferible, dice, renunciar a él y hacer voluntaria la contribución, para que la Iglesia dependa más de sus fieles que de sus propiedades e inversiones. Reconoce que la decisión podría causar dificultades iniciales, pero la considera la manera más adecuada de dar testimonio de Cristo.
Recuerda también la exhortación apostólica postsinodal Ecclesia in Europa, de 2003, según la cual «Europa necesita dar un salto cualitativo en la toma de conciencia de su herencia espiritual», impulso que «solo puede venir de una escucha renovada del Evangelio de Jesucristo» (n. 120).
«El islam nos mostraría lo falsos que nos hemos vuelto»
Sobre el avance del islam político en Europa, Ranjith rechaza las lecturas conspirativas. A su juicio no es un fenómeno extraño ni responde necesariamente a un proyecto deliberado, sino a un proceso natural. Las sociedades cristianas declinan porque absorben los valores seculares y toman decisiones políticas basadas en ellos, mientras que las demás religiones presentes en el continente no sienten esa fascinación por el secularismo y fundan sus decisiones vitales en sus creencias, «lo cual es justo y natural».
La sociedad secularizada es dualista, explica, porque admite que alguien se adhiera a una religión sin estar obligado a vivir sus valores en la esfera pública. Esa dicotomía obliga a menudo a actuar contra la propia conciencia, despersonaliza al individuo y lo lleva a una «doble vida». El islam y las demás religiones no aceptan esa contradicción como realista ni honesta, y Europa, concluye, debería aprender de ellas para entender dónde se extravió. «El islam nos mostraría, a nosotros cristianos, hasta qué punto nos hemos vuelto "falsos"».
El cardenal advierte contra la actitud de «afirmarse con firmeza» frente al islam o a otras religiones, cada vez más visible en la sociedad europea. Los católicos no deberían responder aprobando leyes ni imponiendo a «los otros» prácticas secularistas, y menos aún con métodos extremistas. Lo que corresponde es un examen de conciencia honesto de pastores y fieles para reconocer las decisiones equivocadas del pasado, seguido de medidas valientes y profundamente espirituales para renovar la fe y volver a los verdaderos valores del Evangelio.
Los jóvenes y los viajes de León XIV
Ranjith califica de «éxito rotundo» el primer viaje apostólico de León XIV a Francia, el pasado septiembre, y recuerda que lo mismo ocurrió en su visita a España. Lo más llamativo, subraya, es que en dos de las naciones europeas más marcadas por el secularismo participaran con alegría y fervor cientos de miles de jóvenes. Con ello mostraron al mundo que desean cambiar la forma en que Europa mira la religión, y en particular el cristianismo, y que aspiran a un mundo más humano y más espiritual, en el que los valores religiosos den sentido a su existencia.
El arzobispo lee esa respuesta como un signo de cansancio ante el rumbo que el secularismo ha impuesto al continente. A su juicio, el Papa, con su estilo, su sencillez y su testimonio espiritual, ya ha dado un impulso muy positivo a la renovación de Europa, y los jóvenes irán respondiendo con creciente compromiso al llamamiento de su primera encíclica, Magnifica humanitas, a «renunciar a construir una nueva torre de Babel y unir nuestras fuerzas para edificar el bien común» (n. 16).
Pide a los responsables eclesiales de esos países que reconozcan en este fenómeno un don de Dios y reconsideren sus opciones teológicas y pastorales. «La Iglesia debe hablar a Europa el lenguaje de Dios, el lenguaje del amor, y no simplemente el de la torre de Babel, de sus estructuras, de sus riquezas o de su poder político».
Ni modernismo ni tradicionalismo
Preguntado por el redescubrimiento de lo sagrado, del canto gregoriano y de la liturgia tradicional entre muchos jóvenes católicos, el antiguo número dos del dicasterio litúrgico enmarca el fenómeno en un movimiento más amplio, el abandono de una concepción hedonista de la vida por la convicción de que la alegría no puede proceder solo de la prosperidad económica. La diferencia está entre buscar la felicidad en el «tener» o en el «ser». El sistema consumista solo procura una satisfacción física, «como un espejismo en el desierto», y Cristo ya advirtió contra la tentación de ver en la acumulación de riquezas la fuente de una alegría sin fin (Lc 12,18-21; Lc 18,18-25).
Europa, insiste, debe redescubrir sus raíces cristianas. Considera triste que, pese a los llamamientos reiterados de San Juan Pablo II, los dirigentes de la Unión Europea decidieran no mencionar las raíces judeocristianas en el preámbulo de su Constitución, actitud que compara con la de quien «tira la escalera después de haberla usado para subir».
Ranjith lamenta que la Iglesia occidental haya sucumbido a la tentación de la desesperanza y la falta de fe, abandonando su propia herencia espiritual y litúrgica en la creencia de que bastaba con seguir la corriente, lo que califica de error. Pero añade una advertencia en sentido contrario. El cristianismo es anticonformista y siempre nuevo, y no puede fosilizarse en ninguna corriente de pensamiento. «La Iglesia no debe dejarse engullir ni por el modernismo ni por el tradicionalismo», sino presentar la enseñanza de Cristo como camino de felicidad en esta vida y en la venidera, y ofrecer la esperanza del Reino de Dios, para lo que remite a la encíclica Spe salvi de Benedicto XVI.
«Ninguna autoridad puede cambiar lo que Cristo quiso»
Sobre las corrientes que en Alemania pretenden modificar la enseñanza de la Iglesia en materia de homosexualidad, moral sexual u ordenación de mujeres, el cardenal fija como criterio último la enseñanza de Jesús transmitida en los cuatro Evangelios. Recuerda la exigencia de las palabras de Cristo sobre la concupiscencia (Mt 5,28) y sobre el divorcio (Mt 5,32; Mc 10,11-12; Lc 16,18), que «no pueden modificarse según los caprichos o las preferencias de nadie, ni siquiera de los pastores de la Iglesia».
En cuanto al sacerdocio femenino, cita la carta apostólica Ordinatio sacerdotalis de San Juan Pablo II, de 22 de mayo de 1994, en la que el Pontífice declaró que «la Iglesia no tiene en modo alguno la facultad de conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres, y que este dictamen debe ser considerado como definitivo por todos los fieles de la Iglesia» (n. 4). Según Ranjith, una aclaración posterior estableció que esta declaración debía considerarse un pronunciamiento ex cathedra.
De ahí concluye que ninguna autoridad eclesial, sea un consejo sinodal o una conferencia episcopal, tiene poder ni mandato para modificar la doctrina, la moral o la práctica queridas por Cristo, principio que se aplica a la Iglesia en Alemania como a la de cualquier otro país. Las instancias locales pueden decidir cuestiones de gobierno y comunión, pero no lo que el propio Cristo exigió ni lo que de ello se deriva para la fe y la moral. Además, las naciones occidentales no pueden decidir solas en materia de doctrina, moral y ministerios sin contar con el resto de la Iglesia.
Sri Lanka, la verdad sobre la Pascua de 2019
El pasado 4 de septiembre, el arzobispo de Colombo pidió a los católicos de Sri Lanka rezar el rosario para que salga a la luz toda la verdad sobre los atentados del domingo de Pascua de 2019. El 21 de abril de aquel año, terroristas suicidas atacaron dos iglesias católicas en Colombo, una iglesia pentecostal en Batticaloa y tres grandes hoteles de la capital, con 273 muertos, entre ellos turistas extranjeros, y más de 500 heridos, algunos con discapacidades permanentes. El Papa Francisco apoyó económicamente el programa de rehabilitación de las víctimas y recibió en el Vaticano a un grupo de heridos graves el 25 de abril de 2022.
A primera vista, explica el cardenal, los ataques fueron obra de un grupo de jóvenes islamistas movidos por el odio a los cristianos, pero muy pronto circularon rumores de una conspiración política. Las sospechas crecieron porque las autoridades políticas y los altos mandos de seguridad no hicieron nada para impedirlos pese a haber recibido cuatro avisos de los servicios de inteligencia indios desde el 4 de abril, y por su indiferencia ante las peticiones de una investigación transparente.
Esas sospechas se reforzaron el 5 de septiembre de 2023, cuando Hamzeer Moulana, secretario del exministro y diputado Sivanesathurai Santhirakanthan, alias Pillayan, afirmó en un programa de la cadena británica Channel 4 que los atentados formaron parte de un complot de un sector de la inteligencia militar dirigido por Suresh Saleh. Según su denuncia, el objetivo era asegurar la victoria de Gotabaya Rajapaksa, exsecretario de Defensa, en las presidenciales de noviembre de 2019, y la inteligencia militar habría financiado a través de él al terrorista suicida Zaharan Hashim y a su grupo, con la idea de que los ataques desatarían una ola de ira antimusulmana en la mayoría cingalesa.
Ranjith acusa al entorno de Rajapaksa de haber bloqueado las investigaciones tras ganar las elecciones, estrategia que, según él, mantuvo su sucesor elegido con la mayoría parlamentaria de su partido. El Gobierno llegado al poder en 2024 abrió una investigación más transparente, pero el grupo derrotado intenta entorpecerla con batallas judiciales, manifestaciones y campañas mediáticas. El cardenal llega a afirmar que Saleh, que no cooperaba con los investigadores, simuló una enfermedad y permaneció más de cien días ingresado en el Hospital General de Colombo. Por eso, concluye, se ha pedido a los fieles que recen con más intensidad.
Una Iglesia que resiste al secularismo
Sobre la situación de la Iglesia en su país, el arzobispo describe un «nuevo comienzo» político desde 2024 al que la Iglesia debe contribuir, aunque advierte de que el secularismo, que «busca destruir el alma humana», también ha empezado a afectar a Sri Lanka. Aun así, la religiosidad asiática sigue ofreciendo resistencia. Las vocaciones sacerdotales y religiosas siguen siendo relativamente numerosas, una proporción importante de los fieles va a misa los domingos y frecuenta los sacramentos, la vida familiar se mantiene sólida y una extensa red de pequeñas comunidades cristianas se reúne cada semana o cada dos para rezar y compartir la Palabra de Dios.
China, un papel discreto
Respecto al diálogo entre la Santa Sede y Pekín, Ranjith se muestra partidario de dejar que lo resuelvan los responsables eclesiales locales y las autoridades políticas, porque cualquier injerencia exterior podría complicar las cosas. A su juicio, solo quienes viven la fe en China saben cómo resolver la situación, y la Iglesia universal debería limitarse a un papel discreto, animando al Gobierno y a la Iglesia local, tanto en su forma oficial como clandestina, a establecer un diálogo que conduzca a una solución.








