(InfoCatólica) Lamentablemente, estamos acostumbrados a que las organizaciones caritativas católicas se escoren políticamente hacia la izquierda y a menudo se dediquen a las causas progresistas correspondientes, en lugar de a la verdadera acción caritativa católica. Quizá esta tendencia sea especialmente evidente en Adveniat, la organización de la Conferencia Episcopal Alemana para la ayuda a Hispanoamérica (o América Latina, como prefiere la propia organización).
Adveniat no dispone de sucursales (aparte de su oficina central) ni proyectos propios, sino que se dedica a repartir algo que la Iglesia alemana tiene en abundancia: dinero. En ese sentido, hay una gran demanda de su ayuda en toda Hispanoamérica, donde habitualmente escasea la financiación. Eso hace que la ayuda alemana tenga una considerable influencia para sesgar las actividades católicas hispanoamericanas en un sentido marcado por la deriva del propio catolicismo alemán, muy progresista y anticonservador, centrado en lo social, la ecología, el indigenismo y el rechazo de la moral tradicional de la Iglesia.
Por lo tanto, resulta interesante conocer qué espera esta influyente organización del viaje del Papa León XIV al Uruguay, la Argentina y el Perú. En un comunicado publicado ayer 5 de noviembre, el P. Martin Maier, director ejecutivo de Adveniat, ha explicado sus expectativas para el viaje papal.
El viaje, según la Santa Sede, tendrá un fuerte componente misionero. En el Uruguay, el lema será «Les anuncio una gran alegría»; en la Argentina, «Bienvenidos todos. Vayan y anuncien»; y en el Perú, «Abramos nuestros corazones». Sin embargo, mientras la Santa Sede subraya la dimensión evangelizadora y espiritual, Adveniat pone el acento en las cuestiones sociales y, sobre todo, políticas: los pobres, los indígenas, los jóvenes, la democracia, los derechos humanos y la lucha contra la derecha.
En relación con la visita a la Argentina, el P. Maier propone expectativas puramente políticas y sociales, indicando que la brecha entre ricos y pobres se ha ampliado por el liberalismo económico del presidente Javier Milei: «como Papa que reafirma la opción por los pobres, por los jóvenes y por los indígenas, León XIV puede dar aquí una señal para las personas que están siendo empujadas a los márgenes económicos y sociales y que son víctimas de la implacable maximización del beneficio».
En el Perú, el P. Maier subraya también el aspecto político. El jesuita considera que León XIV encontrará una «sociedad extremadamente polarizada». ¿Por qué? Porque las elecciones presidenciales han sido ganadas por una política conservadora, Keiko Fujimori, contraria al aborto y la ideología de género.
El director de Adveniat denuncia el «masivo giro a la derecha» en numerosos países latinoamericanos y reclama al Papa una defensa explícita de «la democracia, el Estado de derecho y los derechos humanos». Ante la situación regional, León XIV «como Pontífice, como constructor de puentes, puede realizar una importante contribución para superar las brechas y las divisiones sociales».
No podía faltar una referencia al presidente estadounidense Donald Trump, la bestia negra del progresismo europeo. A juicio del jesuita, León XIV puede representar un modelo alternativo a la política estadounidense hacia el continente: «en una época en la que Estados Unidos considera América Latina como su patio trasero, León XIV ofrece el contrapunto al presidente Donald Trump», porque «el Papa se acerca a América Latina y a las personas con respeto y consideración».
Se trata de una constante en las declaraciones del P. Maier, que, desde la elección del Papa, ha insistido repetidamente en presentar al Pontífice como el opuesto de las posiciones del presidente estadounidense. En mayo de 2025, tras el cónclave, afirmó que Trump quiere «construir muros», mientras que León XIV «quiere construir puentes» y se dirige «a los pobres y a las personas que viven en las periferias».
En cambio, en el Uruguay, como gobierna un presidente de izquierdas, Yamandú Orsi, la organización Adveniat no habla de brechas sociales, empobrecimiento ni polarización. En este caso, no existe la urgencia política de combatir el conservadurismo y el P. Maier puede volver tranquilamente al cristianismo, resaltando que «el presidente de la Conferencia Episcopal Uruguaya, Mons. Milton Luis Tróccoli, espera una primavera espiritual tras la visita del Papa» en un país tan secularizado como el Uruguay, donde solo un tercio de la población es católica.
Un noble deseo, ciertamente, aunque produce cierta inquietud el vocabulario utilizado, teniendo en cuenta la primavera que tantos eclesiásticos esperaban tras el Concilio Vaticano II y que se convirtió, en buena parte, en un invierno eclesial de descristianización y apostasías masivas, mostrando que no hay que depositar mucha esperanza en los planes humanos.








