(The Pillar/InfoCatólica) El 5 de noviembre, en una conferencia en la Universidad Urbaniana de Roma, Joseph Li Shan, Arzobispo de Beijing y Presidente de la Asociación Patriótica Católica China, y el Cardenal Stephen Chow SJ, Obispo de Hong Kong, sostuvieron que los católicos chinos deben ser leales a su gobierno (ateo y totalitario), y obedecer las leyes estatales que regulan (de modo asfixiante) la religión en China. La conferencia conmemoró el centenario de la consagración de los primeros obispos católicos nacidos en China. No es difícil imaginar lo que esos primeros obispos chinos habrían pensado de estas declaraciones de sus sucesores.
El discurso del Arzobispo Li
El Arzobispo Li dijo que las normas del régimen chino «establecen los límites legales para la actividad religiosa y garantizan plenamente la evangelización y el cuidado pastoral normal de la Iglesia, así como los derechos e intereses legítimos de los fieles.»
Además, Li llamó a la revolución comunista china, que tomó el poder en 1949 tras 22 años de guerra civil que causaron millones de muertes, «la fundación de una nueva China» que «cambió completamente la situación en la que la Iglesia en China dependía de fuerzas políticas occidentales».
«Manteniéndose fiel a la esencia de la fe y conservando intactas su doctrina básica y su disciplina canónica, la Iglesia debía encontrar la manera de adaptarse mejor --bajo las políticas y leyes del gobierno chino sobre la libertad de creencia religiosa-- a un nuevo tipo de relación Iglesia-Estado con características chinas; ésta se convirtió en una cuestión que todos los cristianos tenían que resolver», añadió Li.
Dijo también que los católicos chinos «abrazaron la recién nacida China socialista y emprendieron un camino de desarrollo basado en el amor a la patria y el amor a la Iglesia, una Iglesia con independencia, autogobierno y autogestión».
El arzobispo vinculó también el proyecto de sinización con el Sínodo sobre la sinodalidad, afirmando que, «al igual que el más reciente Sínodo de los Obispos promovió el «caminar juntos», todos los asuntos de la Iglesia en China son gestionados de manera conjunta por el clero, las religiosas y los fieles chinos, y así todas las obras sagradas de la Iglesia están floreciendo».
«La Iglesia en China, que en el pasado estuvo condicionada por estructuras coloniales, tiene una experiencia inolvidable al respecto. Éste es, precisamente, el sentido de la sinización de la Iglesia que proponemos hoy», afirmó, subrayando que «no es un añadido externo a la Iglesia Católica, como si fuera algo opcional, que uno podría hacer o no, sino de un elemento intrínseco a la catolicidad de la Iglesia».
El discurso del Cardenal Chow
Por su parte, el Cardenal Chow dijo en su intervención que el desafío principal para los católicos chinos es cómo ser a la vez patriotas y creyentes, «leales a nuestro gobierno y leales a nuestra fe».
El Cardenal Chow afirmó que uno de los retos de la Iglesia en China es conciliar la condición de «patriotas y ciudadanos chinos con la de miembros fieles del Pueblo de Dios».
Chow defendió la sinización como una forma de inculturación. «La inculturación es el Evangelio transformando una cultura, mientras que una cultura, con sus propios valores y expresiones, enriquece nuestra fe y nuestra vida eclesial», dijo Chow.
«Bajo el mandato del Presidente Xi, se está produciendo la sinización de la religión. En realidad, la sinización ocurre en diversos ámbitos de la vida en China, no sólo en la religión, y desde luego no sólo en lo que respecta a la Iglesia Católica. No se dirige específicamente a la Iglesia Católica, sino a todas las religiones. Se trata de alinear [la religión] con la ideología del Partido Comunista Chino, los valores socialistas y el espíritu patriótico», añadió.
Explicó que la principal preocupación del gobierno chino es que la religión pueda ser utilizada como un «vehículo para la intervención extranjera».
«Las religiones y otros sectores deben tener ese espíritu patriótico. Para el Presidente Xi, todas las religiones en China deben estar alineadas con la política y la cultura chinas, y ésa es la única manera de mantener la estabilidad de la religión en China», afirmó.
El Cardenal Chow terminó su discurso comparando la interculturalidad con la sinodalidad. «Cuando miramos esta dinámica intercultural, vemos que comparte mucho con la sinodalidad… cuando nos encontramos el uno con el otro, tenemos que ver cómo convertirnos en verdaderos cristianos y verdaderos chinos», afirmó.
«Es a través de un compartir genuino y una escucha respetuosa y activa que podemos llegar a encontrarnos. Hemos llegado a identificar las convergencias, y también podemos apreciar las divergencias», concluyó.
La «sinización» de la Iglesia y el acuerdo entre el Vaticano y China
La política de «sinización» requiere que los clérigos y laicos católicos reconozcan y acepten la supremacía de la autoridad estatal y la doctrina del Partido Comunista por sobre la jerarquía y la enseñanza de la Iglesia.
Esta política está estrechamente vinculada con el acuerdo secreto de 2018 entre el Vaticano y el gobierno de la República Popular China, que intentó restablecer la unidad entre la Iglesia Católica y la Asociación Patriótica Católica China, una iglesia cismática y controlada por el gobierno comunista. El camino elegido por ese acuerdo ha sido permitir que los órganos del Estado elijan a los candidatos al episcopado, contrariando una disposición del Concilio Vaticano II.
El acuerdo de 2018 fue renovado en 2020, 2022 y 2024, en esta última ocasión por un plazo de cuatro años.
La persecución a los cristianos en China
Desde 1949 miles de obispos, sacerdotes y fieles de la Iglesia Católica sufrieron la muerte, la desaparición, la cárcel o torturas de parte del régimen comunista chino. Éste no sólo persigue a los católicos (tanto a los de la Iglesia clandestina como, en menor medida, a los de la Iglesia «oficial»), sino a todos los cristianos y todas las religiones: musulmanes, budistas, nuevos movimientos religiosos como Falun Gong, etc.
La persecución anticristiana prosigue a toda máquina en China: se quitan las cruces de los templos, se colocan dentro de ellos carteles con frases de Xi Jinping, se difunden versiones de la Biblia adaptadas a la ideología comunista, etc. En 2017 el régimen prohibió a los menores de edad entrar a las iglesias, asistir a servicios religiosos y unirse a grupos cristianos, incluso en compañía de sus padres.
En 2025, la Administración Nacional de Asuntos Religiosos del Partido Comunista Chino (PCC) prohibió a los ciudadanos extranjeros participar en actos de culto junto con ciudadanos chinos, y exigió a todos los visitantes que reconocieran la independencia nacional de las iglesias y comunidades de fe chinas.
Según la normativa, «los extranjeros que realicen actividades religiosas en China deben respetar las leyes, reglamentos y normas del país, acatar el principio de independencia y autogestión religiosa de China, y aceptar la supervisión legítima por parte del gobierno chino».
Las normas exigen, además, que todas las liturgias se celebren en lugares de culto oficialmente reconocidos y sean presididas por ministros chinos autorizados. Un ciudadano extranjero sólo puede presidir una liturgia o celebrar un acto de culto en un espacio no reconocido en circunstancias excepcionales y con permiso oficial.
El predecesor del Cardenal Chow en cuanto Obispo de Hong Kong, el Cardenal Joseph Zen, fue arrestado en 2022, acusado del crimen de colusión con potencias extranjeras. Finalmente fue condenado por no haber registrado correctamente un fondo de ayuda humanitaria del que era administrador.
Últimamente se ha registrado un incremento del acoso estatal a los católicos en algunas regiones de China.
Las declaraciones del Cardenal Parolin
En la conferencia en la Urbaniana, el Cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado del Vaticano, artífice principal del acuerdo de 2018 entre el Vaticano y China, y destacado defensor de la política de sinización, respondió a las preguntas de la prensa.
Al ser consultado sobre la situación actual del acuerdo entre el Vaticano y China, el Cardenal señaló que uno de los desafíos principales consiste en conciliar «el ser chino, con todas las características específicas que ello conlleva, con una comunión profunda con el Papa y la Iglesia universal. Que hoy, en esta ocasión, haya dos obispos chinos presentes nos llena de alegría, precisamente porque ello va en esa dirección».
«Todos los acuerdos son imperfectos, y el relativo a China no es una excepción», afirmó Parolin. «Más aún porque no fue un acuerdo sencillo, dada la complejidad de las situaciones y condiciones en las que nos ha tocado, y nos sigue tocando, actuar. Pero el camino está abierto... Así que sigamos adelante, tratando de perfeccionar lo que es imperfecto. Aunque la perfección no es de este mundo».








