(InfoCatólica) Cuando uno encuentra sacerdotes heterodoxos, se pregunta cómo es posible que no sean corregidos. Por desgracia, en muchas ocasiones se debe a que los encargados de corregir comparten esas posiciones heterodoxas.
El arzobispo de Viena, Mons. Josef Grünwidl, nos ofreció un ejemplo muy claro de esta situación en una entrevista concedida a la cadena austriaca ORF Ö1 el pasado sábado 31 de octubre. En ella, Mons. Grünwidl negó una verdad enseñada infaliblemente por la Iglesia, de forma pública y escandalosa.
El entrevistador del programa, Tarek Leitner, le preguntó si el problema de la escasez de sacerdotes no estaría en el aumento de la participación de las mujeres en las actividades de la Iglesia. El arzobispo respondió que «desde luego, desearía la ordenación de mujeres».
De esa forma, niega lo enseñado en la carta apostólica Ordinatio Sacerdotalis, del Papa San Juan Pablo II: «declaro que la Iglesia no tiene autoridad alguna para conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres y que este juicio debe ser sostenido definitivamente por todos los fieles de la Iglesia».
Posteriormente, para despejar cualquier duda, la Congregación para la Doctrina de la Fe, dirigida por el entonces cardenal Ratzinger, declaró que esta doctrina pertenece «al depósito de la fe» y ha sido enseñada «infaliblemente» por el Magisterio ordinario y universal» (Responsum ad Dubium, 28 de octubre de 1995). La misma doctrina se recoge también, por ejemplo, en el Concilio Vaticano II y el Catecismo de la Iglesia Católica.
El arzobispo, para intentar matizar su respuesta apeló a un futuro concilio: «veo que, por el momento, esta sería una decisión que debe tomarse a nivel de la Iglesia universal por un concilio. En este momento, no veo ninguna posibilidad realista de que se llegue a esa decisión en ese sentido».
Este tipo de argumentación, sin embargo, es inaceptable en la Iglesia. Primero, porque no se puede apelar a un magisterio futuro y, por lo tanto, imaginario para sustraerse al magisterio real. En según lugar, porque en este caso la Iglesia ya ha hecho uso de su infalibilidad en materia de fe y costumbres para definir de forma infalible y definitiva que no puede conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres. Por lo tanto, ni siquiera un concilio ecuménico ni un papa podrían negar esa verdad infalible.
El arzobispo de Viena finge que se trata de una cuestión disciplinar, que podría cambiar en el futuro, cuando lo cierto es que se trata de algo perteneciente al depósito de la fe y definido de forma infalible. El prelado se coloca, pues, en una situación de negación pública de la enseñanza de la Iglesia.
Además, conviene resaltar que el «desde luego» con el que el arzobispo comenzaba su afirmación («desde luego, desearía la ordenación de mujeres») añade una especial gravedad al asunto, porque Mons. Grünwidl no solo niega públicamente una verdad infaliblemente definida por la Iglesia, sino que además da por hecho que esa negación de la doctrina infalible es habitual en su entorno y la postura evidentemente correcta.
El escándalo difícilmente podría ser mayor. ¿Cómo no va a haber sacerdotes heterodoxos, si observan que miembros de la jerarquía al más alto nivel niegan el depósito de la fe sin ser corregidos ni sancionados por ello? Como dijo el mismo Cristo, «si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en el hoyo».








