Mons. Gallagher: «Existe un peligro» en que la Iglesia abandone la noción de guerra justa
Mons. Gallagher, secretario para las Relaciones con los Estados y las Organizaciones Internacionales de la Secretaría de Estado | © VaticanMedia

Sobre el acuerdo con China: «Las imperfecciones del acuerdo son evidentes»

Mons. Gallagher: «Existe un peligro» en que la Iglesia abandone la noción de guerra justa

«No soy pacifista». El arzobispo Paul Richard Gallagher, jefe de la diplomacia vaticana, advierte del peligro de que la Iglesia renuncie a la guerra justa, aunque admite que su formulación deberá revisarse.

(InfoCatólica) El responsable de la diplomacia vaticana no es pacifista y no quiere que la Iglesia renuncie a la noción de guerra justa. Así lo afirmó el arzobispo Paul Richard Gallagher, secretario para las Relaciones con los Estados y las Organizaciones Internacionales de la Secretaría de Estado, en un encuentro con la Asociación de la Prensa Extranjera celebrado en Roma el martes 27 de octubre, en el que repasó también la salud del Papa León XIV, sus próximos viajes y las relaciones de la Santa Sede con Rusia, Ucrania, Estados Unidos, Israel y China.

Según recoge cath.ch, preguntado por una posible evolución de la postura de la Santa Sede sobre la teoría de la guerra justa, que a juicio de este medio tanto el Papa Francisco como León XIV han cuestionado abiertamente, el diplomático británico estimó que existe un «peligro» en que la Iglesia abandone por completo esa noción, y llegó a confesar que él mismo no es un «pacifista».

La conciencia de los católicos de uniforme

Gallagher fundamentó su posición en la realidad de quienes sirven en los ejércitos. «Cientos de miles de hombres y mujeres católicos visten el uniforme», recordó, y subrayó la centralidad que para ellos tiene la noción de «conciencia».

Como ejemplo, evocó la figura de Józef Rotblat, premio Nobel de la Paz en 1995 y, según dijo, el único científico que abandonó el Proyecto Manhattan, de quien afirmó que era «un católico devoto».

El arzobispo reconoció, no obstante, que el armamento y el contexto internacional han cambiado mucho, y confirmó que el marco fijado por la Iglesia para justificar un conflicto deberá ser «examinado en los próximos años» con el fin de encontrar una formulación mejor.

Desarme nuclear y multilateralismo

En la misma línea, Gallagher valoró positivamente el proyecto de reducción del arsenal nuclear en el que participan China, Rusia y Estados Unidos, y animó a las demás potencias que poseen la bomba a sumarse.

También defendió el multilateralismo como cauce para abordar cuestiones como el armamento nuclear o la inteligencia artificial. Sin ese modo de diálogo, advirtió, «los países pequeños y medianos dejarán poco a poco de tener una influencia real en la escena mundial, y evidentemente esto evolucionará de nuevo hacia bloques», con la consiguiente polarización.

Un Papa «mortal como todos nosotros»

El encuentro sirvió también para abordar la operación a la que se sometió León XIV el 13 de octubre, en la que le extirparon el lóbulo inferior del pulmón derecho a causa de un adenocarcinoma, la forma más común de cáncer de pulmón. Según informa Reuters, el tumor estaba localizado y el Pontífice, de 71 años, no necesitará más tratamiento. Regresó al Vaticano el 18 de octubre y ha ido retomando su agenda de forma gradual.

«Cambia un poco las reglas del juego», admitió Gallagher, una valoración que Reuters califica de inusualmente franca en boca de un alto cargo de la Curia. La edad relativamente joven del Papa y su buena forma física, explicó, habían llevado a algunos católicos a verlo como un «superpapa», y la enfermedad ha revelado que León XIV «es un pobre mortal como todos nosotros». «Creo que eso va a cambiar cómo lo vemos y posiblemente también cómo se ve a sí mismo», añadió.

Lo que no cambiará, según cath.ch, es su método de gobierno ni el ritmo de las reformas. «Va a ceñirse a su plan», aseguró el arzobispo, que describió a León XIV como alguien que «no es el tipo de persona que dice lo que piensa hacer antes de decidir». Ni siquiera él supo de la operación hasta que el Papa la anunció públicamente el 11 de octubre. Gallagher, que ha trabajado bajo cuatro pontífices, lo retrató como un hombre reflexivo, metódico y extraordinariamente bien informado, que llega a las reuniones semanales con la Secretaría de Estado conociendo buena parte de lo que se le va a presentar, en contraste con el estilo más espontáneo de Francisco. Destacó su formación matemática y su soltura con los datos económicos, y relató que un responsable vaticano le comentó que «sienta bien tener un Papa que sabe leer una hoja de cálculo». Trabajar con él, confesó, es «exigente». Con humor, descartó además que la Curia pueda arrollar a un Papa norteamericano poco familiarizado con su funcionamiento interno.

Uruguay, Argentina y Perú, y después Estados Unidos

La enfermedad no ha alterado la agenda internacional. El viaje del 6 al 17 de noviembre a Uruguay, Argentina y Perú, el más largo del pontificado hasta ahora, sigue en pie, con unos doce vuelos, dos trayectos en helicóptero y alrededor de 30.500 kilómetros de recorrido. «Todos los informes médicos son muy positivos [...] así que siente que puede ir», explicó Gallagher. «Creo que hace este viaje simplemente porque quiere hacerlo». Perú tiene para el Papa un significado personal, pues allí fue misionero durante dos décadas, tiene la nacionalidad peruana y fue obispo de Chiclayo.

El arzobispo espera que León XIV visite Estados Unidos «en un futuro no muy lejano», aunque quizá no en 2027. Según Reuters, dependerá de los compromisos del Papa; de acuerdo con la otra información disponible, influirá también el resultado de las elecciones legislativas de mitad de mandato, ya que el Vaticano evita los viajes que puedan verse arrastrados a campañas electorales. Esa visita podría incluir la Asamblea General de la ONU en Nueva York y una escala en México, donde el Papa desea especialmente visitar el santuario de Nuestra Señora de Guadalupe. Gallagher considera muy probable un viaje a Australia en 2028 para clausurar el Congreso Eucarístico Internacional de Sídney, y en el horizonte figura la Jornada Mundial de la Juventud de Corea del Sur en agosto de 2027.

Ucrania, Washington e Israel

Sobre Ucrania, el arzobispo, que visitó recientemente Moscú, explicó que ninguno de los dos contendientes quiere que la diplomacia vaticana actúe como mediadora directa, aunque ambos respaldan sus esfuerzos humanitarios. En ese marco situó las recientes conversaciones telefónicas del Papa con Vladímir Putin y Volodímir Zelenski. Negó, sin embargo, que la Santa Sede haya intervenido en la tregua alcanzada el martes en Oleshki, localidad ucraniana bajo control ruso, para permitir la entrada de ayuda. «No creo que lo estuviéramos», dijo. Contó además que había hablado la semana anterior con el Cardenal Matteo Zuppi, arzobispo de Bolonia, que continúa con la Comunidad de Sant'Egidio su misión en favor del intercambio de prisioneros y la repatriación de niños.

Con Washington el diálogo «no es difícil», gracias al «buen canal de comunicación» que supone el embajador estadounidense ante la Santa Sede, Brian Burch. «Por el momento no ha habido necesidad de un contacto directo» entre Donald Trump y el Papa, aunque «podría llegar».

Respecto a Israel, en plenas elecciones parlamentarias, consideró «irrealista» esperar que alguno de los candidatos a primer ministro, entre ellos Benjamín Netanyahu y Gadi Eisenkot, defienda la solución de los dos Estados que propugna la Santa Sede, aunque esa opción «podrá retomarse en el futuro».

China, un acuerdo con «imperfecciones evidentes»

El acuerdo provisional sobre el nombramiento de obispos, firmado en septiembre de 2018 y renovado por última vez en octubre de 2024 por cuatro años, fue el asunto más delicado del encuentro. «El diálogo no es fácil. Las imperfecciones del acuerdo son evidentes, pero existe el compromiso de perseverar en el diálogo [...] y eso es lo que seguirá ocurriendo», afirmó Gallagher, que aseguró que las críticas, procedentes sobre todo de Estados Unidos, estaban «previstas desde el primer día».

El arzobispo defendió mantener el pacto porque la situación actual es mejor que la anterior, y subrayó que hoy todos los obispos de China están en comunión con el Papa. Los términos del acuerdo siguen siendo confidenciales, sin que se hayan hecho públicos los procedimientos de selección de los candidatos, y su aplicación continúa revelando diferencias entre Roma y Pekín. En el reciente nombramiento del Obispo Ignatius Ding Zuyao para Haimen, la Santa Sede comunicó que León XIV había aprobado y nombrado al candidato en el marco del acuerdo, mientras que los organismos eclesiásticos oficiales chinos lo presentaron como aprobado por la conferencia episcopal reconocida por el Estado, sin mencionar al Papa. A ello se suma la política gubernamental de «sinización», que exige que la actividad religiosa se ajuste a las prioridades del Partido Comunista.

La Santa Sede, que mantiene relaciones diplomáticas con Taiwán y una misión de estudio en Hong Kong, no tiene representación oficial en la China continental. Gallagher aludió a una posible «presencia en el ámbito cultural en Pekín», una posibilidad que, según precisó, se ha explorado, aunque la negociación implicaría condiciones que la Santa Sede no está dispuesta a aceptar por ahora. Recalcó, por último, que la responsabilidad del Papa se extiende a la Iglesia universal y que China no ocupa un lugar privilegiado en su atención.

1 comentario

Juan Mariner
Yo sí soy pacifista. Sólo existe la "legítima defensa". Nadie se ha muerto en Austria por ser un Estado neutral. Soplan vientos de guerra en "los suyos".
30/10/26 9:59 PM

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