Si los católicos callan sobre los ángeles, otros responderán por ellos
Fr. Francesco Giordano | Screenshot YT

Santo Tomás frente a la fascinación por lo demoníaco

Si los católicos callan sobre los ángeles, otros responderán por ellos

En una cultura que se dice desencantada pero vive fascinada por energías cósmicas, fantasmas y presencias ocultas, el teólogo Francesco Giordano pide que la Iglesia vuelva a hablar de los ángeles antes de que otros respondan por ella.

(InfoCatólica) El sacerdote diocesano Francesco Giordano, doctor en Teología, profesor en la Pontificia Universidad Santo Tomás de Aquino (Angelicum) y en la Universidad Católica de América y director de la oficina en Roma de Human Life International, publica en Catholic Culture un artículo en el que pide a los católicos que vuelvan a hablar de los ángeles. Advierte de que, si la Iglesia calla sobre los seres espirituales, la gente no dejará de preguntarse por ellos, sino que buscará las respuestas en otra parte.

El texto nace de una experiencia docente. El verano pasado, mientras impartía escatología a seminaristas en Kuching (Malasia), se encontró dedicando a los ángeles mucho más tiempo del previsto. No le sorprendió que aquellos jóvenes creyeran en ellos. Le sorprendieron la insistencia y la precisión de sus preguntas. ¿Dónde está un ángel? ¿Vive en el tiempo? ¿Puede desplazarse de un lugar a otro? ¿Puede un demonio leer nuestros pensamientos? ¿Puede Satanás obligar a alguien a pecar? ¿Cómo actúa sobre la materia una criatura espiritual?

Aquellas preguntas le devolvieron al tratado de los ángeles de la Summa Theologiae de Santo Tomás de Aquino, y también le hicieron pensar en la cultura actual. Solemos describir la modernidad como «desencantada», observa, y sin embargo el hombre se resiste a habitar un universo compuesto solo de lo que puede medirse. El interés por los seres espirituales no ha desaparecido, ha emigrado. A los ángeles y demonios se han sumado fantasmas, fuerzas ocultas, energías cósmicas y dimensiones paralelas. Quienes jamás aceptarían la doctrina cristiana se muestran a menudo receptivos a hablar de presencias invisibles. Frente al rechazo materialista y a la vaguedad espiritualista, la tradición católica ofrece, a su juicio, algo intelectualmente más satisfactorio.

Un oficio, no una naturaleza

El punto de partida es una distinción de San Agustín, según la cual «ángel» designa un oficio y no una naturaleza. Por naturaleza es un espíritu, y se le llama ángel porque es mensajero. La precisión libera de la imagen popular del ángel como un ser humano con alas. El arte cristiano necesita traducir lo invisible en formas visibles, pero el ángel no es una variedad más sutil de organismo físico.

Santo Tomás lleva más lejos la distinción. Como carece de dimensiones corporales, el ángel no ocupa el espacio como los cuerpos. Está presente en un lugar por la aplicación de su poder, es decir, está donde actúa. Eso explica también su movimiento. No necesita recorrer el espacio de un punto a otro, porque mediante un acto de voluntad aplica su poder a otro lugar. Ese movimiento puede ser continuo, pasando por los lugares intermedios, o discontinuo, sin atravesarlos (ST I, q. 53, aa. 1-2). Nada de ello lo hace omnipresente ni lo sitúa fuera de toda sucesión. Sigue siendo una criatura finita, que puede estar aquí y después allí, pero nunca en todas partes a la vez.

Algo semejante ocurre con el tiempo. Solo Dios es eterno en sentido propio. Siguiendo a Boecio, el Aquinate define la eternidad como la posesión perfecta, tota simul (toda a la vez), de una vida interminable (ST I, q. 10, a. 1), y no como una sucesión inacabable de instantes. El hombre, en cambio, vive sometido al cambio, porque crece, envejece, recuerda, olvida, delibera y aprende. Los ángeles no pertenecen del todo a ninguna de las dos categorías. Su sustancia espiritual no envejece ni se corrompe, pero en sus actos puede haber un antes y un después, y por eso su existencia natural se mide por el aevum o eviternidad (ST I, q. 10, a. 5).

Criaturas reales, pero finitas

Nada de esto es ajeno a la vida cristiana corriente, sostiene el autor. La angelología obliga a afrontar una pregunta que la cultura moderna suele esquivar, la de si la materia es toda la realidad. El cristianismo responde que no. También rechaza el error opuesto, que convierte lo «espiritual» en sinónimo de irracional, difuso o mágico. Los ángeles no son energías, ni difuntos, ni dioses menores. Son inteligencias y voluntades creadas, reales y finitas.

Este último rasgo es, a juicio de Giordano, el más importante de recuperar. Quienes se fascinan con los demonios les atribuyen con frecuencia poderes que el cristianismo nunca les ha reconocido. Así Satanás acaba convertido en una suerte de antidiós casi omnisciente, aparentemente omnipresente y capaz de manipular cualquier pensamiento o incluso de forzar a pecar. «Nada de esto es católico», afirma. El demonio es un ángel caído cuya inteligencia y cuyos poderes naturales pueden superar con mucho los nuestros, pero sigue siendo una criatura. No puede crear, no está en todas partes y no lo sabe todo. Tampoco conoce el corazón humano como lo conoce Dios, ni puede forzar la voluntad.

Santo Tomás resulta especialmente valioso porque, cuanto más en serio se toma la acción demoníaca, con más cuidado define sus límites. Los ángeles pueden influir en la imaginación y en las pasiones. El demonio puede sugerir, provocar, aprovechar los hábitos y presentar bienes aparentes de forma distorsionada. Pero la voluntad permanece libre para consentir o resistir (ST I, q. 111, a. 2). Cuando el Doctor Angélico se pregunta si el diablo puede hacer pecar al hombre por necesidad, responde que el diablo «de ningún modo puede obligar al hombre a pecar» (ST I-II, q. 80, a. 3).

La estrategia de la fragmentación

De ahí que la tentación actúe casi siempre a través de algo que parece bueno, porque el mal rara vez se presenta como tal. El placer es bueno, pero desligado del amor se vuelve destructivo. La libertad, separada de la verdad, acaba volviéndose contra quien la ejerce. La justicia sin misericordia puede degenerar en venganza, y el celo sin caridad, en crueldad. La estrategia demoníaca consiste con frecuencia en fragmentar, en separar realidades llamadas a estar unidas. Enfrenta la imaginación a la razón, la pasión a la prudencia, la libertad a la verdad y el individuo a la comunión.

En esa lógica ve el autor la actualidad cultural de la angelología. Vivimos, escribe, en una civilización que se ha vuelto muy hábil en separar lo que debería permanecer unido, como los derechos de los deberes, la libertad de la verdad, el deseo de la naturaleza, la técnica de sus fines morales y la individualidad de la comunidad. No se trata de atribuir cada desorden cultural a una influencia demoníaca directa. La tradición católica habla con sabiduría del mundo, el demonio y la carne, en lugar de reducirlo todo al demonio. Pero su descripción de la tentación ayuda a reconocer una lógica espiritual recurrente, en la que los bienes parciales se vuelven destructivos cuando se arrancan del orden del conjunto.

Al servicio de la Providencia

El ministerio de los ángeles buenos va en sentido contrario. Actúan dentro de la Providencia y no suprimen la libertad, sino que la ayudan a orientarse hacia el bien. No sustituyen a la conciencia, a la prudencia ni a la gracia sacramental. Su ministerio no atrae la mirada hacia sí, sino hacia Dios. Por eso una espiritualidad obsesionada por el conocimiento secreto, las experiencias extraordinarias o la superioridad espiritual se aleja ya, advierte, del carácter propio del ministerio angélico. El ángel sirve y remite más allá de sí mismo.

Los seminaristas de Kuching creían preguntar por los ángeles, pero en realidad preguntaban por la estructura de la realidad. Querían saber si lo visible es todo, si el espíritu puede actuar sobre la materia, cuánto poder tiene el mal, qué queda de la libertad humana en medio de la tentación y dónde está Dios en relación con todo ello. No son preguntas infantiles, y la Iglesia no debería avergonzarse de ellas. Octubre, mes en que se celebra a los Santos Ángeles Custodios, es a su juicio un buen momento para recuperarlas.

El cierre del artículo vuelve sobre la tesis de fondo. Ángeles y demonios son reales, pero ninguno de ellos es un dios. Son criaturas que, por grande que parezca su inteligencia o su poder comparados con los nuestros, existen dentro de un orden que no crearon y del que no pueden escapar. Todo ministerio angélico, toda tentación demoníaca y todo acto humano se inscriben así en una creación cuya primera y última palabra no pertenece a ninguna criatura, visible o invisible, sino a Dios.

3 comentarios

Sancho
Versículos para reflexionar sobre la naturaleza de los ángeles y los hombres:

"Y de los ángeles dice: El que hace a sus ángeles vientos, y a sus servidores llamas de fuego" (Heb. 1, 7).

"Y sé que este hombre –no sé si con el cuerpo o fuera de él, ¡Dios lo sabe!– fue arrebatado al paraíso, y oyó palabras inefables que el hombre es incapaz de repetir" (2 Cor. 12, 3).

"¿qué es el hombre para que pienses en él, el ser humano para que lo cuides? Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y esplendor" (Sal. 8, 5-6).

"Cuando los hombres comenzaron a multiplicarse sobre la tierra y les nacieron hijas, los hijos de Dios vieron que estas eran hermosas, y tomaron como mujeres a todas las que quisieron....En aquellos días –y aún después– cuando los hijos de Dios se unieron con las hijas de los hombres y ellas tuvieron hijos, había en la tierra gigantes: estos fueron los héroes famosos de la antigüedad" (Gen. 6, 1-2.4).

"El día en que los hijos de Dios fueron a presentarse delante del Señor, también el Adversario estaba en medio de ellos. El Señor le dijo: "¿De dónde vienes?". El Adversario respondió al Señor: "De rondar por la tierra, yendo de aquí para allá" (Job. 1, 6-7).

"Los que son juzgados dignos de participar del mundo futuro y de la resurrección...Ya no pueden morir, porque son semejantes a los ángeles y, al ser hijos de la resurrección, son hijos de Dios" (Lc
26/10/26 8:30 PM
Maximiliano
No habrá día ni fecha limite en la Historia humana, en la que no sea repetir que los enemigos del alma son el : MUNDO / DEMONIO / Y LA CARNE. Los demonios son todo : destrucción, degeneración, desesperación y desesperación, en lo cual se convertirán las almas humanas que no sigan a CRISTO. Odian el Rosario y la Confesión.

Los ángeles se convirtieron en malos debido a un acto de soberbia, reclamando un libre albedrío y desobediencia hacia Dios, lo que provocó su expulsión del cielo.

El inicio es provocado por la rebelión y el orgullo de Lucifer. Lucifer era un querubín de gran hermosura y sabiduría, pero su orgullo le perdió y lo llevó a desear ser igual o superior a DIOS . Rechazó el plan y la autoridad divina mediante una elección libre, arrastrando consigo a una parte de las huestes celestiales (se le suele describir, ante su número, como las "estrellas del cielo") y se convirtieron en demonios. Pero fueron derrotados y confinados o arrojados a la Tierra por su rebeldía. El pecado es su obsesiva cosecha para la CONDENACIÓN de las almas en la ETERNIDAD, la cual - terrible - no tendrá fin JAMÁS.
26/10/26 8:49 PM
Alberto Ramón Althaus
El artículo está bien pero es necesario mejorarlo.
Primero hay que señalar que los ángeles son personas y, por lo tanto, tienen libre albedrío.
Los ángeles son simples y están formados por esencia y existencia por lo que Satanás al decidirse a hacerle la guerra a Dios y darle muerte en Cristo se convirtió todo él en asesino por naturaleza cosa que no ocurrió con Adán y Eva.
Con respecto al accionar de los ángeles malos no deben ser subestimado porque San Pablo dijo que nuestra guerra es contra los espíritus inmundos de los aires.
Así que en toda decisión mala que toma un ser humano es muy posible que esté un ángel malvado detrás susurrándole al oído y tentándolo porque la tentación primera viene del demonio así que es muy posible que en toda acción mala o necia se encuentre al comienzo la voz del espíritu inmundo diciendo: "puedes hacerlo", "acelera más", "no tengas miedo", "demuestra lo que vales", etc.
Este primer empujoncito, muchas veces, y algunos posteriores son vistos por la persona humana como propios y no como demoníacos y tengamos presente que los ángeles son mucho más inteligentes que los hombres, el demonio es "doctor en teología".
Por lo que hay que tomar en serio el tema de que nuestra batalla es contra los espíritus inmundos de los aires.
Recién aquí toma su real importancia los aportes del articulista teólogo Francesco Giordano.
27/10/26 3:46 PM

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