(kath.net/InfoCatólica) Sor Helen Alford provocó el miércoles en el Vaticano un notable desconcierto entre los fieles. La religiosa dominica británica, presidenta de la Academia Pontificia de Ciencias Sociales, pronunció una meditación sobre el anuncio del Evangelio en el ámbito de la familia, dentro de los actos con los que se conmemora el décimo aniversario de la exhortación postsinodal Amoris laetitia, sobre el amor en la familia.
En su intervención, la economista, nacida en Londres el 1 de mayo de 1964, planteó una tesis llamativa: que Jesús, junto al pozo, habría estado al principio «flirteando» con la mujer samaritana del Evangelio de San Juan. Tal como ella misma admitió con toda franqueza, la teoría la había ideado «uno de mis hermanos dominicos».
Sor Helen Alford, O.P., preside la Academia Pontificia de Ciencias Sociales desde 2023. Sus palabras en el Vaticano, que la Mason-Dixon Latin Mass Society difundió en las redes sociales ese mismo día, darán previsiblemente que hablar en los ambientes católicos.
Lo que dice de verdad el Evangelio
El pasaje al que se refería la religiosa es el del capítulo cuarto de San Juan, a partir del versículo 5. Jesús, cansado del camino, se sienta junto al pozo de Jacob, en Sicar de Samaría, hacia la hora sexta, mientras sus discípulos han ido a la ciudad a comprar comida. Llega una mujer a sacar agua y el Señor le pide de beber. Ella se sorprende de que un judío le hable a una samaritana, porque judíos y samaritanos no se tratan.
Jesús le responde que, si conociera el don de Dios y quién es el que le pide de beber, sería ella quien se lo pediría a Él, y Él le daría agua viva: quien beba del agua que Él da no tendrá sed jamás, porque se convertirá dentro de él en un manantial que salta hasta la vida eterna. Después le manda llamar a su marido. Cuando ella dice que no lo tiene, el Señor le revela que ha tenido cinco maridos y que el que ahora tiene no es su marido.
La mujer reconoce entonces que está ante un profeta y le pregunta dónde se debe adorar a Dios. Jesús le anuncia que llega la hora, y es ya, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, y se le revela como el Mesías: «Soy yo, el que habla contigo». A su regreso, los discípulos se extrañan de que hable con una mujer, pero ninguno le pregunta nada.
La samaritana deja su cántaro, vuelve a la ciudad y anuncia a sus vecinos que ha encontrado a un hombre que le ha dicho todo lo que ha hecho. Muchos samaritanos creen en Jesús por el testimonio de la mujer, y muchos más por su propia palabra, hasta el punto de decirle a ella que ya no creen por lo que les ha contado, sino porque ellos mismos han oído y saben que Él es de verdad el Salvador del mundo.








