(The Catholic Herald/InfoCatólica) Acompañar a las personas allí donde están no significa dejar de enseñarles la doctrina de la Iglesia. Esa es la tesis que el arzobispo de Perth y presidente de la Conferencia Episcopal Australiana, Timothy Costelloe, ha defendido en declaraciones exclusivas a The Catholic Herald. «No sería partidario de no enseñar la doctrina de la Iglesia ni de plantearla, de algún modo, como un interrogante», afirmó el prelado al margen de una rueda de prensa del congreso que el Vaticano celebra con motivo del décimo aniversario de Amoris laetitia.
Según recoge el diario británico, Costelloe, que cumple su tercer y último mandato al frente del episcopado australiano, considera que el desafío actual de la Iglesia consiste en permanecer fiel a su enseñanza y, al mismo tiempo, conducir a las personas hacia esos mismos ideales.
En el discurso del viernes y en las declaraciones posteriores, Costelloe empleó numerosas veces la palabra «ideal». El término tiene implicaciones precisas, y remiten al fondo de las desviaciones y polémicas del Sínodo de la Familia de Francisco, el matrimonio cristiano no es un ideal, no solo.
Juan Pablo II se ocupó de ellas en 1981, en Familiaris consortio. En el número 34 de la exhortación advirtió a los esposos de que no pueden mirar la ley moral como un mero ideal que se alcanzará en el futuro, y les pidió considerarla un mandato de Cristo que obliga a superar con valentía las dificultades. En ese mismo número fijó una distinción que desde entonces ha sido una referencia constante en la pastoral familiar. La «ley de gradualidad» describe el camino por el que una persona crece poco a poco en el bien, con caídas y recomienzos, y la Iglesia la acepta. En cambio, la «gradualidad de la ley» supondría que el precepto divino tiene grados o formas distintas según las personas y las situaciones, y el Papa la rechazó expresamente.
Doce años después, Juan Pablo II volvió sobre la cuestión en Veritatis splendor. En el número 103 calificó de error gravísimo concluir que la norma enseñada por la Iglesia es en sí misma un «ideal» que debe adaptarse, graduarse o proporcionarse a las posibilidades concretas del hombre. El fundamento es una doctrina definida en Trento, que recogió una frase de San Agustín: Dios no manda cosas imposibles y, cuando manda, da la gracia para cumplir lo que pide. De este modo, lo gradual es el camino de la persona y no la exigencia, que ya obliga en el presente. Costelloe defendió que la Iglesia no debe presentar su doctrina como un interrogante, y en eso coincide con Juan Pablo II. Sin embargo, al hablar de ayudar a las parejas a avanzar «hacia el ideal», no resuelve la interpretación ambigua por parte de algunos de situar la meta en el futuro. La encíclica de 1993 se adelantaba a esa objeción con una pregunta: de qué posibilidades concretas se habla, si de las del hombre dominado por la concupiscencia o de las del hombre redimido por Cristo.
La convivencia antes del matrimonio
La pregunta del Herald partía de la intervención que el arzobispo había pronunciado ese mismo día, 9 de octubre, ante el congreso, en la que abordó el aumento de las parejas que conviven antes de casarse. «Aunque las parejas jóvenes que conviven antes de casarse no alcanzan el ideal del matrimonio cristiano, esto no significa que no haya nada bueno en sus relaciones; salimos a su encuentro allí donde están y las acompañamos mientras avanzan hacia una expresión más plena del ideal cristiano», dijo entonces.
A continuación añadió: «Pero, como pregunta el Papa Francisco en Amoris laetitia, "¿Quién habla hoy de estas cosas? ¿Quién es capaz de tomarse en serio a los jóvenes? ¿Quién les ayuda a prepararse en serio para un amor grande y generoso?"» (AL 284).
Fidelidad al ideal
El periodista le preguntó cómo concibe en la práctica un acompañamiento que no corra el riesgo de contradecir en silencio la doctrina de la Iglesia por el simple hecho de no enseñarla. Costelloe respondió que la fidelidad a la enseñanza no admite rebajas. «Creo que es importante darse cuenta, y pienso que esta es una de las grandes fortalezas del catolicismo, de que no transigimos con nuestros ideales. Sabemos lo que enseña nuestra Iglesia y queremos permanecer fieles a esos ideales», declaró.
Según el Herald, el arzobispo se refirió a los sacramentos como medio para reorientar la vida espiritual, también en el caso de las parejas que conviven sin estar casadas. «Gracias a nuestra tradición tenemos el sacramento de la reconciliación, pedimos misericordia al comienzo de cada Misa. Todos nos reconocemos pecadores necesitados de conversión y de un camino hacia algo mejor. Eso también es así en esta situación», explicó.
Para Costelloe, el reto de la Iglesia reside en «tratar de mantener el equilibrio entre la fidelidad al ideal y la capacidad de salir al encuentro de las personas allí donde están, para ayudarlas a avanzar hacia ese ideal. Así es como yo lo entendería».
Sin pautas generales
Preguntado por la misma cuestión por el National Catholic Reporter, el prelado se mostró poco partidario de establecer directrices fijas para acompañar a las parejas hacia el ideal cristiano, porque «cada situación es diferente». «Todo el sentido del acompañamiento pastoral es que te encuentras con una pareja [...] e intentas averiguar, ¿cómo puedo ayudarla a dar los siguientes pasos?», señaló.
Un debate reabierto diez años después
La relación entre acompañamiento y doctrina ha estado en el centro de la discusión eclesial desde la publicación de Amoris laetitia en 2016, y el congreso del décimo aniversario la ha devuelto a primer plano. Numerosos prelados han insistido en estos años en la necesidad de acompañar a las personas allí donde se encuentran. Diversos críticos, en cambio, han advertido de que en la práctica esa fórmula se traduce a menudo en un abandono de la enseñanza católica, sobre todo en materia de vida y sexualidad.
A juicio de The Catholic Herald, la afirmación de Costelloe será bien recibida por quienes se han mostrado preocupados por el rumbo que Amoris laetitia ha marcado en la Iglesia, con un énfasis en el acompañamiento y la conciencia individual en detrimento de la aplicación de la doctrina y la ley católicas. El mismo medio advierte, sin embargo, de que los escépticos objetarán que esas palabras no se corresponden con la realidad de buena parte de la Iglesia, donde parejas en situaciones irregulares participan con normalidad de la vida sacramental. Como otro ejemplo, cita Fiducia supplicans, un documento que se ha utilizado para promover la aceptación de las parejas del mismo sexo en la Iglesia a partir de las bendiciones que autoriza.








