(InfoCatólica) Dorothy Day es uno de esos personajes extraordinarios que se resisten tenazmente a la clasificación. La periodista norteamericana fue comunista y atea, pero, tras su conversión al catolicismo, terminó por hacerse oblata benedictina. Fiel a su preocupación por la clase obrera, fundó junto con Peter Maurin el Movimiento del Trabajador Católico en 1933 y se dedicó a una intensa labor de promoción de las causas sociales, la no violencia y la objeción de conciencia, a la vez que creaba casas de acogida para los pobres.
Su causa de beatificación se abrió en el año 2000 y la parte diocesana del proceso, en la que se recoge toda la información necesaria, concluyó en 2021. Actualmente está en curso la fase romana de la causa, que puede llevar a la declaración de virtudes heroicas y la beatificación.
En la revista católica norteamericana Crisis, sin embargo, se ha publicado recientemente un artículo contra el proceso de beatificación de Day. El artículo, firmado por Michael Hichborn, comienza de forma provocadora: «Solo hay una razón por la que se promueve su beatificación: la canonización del socialismo».
Hichborn matiza enseguida que él no afirma que Dorothy Day fuera socialista, sino solo que su canonización se está promoviendo para canonizar el socialismo. «Son dos cosas diferentes y muy distintas», explica. En ese sentido, compara el proceso de beatificación de Day con la canonización de Pablo VI y Juan XXIII, que, en su opinión, «se debió, en gran medida, al deseo de consagrar el Concilio Vaticano II en la memoria oficial de la Iglesia como un bien incuestionable. Elevar a alguien a los altares implica elevar también su proyecto».
En el mismo sentido, Hichborn critica los cambios de los procesos de beatificación y canonización realizados en tiempos de Juan Pablo II. En particular, cuestiona la gran reducción de los plazos para empezar el proceso de beatificación después de la muerte del posible beato (de cincuenta años a solo cinco) y, sobre todo, la desaparición de la figura del abogado del diablo, encargado de plantear objeciones al proceso.
«El resultado es desastroso», afirma Hichborn, «porque el proceso refleja ahora un acto de voluntad institucional más que un juicio sobre la verdad; y el desenlace suele ser la exaltación de un ‘ismo’ en lugar de la de una persona». «Si todavía existiera la figura del abogado del diablo, la causa de Dorothy Day no prosperaría».
Es cierto que Dorothy Day fue una figura compleja y controvertida. En particular, Hichborn critica la ambigüedad de su «larga trayectoria de denuncia del comunismo a la vez que elogiaba a sus pensadores, líderes y revolucionarios». En efecto, Day abandonó el comunismo tras su conversión y lo calificó de herejía, además de rechazar la lucha de clases y el materialismo ateo, pero también alabó en diversas ocasiones a la China de Mao o a Fidel Castro («que Dios bendiga a Castro y a todos aquellos que ven a Cristo en los pobres», escribió en una ocasión).
Según Hichborn, «esta ambigüedad del lenguaje es la razón por la que se está impulsando su causa ahora. Su causa se promueve porque resulta útil. Bautiza una ideología revolucionaria». Sin embargo, «los pobres no necesitan una patrona cuyas simpatías políticas más conocidas se dirigían hacia regímenes que generaron millones de nuevos pobres».
Es muy posible que la tesis de Michael Hichborn, presidente del Instituto Lepanto, esté poco matizada o sea exagerada y que unas cuantas frases desafortunadas de Dorothy Day no deban ser un obstáculo para su posible beatificación. O sí deban serlo, la Iglesia lo decidirá. En cualquier caso, el artículo Hichborn plantea un debate más amplio al señalar varias preocupaciones que muchos comparten por la deriva de los procesos de beatificación y canonización, quizá indebidamente acortados e influidos por motivaciones coyunturales.








