(InfoCatólica) Prácticamente todos los obispos alemanes son militantemente contrarios al partido Alternativa para Alemania (AfD), una formación política de derechas, culpable de presentarse como contraria a la inmigración masiva y a la participación en guerras ajenas como la de Ucrania y más bien favorable al matrimonio entre un hombre y una mujer y a que las subvenciones del Estado a grupos religiosos se usen transparentemente y solo para los fines previstos en cada subvención.
Se trata de pecados prácticamente imperdonables para los obispos alemanes, que se pronunciaron hace tiempo colectivamente contra la AfD, indicando que «el nacionalismo populista y el cristianismo son incompatibles» (a diferencia, por ejemplo, de la ideología LGBT, que, para ellos, parece ser perfectamente compatible con el cristianismo). Entre todos esos obispos, sin embargo, destaca Mons. Gerhard Feige, obispo de Magdeburgo, para el que la AfD se convirtió hace tiempo en una obsesión.
Resulta interesante, pues, conocer sus reacciones a la victoria de la AfD en el estado de Sajonia-Anhalt al que pertenece su diócesis, manifestadas en una entrevista concedida a la agencia de noticias KNA.
Parafraseando a San Pablo, Mons. Feige afirma que está «desilusionado, alienado y preocupado, pero no desesperado». ¿Se ha agarrado a su fe en Cristo en este momento tan difícil para él? Más bien, su esperanza está puesta en que «todavía existe una mayoría en Sajonia-Anhalt para la que la democracia liberal es un valor elevado y no solo un medio para un fin». Con esto hace referencia a que, aunque la AfD fue la fuerza más votada, con un 44% de los votos, no consiguió la mayoría absoluta. Cada uno busca sus consuelos donde puede.
En ese sentido, el obispo mira al futuro y afirma, desafiante, que «conectados con la sociedad civil, seguiremos defendiendo la dignidad de cada ser humano, la convivencia tolerante y la paz social», una perspectiva algo pobre para un obispo y tan vaga que podría ser firmada igualmente por sus enemigos del AfD. En ese momento, introduciendo por fin algo que suena un poco a cristiano, el prelado explica que «finalmente, me motiva y sostiene lo que está escrito en la Biblia: ‘Dios no nos ha dado un espíritu de desánimo, sino un espíritu de poder, amor y prudencia’». Sin duda es así, aunque no parece que la frase de San Pablo se refiera a la confianza en la victoria de la «democracia liberal».
El entrevistador pregunta al obispo si le sorprende que tantos cristianos (en torno al 30%) hayan votado a favor de la AfD. Previsiblemente, en lugar de hacer una mínima autocrítica y pensar que algo tendrá que ver que la AfD sea más favorable al matrimonio entre un hombre y una mujer o a la preservación de la cultura cristiana que los propios obispos, Mons. Feige explica que, aunque el «evangelio puede hacer que las personas sean más humanas», «los cristianos también pueden caer en el espíritu de la época y sus ideologías». La ironía de que esto lo diga un obispo alemán, férreo defensor de todas las modas anticatólicas posmodernas y partidario de que la Iglesia se descatolice para adaptarse al mundo, no parece haber sido percibida por Mons. Feige.
El resto de la entrevista se resume en una serie de gruesas invectivas contra los políticos y votantes de la AfD: «inversión de la realidad», «mentiras e insinuaciones», «demagogia», «cinismo», «círculos conservadores de derechas», «cristianismo cultural identitario que no piensa en el principal mandamiento del amor al prójimo», «religiosidad individualista», «reacciones francamente odiosas y obscenas», «criminales», «insultos», «difamaciones» y «declaraciones anti-Iglesias» (sic), etc.
Por último, el obispo de Magdeburgo, expone su confianza en que «la mayoría de los habitantes de Sajonia-Anhalt no se dejarán aislar de nuevo, sino que seguirán siendo tan cosmopolitas y amigables con los extranjeros como yo. Al fin y al cabo, toda nuestra sociedad vive de eso. Por último, pero no menos importante, para mí esto significa poder seguir comiendo comida italiana y española, griega y croata o turca e india en el futuro».
Mons. Feige presentará su dimisión por edad el mes que viene (de hecho, afirma que tiene ganas de jubilarse, para tener «una vida con menos presión y más autodeterminación»). Sus palabras, sin embargo, son muy reveladoras de las prioridades de los obispos alemanes, que no tienen inconveniente en que el camino sinodal cambie la fe y la moral de la Iglesia, pero reaccionan airadamente ante la mera posibilidad de limitar la inmigración, rechazar la ideología de género o poner coto al chiringuito de las ONG progresistas con barniz religioso.








