(InfoCatólica) Hace dos meses, el sitio web oficioso de la Conferencia Episcopal Suiza, Cath.ch, publicó un artículo que ha pasado prácticamente inadvertido. En él se explica que lo que pidieron oficialmente y sin éxito los obispos alemanes a Roma, las homilías laicales, en Suiza lleva años haciéndose con un perfil bajo y sin problemas. Bastaba con no preguntar.
En el artículo titulado «¿Qué lugar ocupa la predicación de los laicos en Suiza?», se señala que en todas las diócesis suizas los laicos pronuncian homilías según las directrices aprobadas por los obispos. La única excepción es la parte francófona de la diócesis de Friburgo, donde los laicos solo son invitados ocasionalmente a dar un «testimonio» durante la homilía.
Esto es llamativo, porque, como recuerda Cath.ch, el Dicasterio para el Culto Divino del Vaticano repitió este verano su negativa a que los laicos pudieran predicar durante las Misas, como había pedido de nuevo la Conferencia Episcopal Alemana. El cardenal Roche, prefecto del Dicasterio, fue claro y contundente: «no puede concederse dispensa mediante indulto de la norma establecida en el can. 767 § 1, ni siquiera en presencia de graves consideraciones pastorales».
En Suiza, sin embargo, hay directrices aprobadas por la Conferencia Episcopal Suiza que establecen lo contrario. Estas directrices figuran en el documento «Laicos autorizados al servicio de la Iglesia» de 2005. El documento describe el papel de los laicos en la predicación, la liturgia y la participación en la dirección de la parroquia. En él se establece que los laicos pueden ser admitidos al servicio de la predicación «si la necesidad lo requiere en determinadas circunstancias, o si la utilidad lo aconseja en casos particulares».
Este permiso no se refiere solo a las celebraciones de la Palabra en ausencia de presbítero, sino también a las Misas. El objetivo sería «aliviar a los sacerdotes, cada vez menos numerosos y de mayor edad», según se precisa en el documento. Así, los «agentes pastorales» que hayan cursado estudios de teología y cuenten con el mandato del obispo pueden «pronunciar una palabra de predicación o una meditación adaptada a la celebración».
De conformidad con la normativa suiza, esto debe realizarse en coordinación con el párroco o el sacerdote celebrante. En tal caso, el sacerdote debe aclarar, mediante una bendición o unas breves palabras de introducción, que la persona que predica «interpreta la Palabra de Dios en nombre del celebrante».
¿Cuál es la justificación para continuar haciendo esto contra las claras indicaciones de la Iglesia? Según dice Maurice Greder, el Jefe de Comunicaciones de la Conferencia Episcopal Suiza, el papa Benedicto XVI conoció estas directrices durante un encuentro entre diversas congregaciones vaticanas (hoy denominadas dicasterios) y la Conferencia Episcopal helvética. Obviamente, fallecido Benedicto XVI, resulta imposible confirmar de forma independiente el grado de exactitud de esta afirmación, que a primera vista resulta muy poco creíble.
También afirmó Greder que las directrices suizas «son objeto de diálogo con la Sede Apostólica en cada visita ad limina de la Conferencia Episcopal. Así sucederá también en la próxima ocasión». De nuevo, es una afirmación deliberadamente ambigua, porque parece muy poco probable que, en la brevísima visita ad limina al Vaticano de los obispos suizos, por un lado hayan discutido específicamente cosas tan concretas y, por otro, hayan recibido una aprobación de algo que requeriría un permiso específico y oficial del Dicasterio para el Culto, algo que acaba de negarse públicamente a los obispos alemanes.
Parece, más bien, que el secreto para hacer lo que uno quiere al margen de lo que mande la Santa Sede es, simplemente, actuar discretamente y no hacer olas. Los obispos alemanes no han entendido esto o quizá pensaban que, después del pontificado del Papa Francisco, el momento estaba maduro para sus experimentos. Los prelados suizos, más astutos, simplemente han seguido y seguirán haciendo lo que quieren, sin preguntar y arriesgarse a recibir una respuesta desagradable.








