(InfoCatólica) Cinco mujeres que acusan de abusos a Marko Ivan Rupnik denuncian ahora un daño añadido, el silencio. En una carta abierta dirigida al Papa León XIV y fechada en Roma este miércoles, 23 de septiembre, aseguran que solo conocen por la prensa que se ha abierto un proceso contra el sacerdote esloveno y reclaman que el juicio se celebre con transparencia, celeridad e imparcialidad para que su resultado, sea cual sea, «no conserve sombras».
La misiva, difundida a través de su abogada, Laura Sgrò, llega dos días antes de que el Pontífice emprenda su viaje apostólico a Francia, durante el cual se reunirá en privado con víctimas de abusos en Lourdes. La firman Gloria Branciani, Mirjam Kovač, Sor Samuelle, Vida Bernard y una quinta mujer que utiliza el nombre ficticio de Pia porque, según explican, teme fundadamente sufrir represalias.
Los mosaicos cubiertos de Lourdes
Las firmantes eligen el momento con intención. El Papa visitará un santuario en el que ya no serán visibles, en la fachada de la basílica, los mosaicos de Rupnik, después de que el Obispo de Tarbes y Lourdes, Jean-Marc Micas, decidiera cubrirlos definitivamente. Las cinco mujeres celebran la medida como «un gesto muy fuerte y valiente que hemos apreciado mucho, también porque hacia nosotras nunca se ha respirado un aire de solidaridad; al contrario, siempre hemos sido muy atacadas y obstaculizadas».
Los mosaicos se han ocultado a tiempo para la llegada del Papa, dada la estrecha relación entre la obra artística del sacerdote y los abusos que se le atribuyen. Varias de las denunciantes han relatado cómo se producían mientras trabajaban en los mosaicos, en el centro artístico que Rupnik dirigía en Roma o en conexión con los sacramentos. El semanario británico The Catholic Herald recuerda que más de una víctima le acusa de haberles exigido relaciones sexuales a tres «en honor de la Trinidad» y que una de ellas afirmó que le indicó que abortara si quedaba embarazada tras violarla.
«La violencia del silencio»
Los elogios se detienen ahí. El núcleo de la carta es la queja por el secreto que rodea el procedimiento. Su abogada, explican, ha pedido en repetidas ocasiones y por todos los medios al Dicasterio para la Doctrina de la Fe «un mínimo de claridad» sobre el proceso en el que figuran como víctimas, sin obtener nunca respuesta.
«Este silencio estruendoso y prolongado lo vivimos las víctimas como una violencia adicional y continuada, que se suma, con el peso de una roca, a la violencia que ya hemos sufrido. Violencia sexual, física, psicológica, espiritual, una violencia prolongada en el alma, a la que ahora se añade también esta nueva y dolorosa violencia del silencio y del abandono del sistema judicial», escriben.
Sgrò no representa a las mujeres ante el tribunal vaticano, porque la acusación la ejerce la propia Santa Sede, y que, según la letrada, sus clientas no han sido llamadas a aportar pruebas. Tanto ella como las denunciantes supieron que el juicio estaba en marcha cuando, este verano, varios medios apuntaron a una posible absolución.
Las firmantes lamentan además el trato público recibido. «Hemos sido acusadas, mejor dicho, difamadas, de ser unas meretrices, unas mentirosas, de haber cobrado dinero para acusar a don Rupnik, de habernos enriquecido con esta horrible historia», afirman. A su juicio, esa violencia pública desanima a quienes han sufrido lo mismo y querrían denunciar, y el mensaje que ha calado es que «es inútil denunciar un abuso ante la autoridad eclesiástica, porque no pasa nada, nadie pagará y las víctimas nunca tendrán justicia».
Un proceso sin detalles públicos
Los hechos denunciados se remontan a principios de los años noventa y afectan a religiosas de la Comunidad Loyola de Liubliana, fundada por un religioso del que Rupnik era amigo y padre espiritual. Cuando estalló el caso, los jesuitas admitieron que el sacerdote había sido sancionado con algunas restricciones tras una investigación por abusos sexuales y psicológicos, mientras que el dicasterio vaticano consideró los hechos prescritos y archivó el caso a principios de octubre de 2022.
En 2023, el Vaticano anunció que Francisco había pedido al Dicasterio para la Doctrina de la Fe que examinara el caso y había decidido levantar la prescripción para permitir la celebración de un juicio. Los jueces fueron designados en octubre de 2025 y no se ha hecho público de qué se acusa exactamente a Rupnik.
Ante los rumores de absolución de julio, la Sala de Prensa de la Santa Sede defendió la reserva del procedimiento. «Durante el proceso, como en todo procedimiento judicial, no puede compartirse de ningún modo información alguna sobre la investigación en curso, por respeto al propio proceso y para evitar causar daño a todas las personas implicadas en el asunto, como ha ocurrido en los últimos días», señaló.
Las víctimas responden que «un proceso celebrado en el olvido no ofrece garantías a nadie, ni al acusado ni a las víctimas, y es incompatible con los propios conceptos de derecho, verdad, justicia, equidad y misericordia» que, dicen, el Papa siempre ha tenido presentes.
La petición al Papa
León XIV solo se ha pronunciado públicamente sobre el caso en una ocasión, en noviembre del año pasado, poco después del nombramiento de los jueces. «El principio de presunción de inocencia hasta que se demuestre la culpabilidad vale también en la Iglesia. Ojalá este proceso que apenas comienza pueda aportar algo de claridad y justicia a todos los implicados», declaró entonces.
The Catholic Herald atribuye al actual Pontífice una mayor distancia respecto a Rupnik que su predecesor, y recuerda que ordenó retirar sus obras de las webs vaticanas y sustituyó al prefecto del Dicasterio para la Comunicación, que había defendido públicamente el uso de ese arte, por Montse Alvarado, antigua directiva de EWTN.
Las cinco mujeres cierran su carta confiando en él. «Confiamos en usted, Santo Padre, como supremo Pastor de la Iglesia, para que ejerza su suprema potestad de juicio y de gracia y escuche nuestra petición, que es la de toda víctima de abusos que desea el reconocimiento de la verdad mediante un proceso justo», escriben. Piden que se garanticen «el derecho de contradicción entre las partes, la claridad, la transparencia, la celeridad, la imparcialidad y la independencia de los jueces» y aseguran que no renunciarán a la justicia hasta que se reconozca la gravedad de los hechos y el responsable sea castigado.
«Necesitamos la Verdad, Santidad, pero, al igual que nosotras, también la Iglesia la necesita mucho».








