(GaudiumPress/InfoCatólica) A muchos occidentales esto les podría parecer cosa de «africanos». Pero el paganismo y la superstición también están a la orden del día.
Encender una vela al santo para pedir protección y otra al diablo. Con esa imagen describió el Arzobispo de Lubango (Angola), Gabriel Mbilingi, la contradicción en la que viven algunos católicos que, pese a haber abrazado la fe, no terminan de romper con las prácticas paganas anteriores a su conversión.
El prelado pronunció estas palabras en la homilía de la misa celebrada el domingo 13 de septiembre en la Catedral de San José de Lubango, con la que concluyó una visita pastoral a instituciones religiosas y públicas del municipio. En ella sostuvo que la conversión al cristianismo debe implicar también una transformación de actitudes, costumbres y decisiones.
«Todavía hay cristianos que, a pesar de haber abrazado la fe, siguen apegados a costumbres que recibieron antes de su conversión», afirmó el Arzobispo, miembro de la Congregación del Espíritu Santo (espiritanos).
Una vida dividida
Según explicó, el miedo impide a algunos fieles abandonar esas prácticas, lo que provoca «una especie de división en la vida de los fieles». «Hay cristianos católicos que tienen miedo de abandonar algunas prácticas paganas; tienen miedo. Estas personas encienden una vela al santo para pedir protección, pero también encienden una vela al diablo», dijo.
Para Mbilingi, estas contradicciones ponen de manifiesto la necesidad de una evangelización sostenida, que permita a los cristianos discernir qué es compatible con el Evangelio y qué pertenece a prácticas que aún no han sido plenamente evangelizadas.
«El bien y el mal están dentro, y la boca saca lo que hay en el interior. Por eso, en este día, seguramente esta Palabra nos despierta a la autenticidad de nuestra fe, para que no vivamos en la hipocresía», señaló.
Un pie a cada lado de la vía
El Arzobispo insistió en que la identidad cristiana no puede quedarse en las apariencias. «La vida cristiana exige una elección coherente y no una existencia dividida entre referencias incompatibles», afirmó, y comparó esa doble vida con la de quien intenta caminar con «un pie a este lado de la vía del tren y el otro pie al otro lado de la vía del tren».
La vocación cristiana, subrayó, reclama un compromiso claro con Cristo. «Es una ilusión. Seguir a Cristo, recibir el cuerpo y la sangre de Cristo, estar en comunión con Él y al mismo tiempo estar en comunión con los demonios», advirtió.
Una casa edificada sobre roca
Siguiendo la enseñanza evangélica sobre los árboles y sus frutos, el prelado recordó que la fe cristiana debe hacerse visible en obras concretas, y exhortó a los fieles a edificar su vida sobre una fe capaz de sobrevivir a la adversidad.
«Quien oye, quien escucha la Palabra y procura ponerla en práctica es como quien edificó su casa sobre roca», dijo, antes de insistir en que los cristianos necesitan «una fe capaz de resistir las dificultades».








