(Opoka/InfoCatólica) «No existe un derecho de los padres a tener un hijo, pero es evidente el derecho del hijo a la vida y a la salud». Con esta frase resume Wojciech Zięba, presidente de la Asociación Polaca de Defensores de la Vida Humana, la carta abierta que ha dirigido a la primera dama de Polonia, Marta Nawrocka, tras el respaldo que esta dio a la fecundación in vitro en una entrevista televisiva.
La esposa del presidente polaco defendió esa técnica en una conversación con el periodista Bogdan Rymanowski, quien le preguntó cómo la conciliaba con su fe católica. «Si alguien quiere recurrir al in vitro, que recurra», afirmó. En la misma entrevista se pronunció en contra del aborto y, preguntada por las uniones entre personas del mismo sexo, recordó que «el matrimonio en Polonia es una mujer y un hombre».
En su carta, Zięba sostiene que el cuidado de la vida debe alcanzar también a los niños que se encuentran en la fase más temprana de su desarrollo, y critica que la primera dama haya apoyado un procedimiento que, a su juicio, no respeta ese principio.
Dos bienes que no pueden ponerse en la balanza
El autor de la carta advierte de que en el debate sobre la fecundación in vitro no puede situarse al mismo nivel el deseo de tener un hijo y los derechos del propio hijo. «No se pueden contraponer en un mismo plano dos bienes que no son equivalentes», escribe.
De un lado, explica, se encuentra el deseo natural de la paternidad y la maternidad, y del otro los derechos del niño, cuyo fundamento es el derecho a la vida y al desarrollo. «Estos bienes son inconmensurables e incomparables, por lo que no pueden tratarse como elementos de un simple balance», subraya. En su opinión, la clave está en distinguir entre el deseo de descendencia y el derecho del hijo a vivir.
El destino de los embriones
Zięba se detiene después en la generación y conservación de embriones durante el procedimiento. Señala que la técnica plantea graves problemas éticos porque en la práctica se producen más embriones de los que después se transfieren al cuerpo de la mujer.
El presidente de la asociación llama también la atención sobre la selección de embriones previa a la transferencia y sobre su congelación. Menciona datos según los cuales solo una pequeña parte de los embriones obtenidos mediante in vitro llega a convertirse en un niño nacido vivo, y concluye que el debate no puede eludir la pregunta sobre el estatuto y la dignidad de la vida humana en su etapa inicial.
Una defensa de la vida sin restricciones
Zięba reconoce que la discusión suele plantearse sobre todo desde el punto de vista de quienes sufren infertilidad y desean ser padres. Sin negar el drama que esto supone, insiste en que debe tenerse en cuenta igualmente la perspectiva del hijo. «Si declaramos que estamos del lado de la vida, no podemos limitar esa declaración únicamente a los niños que ya han nacido», afirma.
La cuestión, añade, debe abarcar también «si el modo en que el ser humano es concebido y el modo de tratar la vida humana en la etapa más temprana de su existencia se corresponden con la dignidad de la persona humana».
El autor rechaza asimismo el argumento demográfico. A su entender, la delicada situación de la natalidad en Polonia no basta por sí sola para justificar un procedimiento que considera éticamente inadmisible. «Vincular el apoyo al "in vitro" con la dramática situación demográfica no puede justificar un método éticamente ilícito», escribe.
Una lectura para la primera dama
Al final de la carta, Zięba invita a Marta Nawrocka a leer el folleto In vitro. ¿A qué precio?, elaborado por la asociación que preside. Según explica, la publicación expone los aspectos médicos, éticos y jurídicos de la fecundación extracorpórea y quiere ser, al mismo tiempo, una muestra de atención hacia las personas que viven la infertilidad. «Creo que merece la pena conocer esta argumentación», escribe.
La carta se suma al debate abierto en Polonia sobre los límites de la fecundación in vitro y sobre cómo entender en la práctica la protección de la vida humana desde su primera etapa.








