(EWTN/InfoCatólica) Como el setentero «Cristo de Palacagüina» pero sin arte. Un texto que se presenta como credo, pero que no contiene ni una sola de las afirmaciones centrales de la fe cristiana, se proclamó el pasado 7 de septiembre durante una misa celebrada en la catedral de Nuestra Señora de la Concepción, en Brejo (estado de Maranhão, Brasil). En él se declara no creer «en una iglesia estática, patriarcal, clerical y jerárquica» y se profesa la fe «en un Dios/a» al que se califica de «liberador y revolucionario».
La celebración formaba parte del 32º Grito de los Excluidos y Excluidas, la movilización que pastorales, organismos católicos y movimientos sociales convocan cada año coincidiendo con el día de la Independencia de Brasil. La presidió el obispo de la diócesis, José Valdeci Santos Mendes, presidente de la Comisión Episcopal para la Acción Sociotransformadora de la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil (CEPAST-CNBB).
Según recoge la agencia ACI Digital, el obispo no leyó personalmente el texto: lo introdujo ante la asamblea presentándolo como una «súplica de los jóvenes de América Latina que se colocan ante Dios pidiéndole que venga a nuestro encuentro» y confió su lectura a dos muchachos. EWTN precisa que la lectura tuvo lugar después de la distribución de la Eucaristía y antes de la bendición final.
Un texto de 2016 atribuido a jóvenes de seis países
El documento se titula «Credo de Jóvenes de las CEBs» y aparece firmado por «Jóvenes de CEBs de Brasil, Paraguay, Bolivia, Argentina, México y Ecuador». No es, por tanto, una composición brasileña ni reciente: circula desde septiembre de 2016, vinculado a las Comunidades Eclesiales de Base de seis países del continente.
Está construido sobre una estructura repetida de cinco pares de negación y afirmación. Comienza por los propios jóvenes: «No creemos que tengamos que estar a la espera, CREEMOS que los jóvenes somos sujetos transformadores de la realidad luchando por los espacios y construyendo alternativas».
El segundo par aborda la identidad colectiva y la sexualidad: «No creemos en las fronteras, CREEMOS que somos hijas e hijos de una Patria Grande sin racismos, sin normas para amar, incluyendo toda la diversidad sexual, mujeres, juventudes, pueblos originarios, afrodescendientes, las minorías y todos los de abajo».
El tercero es el que se refiere a la constitución de la Iglesia: «No creemos en una iglesia estática, patriarcal, clerical, y jerárquica. CREEMOS en una comunidad integradora, intergeneracional, con voz propia. A esta Iglesia la creemos en lucha, "echando su suerte con los pobres de la tierra", frente a un sistema capitalista dominante».
El cuarto entra en terreno explícitamente político: «No creemos en individualismos, en salvadores, dictadores ni golpistas. CREEMOS en la construcción comunitaria y colectiva de luchas en la coyuntura que acontece en Nuestra América hoy».
El quinto y último es el que se refiere a Dios: «No creemos en un dios castigador que maldice con la pobreza, CREEMOS en un Dios/a que está presente en las diferentes experiencias de las comunidades: un Dios cercano, un Dios liberador y revolucionario, un Dios que es miembro de la CEBs, que trabaja y lucha como Jesús de Nazaret».
No es un Credo, aunque quiera
No aparecen en él el Padre, el Hijo, el Espíritu Santo, la Encarnación, la Cruz, la Resurrección, la Iglesia una, santa, católica y apostólica, la remisión de los pecados ni la vida eterna. Jesús de Nazaret se menciona una sola vez, y como término de comparación de la actividad divina: un Dios «que trabaja y lucha como Jesús de Nazaret».
Con un estilo que ya se creía superado el contenido propio de la profesión de fe queda sustituido por un catálogo de reivindicaciones sociales, políticas y eclesiales. El medio introduce además una distinción que considera esencial: el clericalismo, entendido como abuso de autoridad o como concepción mundana del ministerio, puede y debe denunciarse, pero la Iglesia no es jerárquica por pervivencia de un orden social antiguo. Su constitución apostólica pertenece, argumenta, a lo que ella cree haber recibido de Cristo, con los obispos como sucesores de los Apóstoles y los presbíteros como cooperadores suyos en el ministerio. Rechazar de forma indistinta a la Iglesia «clerical y jerárquica» equivale, concluye, a tocar su constitución sacramental.
Sobre la fórmula «Dios/a» la fe cristiana no construye su vocabulario sobre Dios en función de las ideologías del momento, sino que recibe una Revelación, y recuerda que es Cristo mismo quien enseña a sus discípulos a decir «Padre nuestro». Respecto de la expresión «sin normas para amar», sostiene que la Iglesia enseña a la vez la dignidad intangible de toda persona y la existencia de una verdad objetiva sobre el amor humano, y que la caridad cristiana no consiste en proclamar la ausencia de toda norma. La pregunta que el medio deja planteada es cómo un texto semejante pudo introducirse y proclamarse en el curso de una misa presidida por un obispo, dado que la liturgia no es el lugar donde la Iglesia inventa un credo nuevo adaptado a los combates políticos del momento, sino aquel en que recibe, celebra y transmite una fe que la precede.
Las elecciones, en el acto penitencial y en las preces
El credo forma parte de una sugerencia de guion celebrativo para misas, cultos y actos públicos del 32º Grito de los Excluidos. La CEPAST convocó este año a diócesis, pastorales y movimientos populares a reforzar la movilización en sus territorios.
El guion incluye referencias explícitas a las elecciones brasileñas de 2026, en línea con la estrofa del credo sobre «salvadores, dictadores ni golpistas». En el acto penitencial, los participantes pidieron perdón «cuando no nos tomamos en serio el destino del país en las elecciones» y por no denunciar «las candidaturas del poder económico que perjudicarán al pueblo e incluso impondrán regímenes autoritarios». Las restantes peticiones abordan las guerras, las personas sin hogar, la especulación inmobiliaria, los movimientos por la vivienda, la violencia contra la mujer y el feminicidio.
En la oración de los fieles se incluyó también una intención electoral: «Por este tiempo de elecciones, para que tengamos discernimiento y no votemos a quien quiera poner en juego la soberanía de Brasil o tenga plan golpista. Que no votemos a políticos y partidos que quieren transformar el bien público en objeto de lucro. La soberanía no se negocia». La respuesta de la asamblea fue: «¡Líbranos, Señor, de todas las personas que usan la política para traicionar al pueblo brasileño!».
En un mensaje difundido el pasado mes de junio con motivo de esos comicios, la CNBB había afirmado que «la Iglesia católica no indica candidatos ni partidos», si bien sostuvo que la Iglesia, «movida por el Evangelio y por la misión de anunciarlo, promueve la vida, la dignidad humana y sirve a la construcción del bien común».
La CEPAST niega haber elaborado el guion
La oficina de comunicación de la CEPAST declaró a ACI Digital que la comisión episcopal no participó en la redacción del documento. «El Grito de los Excluidos es una articulación formada por diversas organizaciones, y la CEPAST no participó en la elaboración del guion celebrativo», afirmó Juce Rocha, del equipo de comunicación de la comisión.
La Coordinación Nacional del Grito integra a pastorales y organismos católicos junto a movimientos sociales como la Comisión Pastoral de la Tierra (CPT), Cáritas Brasileña, la Pastoral Obrera, el Servicio Pastoral de los Migrantes, las propias CEB, el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST), el Movimiento de los Afectados por Represas (MAB), la Central de los Movimientos Populares (CMP) y la Confederación Nacional de los Trabajadores en Educación (CNTE).
El guion no se siguió en todas las misas vinculadas a la jornada. En el Santuario Nacional de Aparecida (São Paulo), la misa del 7 de septiembre se celebró en el contexto de la 39ª Romería de las Trabajadoras y los Trabajadores y del 32º Grito, presidida por el arzobispo de Aparecida, Mário Antonio da Silva, con la concelebración del obispo de la prelatura de Marajó (Pará), José Ionilton Lisboa de Oliveira, presidente de la Comisión Pastoral de la Tierra. El Grito se mencionó durante la celebración y la homilía, pero no se empleó el esquema utilizado en Brejo.
El mapa nacional de la movilización registró actividades en todas las regiones del país. En Cachoeiro de Itapemirim (Espírito Santo), una marcha que reunió a fieles, pastorales y representantes de movimientos sociales concluyó en la catedral de San Pedro, con participación del obispo Luiz Fernando Lisboa. En Santos (São Paulo), el Grito figuró en la agenda oficial de la diócesis y contó con la presencia del obispo Joaquim Giovani Mol Guimarães.
Una movilización nacida de la Semana Social Brasileña
El Grito de los Excluidos surgió durante la evaluación de la 2ª Semana Social Brasileña, promovida por la CNBB en 1993 y 1994, como forma de dar continuidad a aquel proceso de reflexión. La iniciativa se inspiró también en la Campaña de la Fraternidad de 1995, cuyo tema fue «Fraternidad y excluidos» y cuyo lema era «¿Eras tú, Señor?».
La primera edición se celebró el 7 de septiembre de 1995 en 170 localidades. En 1996, la CNBB asumió la movilización en su Asamblea General como parte del Proyecto Rumbo al Nuevo Milenio. Hoy la coordina un organismo nacional formado por la Comisión 8 de la CNBB, pastorales y organismos católicos y diversas entidades y movimientos sociales.
Los propios organizadores explican que la elección del 7 de septiembre pretende ofrecer un «contrapunto» a la conmemoración oficial de la Independencia. Según su web, la fecha busca contraponerse «a la historia oficial de la independencia de Brasil. A contracorriente de los desfiles cívicos y militares que siempre han marcado el 7 de septiembre, convoca al pueblo, sobre todo a los pobres y excluidos, a bajarse de las gradas, dejar el patriotismo pasivo y ocupar plazas y calles en defensa de sus derechos». La organización la presenta asimismo como un momento de «conciencia política» y de lucha por un «nuevo orden nacional y mundial».
Con el tema permanente «¡La vida en primer lugar!», el lema de 2026 es «En defensa de la tierra, la paz y la vivienda, alzamos la voz: ¡Mujeres vivas y soberanía!». Entre las reivindicaciones nacionales figuran el fin de la jornada 6x1 (seis días de trabajo y uno de descanso), la vivienda digna, la reforma agraria, la educación pública de calidad, la defensa del Sistema Único de Salud y el combate del feminicidio, el racismo y lo que denominan «LGBTfobia».








