Sarah pide que las palabras «hombre», «mujer» y «familia» sean reconocidas como realidades ontológicas, no como construcciones sociales
Cardenal Robert Sarah en Bruselas | Screenshot YT

«Dos bestias apocalíptica que amenazan a la familia y a la propia concepción del ser humanos»

Sarah pide que las palabras «hombre», «mujer» y «familia» sean reconocidas como realidades ontológicas, no como construcciones sociales

«Escuchen a África. Respeten su soberanía cultural». El Cardenal Sarah exige ante los eurodiputados el fin de la condicionalidad ideológica en la cooperación europea y califica la ideología de género y el islamismo de «bestias apocalípticas».

(InfoCatólica) El Cardenal Robert Sarah ha calificado la ideología de género y el fundamentalismo islámico como «dos bestias apocalípticas» que amenazan con destruir al hombre mismo, imagen de Dios. El purpurado guineano pronunció estas palabras el miércoles 15 de julio durante una lectio magistralis en el Parlamento Europeo, en Bruselas, en un acto centrado en las relaciones entre Europa y África que reunió a eurodiputados, diplomáticos y representantes de la sociedad civil.

La conferencia, titulada «Europe and Africa. In conversation with Cardinal Robert Sarah», fue organizada por el grupo Conservadores y Reformistas Europeos (ECR) en colaboración con la asociación italiana Pro Vita & Famiglia, a iniciativa de los eurodiputados Paolo Inselvini y Nicolas Bay. La vicepresidenta del Parlamento Europeo, Antonella Sberna, y el nuncio apostólico ante la Unión Europea, monseñor Bernardito Cleopas Auza, pronunciaron los saludos institucionales antes de la intervención del cardenal.

La crisis del lenguaje como crisis de la razón

El eje central de la intervención de Sarah fue lo que denominó una «crisis del logos» en las relaciones internacionales, una perversión del lenguaje que, en su diagnóstico, permite a las instituciones europeas imponer políticas contrarias a la dignidad humana sin que los interlocutores africanos perciban el alcance real de los compromisos que firman.

«¿Podemos aún entendernos?», preguntó el cardenal al inicio de su discurso. «Las palabras que utilizamos, «derechos humanos», «dignidad», «desarrollo», «libertad», «salud», «género», «familia», ¿significan todavía lo mismo para quienes las pronuncian en Bruselas, en Estrasburgo, en Kampala o en Conakry?»

Sarah situó el problema más allá de la semántica académica: «Un tratado, una resolución o un plan de acción que usan un vocabulario impreciso y ambiguo no son instrumentos de cooperación, sino instrumentos de poder silencioso, de neocolonialismo cultural y económico: quien controla el significado de las palabras controla, de hecho, el resultado de la negociación, sin que la otra parte se dé cuenta».

El prefecto emérito del Dicasterio para el Culto Divino desgranó ejemplos concretos de esa manipulación semántica: «Se habla de «salud sexual y reproductiva» y se entiende, en muchos casos, el acceso al aborto. Se habla de «igualdad de género» y se entiende la deconstrucción de la diferencia sexual entre hombre y mujer inscrita en el cuerpo humano. Se habla de «derechos humanos» para los países africanos y se entiende la imposición de categorías jurídicas ajenas a nuestra historia, a nuestra fe, a nuestra cultura y a nuestra visión antropológica».

El magisterio de tres Papas como hilo conductor

Una de las características más singulares del discurso fue la articulación de un hilo doctrinal que recorre los pontificados de Benedicto XVI, Francisco y León XIV. Sarah dedicó un amplio desarrollo a los tres discursos que considera decisivos del pontificado de Benedicto XVI: la lección de Ratisbona (2006) sobre la relación entre fe y razón, la intervención en el Colegio de los Bernardinos de París (2008) sobre el quaerere Deum, y el discurso ante el Bundestag alemán (2011) sobre el derecho natural y los límites de la razón positivista.

De Benedicto XVI extrajo el cardenal una pregunta que dirigió directamente a los parlamentarios europeos: «Una legislación europea que pretende ser «neutral» ante toda visión antropológica, pero que de hecho impone en el mundo entero, mediante tratados, ayudas y condiciones comerciales, una visión específica y contestable del hombre, ¿no está deslizándose precisamente hacia esa irracionalidad contra la cual el Papa Benedicto XVI nos advertía?»

Del pontificado de Francisco, Sarah recuperó la denuncia de la «colonización ideológica», citando las palabras del difunto Papa en el encuentro con las familias en Manila (2015): «Cuidado con las nuevas colonizaciones ideológicas. Existen colonizaciones ideológicas que buscan destruir la familia». El cardenal recordó también las quejas de obispos africanos recogidas por Francisco en la rueda de prensa del vuelo de regreso de Filipinas, donde el Papa vinculó explícitamente la imposición de condiciones ideológicas a la concesión de préstamos a países en desarrollo.

De León XIV, el cardenal tomó como «clave de lectura» de toda su reflexión una frase del discurso al cuerpo diplomático de enero de 2026: «Necesitamos que las palabras vuelvan a expresar de manera unívoca realidades ciertas. Solo así puede reanudarse un diálogo auténtico y sin malentendidos». Vinculó esta exigencia con la encíclica Magnifica humanitas, donde el Pontífice denuncia el uso de un lenguaje técnico y manipulador capaz de reducir a la persona humana a categorías estadísticas al servicio de los poderes económicos.

El aborto como punto de ruptura del logos

Sarah dedicó un bloque extenso de su intervención al tratamiento del aborto en la política exterior europea. Citó las resoluciones del Parlamento Europeo de junio y julio de 2022, que piden a la Comisión Europea y a los Estados miembros dar prioridad al acceso universal al aborto en las relaciones exteriores de la Unión, y que proponen incluir el aborto entre los derechos fundamentales de la Carta de la Unión Europea.

«Aquí», afirmó el cardenal, «la inversión del logos alcanza su punto más dramático: la falta de acceso al aborto se define como «violencia», mientras que el niño por nacer, el más débil, el más inocente entre nosotros, es privado de toda voz, de toda representación, de todo derecho».

Sarah argumentó que un sistema jurídico que eleva el aborto a derecho fundamental y lo vincula a la cooperación con terceros países obliga de hecho a Estados, comunidades religiosas y personal sanitario y educativo a conformarse a una visión del hombre incompatible con sus convicciones de fe. «Esto no es neutralidad», declaró: «es una imposición y una opresión inaceptable».

Como contrapunto, el cardenal citó las constituciones de Kenia y Uganda. La Constitución keniana establece en su artículo 26 que «la vida de la persona comienza en la concepción», mientras que la ugandesa dispone en su artículo 22 que «ninguna persona tiene derecho a poner fin a la vida de un niño por nacer, salvo en los casos autorizados por la ley». Sarah calificó estas disposiciones como «un fragmento de sabiduría jurídica, enraizado tanto en el derecho natural como en las tradiciones religiosas africanas, que Occidente haría bien en reconsiderar en lugar de corregir». Recordó además que la Corte de Apelación de Kenia reafirmó en abril de 2026 la protección constitucional de la vida desde la concepción.

El «sistema de tres niveles» de condicionalidad

La intervención del cardenal se apoyó en un dosier preparado por Pro Vita & Famiglia, titulado Conditional Aid: The European Union and Africa, que analiza tratados internacionales, resoluciones parlamentarias, mecanismos de financiación y respuestas de los gobiernos africanos sobre la base de documentos oficiales del período 2000-2026.

Sarah describió lo que denominó un «sistema de tres niveles» a través del cual se elude la autodeterminación de los pueblos africanos. En el nivel normativo situó las resoluciones del Parlamento Europeo sobre aborto y políticas LGBT+. En el nivel jurídico-convencional, el Acuerdo de Samoa firmado en 2023 entre la Unión Europea y los Estados de África, el Caribe y el Pacífico, cuyo artículo 40.6 del Protocolo para África exige a los gobiernos garantizar el acceso a una «educación sexual y reproductiva comprehensiva». En el tercer nivel, el financiero y comercial, situó el instrumento NDICI (Neighbourhood, Development and International Cooperation) y la propuesta COM(2025)0551 actualmente en discusión, con una dotación global de 200.300 millones de euros para la acción exterior de la Unión.

El cardenal detalló el caso de Uganda como ejemplo concreto de la articulación de estos tres niveles. Recordó que en la resolución del 20 de abril de 2023, el Parlamento Europeo pidió a la Comisión utilizar «todos los medios diplomáticos, jurídicos y financieros disponibles» para disuadir al presidente ugandés de promulgar una ley aprobada por su Parlamento, incluyendo la posible retirada de preferencias comerciales, la activación de cláusulas del Acuerdo de Cotonú y la consideración del régimen global de sanciones de la Unión. «Aquí aparece de forma acabada y verificable la colonización ideológica», sentenció el cardenal: «el uso del comercio y de las finanzas para intervenir en la legislación penal y familiar de un Estado soberano, violando frontalmente el principio de autodeterminación de los pueblos».

La educación como laboratorio ideológico

Sarah denunció también la dimensión educativa de esta condicionalidad. Señaló que el Gender Action Plan III de la Unión Europea establece que al menos el 85% de las nuevas acciones exteriores deben integrar objetivos de «igualdad de género», con un enfoque declaradamente gender-transformative. En su lectura, la educación se convierte así en «el laboratorio donde se enseña a los niños a considerar su identidad sexual como puramente fluida y autodeterminada, desvinculada del cuerpo, de la historia familiar, de la relación».

El cardenal pidió «con respeto pero con la misma firmeza» que las palabras «hombre», «mujer», «matrimonio» y «familia» no sean reducidas a «construcciones sociales manipulables al gusto de las modas ideológicas del momento», sino salvaguardadas como «realidades ontológicas, creadas y no autoproducidas por el hombre, y, para quien es creyente, como datos de la revelación bíblica».

«Dos bestias apocalípticas»

En el pasaje que ha concentrado mayor atención mediática, Sarah retomó explícitamente sus palabras del Sínodo sobre la Familia de 2015, cuando calificó la ideología de género y el fundamentalismo islámico como «dos bestias apocalípticas». «Algunos juzgaron entonces la imagen excesiva», reconoció. «Yo sigo creyendo que capta algo verdadero: estas dos fuerzas, aunque muy diferentes en su origen y forma, comparten la pretensión de reescribir al hombre a su gusto, una en nombre de un pretendido progreso, la otra en nombre de un pretendido retorno a una pureza original, negando en todo caso esa libertad religiosa y esa dignidad de la persona» que situó como eje de toda su reflexión.

África como sujeto, no como objeto

El cardenal reivindicó el papel histórico de África en la construcción del cristianismo, recordando que figuras como Tertuliano, Cipriano, Atanasio y, «por encima de todos, Agustín de Hipona» pertenecen a las raíces de la propia civilización europea. Rechazó la idea de que el cristianismo sea para África una importación colonial reciente: «Cuando hablamos de autodeterminación religiosa de los pueblos africanos, no estamos defendiendo un particularismo tribal frente a un supuesto universalismo europeo: estamos defendiendo la libertad de un continente que ha contribuido, desde los orígenes, a forjar ese mismo logos cristiano del que Europa corre hoy el riesgo de perder la memoria».

Sarah apeló también al testimonio de funcionarios africanos recogido en el dosier presentado durante la conferencia, según el cual representantes de gobiernos africanos denuncian la insistencia de la Unión Europea en categorías como SOGI (Sexual Orientation and Gender Identity) en las negociaciones, frente al rechazo europeo de discutir temas igualmente urgentes para África, como la restitución de artefactos coloniales. El cardenal citó testimonios que describen un «hecho consumado» resumible en la fórmula: «Si no firmas, habrá consecuencias».

En esa línea recordó la conferencia de Entebbe (Uganda, mayo de 2025), donde parlamentarios y representantes institucionales africanos propusieron una Carta Africana para la Familia y la Soberanía Cultural. El presidente Yoweri Museveni declaró en aquella ocasión, refiriéndose al Acuerdo de Samoa: «Les exhorto a estudiar este documento que habla de todas estas cosas: si realmente contiene lo que se dice sobre los derechos reproductivos, entonces tendremos que retirarnos de esta absurdidad».

El llamamiento final

Sarah cerró su intervención con un llamamiento directo a las instituciones europeas: «Hagan un serio examen de conciencia. Escuchen a África. Respeten su soberanía cultural. Ofrezcan una cooperación libre, no condicionada por agendas ideológicas. Estén dispuestos a recibir de África lo que ella puede ofrecer al Occidente cansado: el testimonio de una fe viva y de un sentido de la familia que pueden ayudar a Europa a reencontrar su propio logos».

En declaraciones posteriores a miembros de la prensa internacional al margen de la conferencia, el cardenal volvió sobre el principio de autodeterminación: «Debemos respetar la centralidad del hombre, porque es imagen de Dios, del mismo modo que debemos respetar a los pueblos en su autodeterminación. A nadie se le debe obligar a aceptar una ley que va contra su naturaleza, contra sus convicciones religiosas o contra sus convicciones humanas. Solo así podremos vivir juntos en paz».

4 comentarios

Francisco Javier
Aca en latinoamerica "derechos humanos" se ha convertido en leyes tibias e inefectivas contra el crimen (desde el simple ladrón hasta el narco y líder terrorista) y la promoción del aborto e ideología lgbt incluso en menores de edad. Este término esta tan desprestigiado que a las ongs de "derechos humanos" los vemos como una bola de zánganos vividores de ayudas extranjeras que solo sirven para estorbar.
16/07/26 7:04 PM
Chico
Uy, esto de este Obispo es demasiado intelectual para las mentes asnales de los grandilocuentes políticos actuales.
16/07/26 8:59 PM
Sancho
Al menos el Vaticano acabó aceptando la excepción africana a Fiducia supplicans, aunque ¡por motivos culturales...! Los motivos religiosos les traen sin cuidado. Colonización ideológica, no, pero colonización pseudoreligiosa, sí, que hay poca resistencia. Y Nerón sigue tocando la lira mientras arde Roma....
16/07/26 9:24 PM
Rodrigo
He ahí la cuestión: parte de la Iglesia y otras denominaciones ya creen que ser gay, lésbica, etc. es precisamente una realidad ontológica y no un constructo social; que se nace así del mismo modo que héteros. Este es el meollo del asunto: ¿quién tiene la razón?
Caso sea Sarah, los 2 mil años de fe cristiana y textos bíblicos, entre otros, entonces África es un ejemplo a ser mirado.
Y si LGBT+ es ontología, entonces quienes así lo ven están adelantados; quienes no lo ven, andan atrasados y retrasando progresos en la sociedad siendo África un ejemplo de retraso cultural como señalaron algunos prelados alemanes en la ya muy lejana controversia sobre África, los condones y el "prostituto" dado como ejemplo por Benedito XVI.
Según como se mire, Sarah sería un hombre de Dios y profeta o un hombre rígido, poco dado a actualizaciones.
Y para que no parezca que me quedo en cima del muro, digo que me temo que estamos cayendo en el mismo error de antaño cuando por siglos vimos la esclavitud como algo socialmente aceptable o tolerable y hasta casi como "ontológica". Del mismo modo, algunos o muchos de nosotros hemos creído que indígenas no tenían alma, que la única cosmologia válida era la aristotélica. Y naturalmente hallamos fundamentos bíblicos para sostener todos estos errores los cuales todos o casi todos vemos claramente que son errores.
En los últimos 35 años, nos quedó claro por vía científica que no existe un gen gay pero, aún sin haber pruebas, h
16/07/26 9:40 PM

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