(InfoCatólica) La Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) consagró este miércoles cuatro nuevos obispos en su seminario de Écône, en Suiza, contra la voluntad expresa del Papa León XIV y pese a la advertencia de la Santa Sede de que tal gesto acarrea la excomunión latae sententiae. La ceremonia, seguida por más de 16.000 personas según los organizadores, se celebró apenas veinticuatro horas después de que el Pontífice escribiera personalmente a la Fraternidad para suplicarle que desistiera.
El Obispo Alfonso de Galarreta ofició como consagrante principal, asistido por el Obispo Bernard Fellay como co-consagrador. Ambos son los dos únicos supervivientes de las consagraciones ilícitas de 1988, con las que el Arzobispo Marcel Lefebvre provocó la ruptura con Roma en este mismo lugar. Treinta y ocho años después, los dos oficiaron juntos la ceremonia que repite aquel gesto y ostentan el triste registro de haber sido excomulgados dos veces en menos de 40 años.
Los nuevos obispos son el suizo Pascal Schreiber, el estadounidense Michael Goldade y los franceses Michel Poinsinet de Sivry y Marc Hanappier. Con ellos, la Fraternidad eleva a seis su número de obispos. El más joven de los consagrados tiene solo 36 años, un dato que la propia institución presenta como señal de una planificación a largo plazo.
«Alegría y esperanza»
Según la Fraternidad, los nombres y los datos de los nuevos obispos se presentaron a León XIV en busca de su aprobación, junto con una exposición del «contexto muy particular y excepcional de estas consagraciones episcopales». La institución sostiene que estas no constituyen «en modo alguno una negación, un rechazo o un desafío al poder supremo, pleno e inmediato de jurisdicción del Vicario de Cristo sobre la Iglesia universal».
El Superior General de la Fraternidad, Davide Pagliarani, describió en su homilía la ceremonia como una jornada de «alegría y esperanza». El motivo, explicó, es que «en 1988 quienes condenaron a la FSSPX anunciaron que desaparecería», y sin embargo el crecimiento de la institución demuestra que «Dios nunca nos abandonó, y estas consagraciones lo han demostrado aún más».
A más de un observador le ha llamado la atención la «alegría» en un momento así y mucho más el supuesto motivo. Hoy en día hay realidades eclesiales que con el criterio lefebvriano producen más alegría y ellos no la compartirían, como podría ser Hakuna, los eventos católicos carismáticos o si se refiere al número de sacerdotes es suficiente con mirar al Camino Neocatecumenal.
El precedente de 1988 y el «estado de necesidad»
La ceremonia se produce 38 años después de que Lefebvre consagrara a cuatro obispos en el mismo lugar de Écône, también sin la aprobación ni el mandato de la Santa Sede. Aquel acto fue declarado cismático por Roma y llevó a la excomunión automática de los obispos implicados. Dos días más tarde, el 2 de julio de 1988, San Juan Pablo II publicó el motu proprio Ecclesia Dei, en el que hablaba abiertamente de ruptura de la comunión eclesial y creaba una comisión para facilitar la reconciliación de los fieles vinculados a la Fraternidad.
En defensa de las consagraciones de 1988 y de 2026, y de la necesidad de contar con obispos que sigan ordenando sacerdotes para celebrar los sacramentos en los ritos tradicionales, la Fraternidad ha invocado el «estado de necesidad», que considera «mucho peor» que en 1988.
El vigente Código de Derecho Canónico, promulgado en 1983, establece que, a falta de mandato pontificio, tanto el obispo consagrante como quienes reciben la consagración «incurren en excomunión latae sententiae reservada a la Sede Apostólica». El Código anterior, de 1917, contemplaba una pena menor, la suspensión del consagrante y de los consagrados «hasta que la Sede Apostólica les dispense».
Como en 1988, el Papa no ha concedido su mandato. Al inicio de la ceremonia, cuando De Galarreta, en calidad de consagrante principal, formuló la pregunta ritual
«¿Tenéis el mandato apostólico?»,
el notario litúrgico desenrolló un pergamino con apariencia de bula y leyó la declaración que ocupó el lugar de la autorización pontificia:
«Es la Iglesia católica y romana, siempre fiel a las tradiciones recibidas de los apóstoles, quien, en circunstancias enteramente excepcionales, nos exige que proveamos a la salvaguarda de estas tradiciones, es decir, del depósito de la fe, y que adoptemos los medios necesarios para transmitirlas fielmente a todos los hombres para la salvación de sus almas. Desde el Concilio Vaticano II hasta nuestros días, las autoridades de la Iglesia han estado animadas por un espíritu contrario a la fe y han actuado contra la santa tradición. Ya no toleran la sana doctrina» [sic]
Simbolismos de 1988
La Fraternidad cargó la ceremonia de elementos que evocaban deliberadamente lo ocurrido hace 38 años. La fiesta litúrgica elegida fue la Preciosísima Sangre de Cristo, la misma que en 1988. De Galarreta se sentó en el trono que en su día utilizó Lefebvre, y los nuevos obispos llevaron las mismas vestes que los cuatro consagrados en aquella ocasión.
De Galarreta pronunció al micrófono las fórmulas litúrgicas que los fieles siguieron buena parte a través de pantallas gigantes instaladas en la pradera. Asistieron también miembros de diversas órdenes religiosas vinculadas a la Fraternidad. Por la gran afluencia de clero y una breve interrupción a causa de una tormenta, la ceremonia se prolongó más de cinco horas.
«Luchar contra los herejes cismáticos»
Los cuatro candidatos pronunciaron su juramento en latín, en el que se comprometieron, entre otras cosas, a «luchar contra los herejes cismáticos», un compromiso que no pasó inadvertido dada la acusación de cisma que pesa precisamente sobre la Fraternidad.
Un diálogo roto
La Fraternidad anunció el 2 de febrero la fecha del 1 de julio para las consagraciones. El diálogo entre la FSSPX y la Santa Sede se rompió poco más de dos semanas después. «No puedo aceptar la perspectiva y los objetivos en nombre de los cuales el Dicasterio ofrece reanudar el diálogo en la situación actual, ni tampoco el aplazamiento de la fecha del 1 de julio», escribió Pagliarani el 19 de febrero.
El Cardenal Víctor Manuel Fernández, que ha dirigido las reuniones de la Santa Sede con la Fraternidad, declaró el 13 de mayo que las consagraciones previstas constituirían «un acto cismático» y que «la adhesión formal al cisma constituye una grave ofensa a Dios y comporta la excomunión establecida por la ley de la Iglesia». En respuesta, la FSSPX difundió una Declaración de Fe que, según Pagliarani, «parece corresponder al mínimo indispensable para estar en comunión con la Iglesia y para poder llamarnos verdaderamente católicos».
«Hablamos dos lenguas distintas»
En su homilía, Pagliarani defendió las consagraciones como «medios excepcionales, proporcionados a las necesidades de la Iglesia de hoy», y respondió a las críticas con lo que calificó de falso dilema: «¿Estamos eligiendo entre la fe y la Iglesia? ¿Para conservar la fe nos separamos de la Iglesia? Es un falso dilema. Pertenecemos a la Iglesia por la profesión íntegra de la fe».
El Superior General sostuvo además que la Santa Sede habla «un lenguaje diferente» al de la Fraternidad: «Tenemos que admitir que ahora hablamos dos lenguas distintas. Nosotros hablamos el lenguaje de la fe, queremos la fe y, con toda sencillez, no es tan complicado... Y enfrente tenemos un lenguaje diferente, otro nivel, se habla de otras cosas. Es un lenguaje de inclusión de los demás, de acompañamiento, de diálogo, no de fe. Nosotros acompañamos a las almas en la fe».
Pagliarani cerró de facto la puerta al diálogo ecuménico e interreligioso con esta afirmación: «Se nos acusa de no respetar al Papa, pero es precisamente porque lo amamos como vicario de Cristo por lo que no queremos verlo humillado al lado de falsos pastores, de representantes de falsas religiones».
A los nuevos obispos, el Superior General les dirigió una advertencia sobre los peligros que, a su juicio, afrontarán: «Vuestros peores enemigos no os van a atacar frontalmente, para intentar deslizaros gradualmente hacia una percepción más actualizada de la fe, hacia las relaciones con el mundo. Cuando sintáis este peligro, reflexionad, rezad, tomad consejo, evaluad, permaneced inmóviles antes de reaccionar como una serpiente». Y remachó: «Nunca jamás retrocedáis. Eso es lo que significa ser como una serpiente. Darse cuenta de la doblez, de la ambigüedad, de la astucia que está en el mundo». En otro momento de su intervención declaró: «Dios nos pide ahora ser tratados como rebeldes».
La súplica de León XIV
Veinticuatro horas antes de la ceremonia, León XIV se había dirigido personalmente a la Fraternidad para pedirle que la cancelara. «Os lo suplico y os lo pido con todo mi corazón: por favor, volved atrás», escribió el Papa, que instó a la institución a «considerar atentamente el bien espiritual de los fieles, porque el acto cismático que estáis a punto de emprender los privaría de la recepción lícita, y en algunos casos incluso válida, de los sacramentos». En la misma carta, el Pontífice afirmó que «la Iglesia está abierta a un camino de diálogo y entendimiento que el Espíritu Santo puede hacer posible y fecundo», y advirtió de que «desgarrar la túnica inconsútil de Cristo es un pecado de extrema gravedad».
La Santa Sede ya ha advertido de que las consagraciones acarrean la excomunión automática. En 1988, la respuesta de Roma llegó dos días después de las consagraciones de Lefebvre.







