(InfoCatólica) Hace dos días informábamos del repliegue de los jesuitas en Bélgica, hoy toca España en un movimiento iniciado hace algunos años y que simplemente se ha acelerado. Las noticias que antes eran con cuentagotas ahora se han vuelto desgraciadamente muy frecuentes. Desde luego esa no era la «primavera» que soñaban quizá porque el sueño debería haber sido como el de San José, el de Dios. La 32 Congregación General y la manifiesta desobediencia a Pablo VI dio a luz una nueva Compañía y los «frutos» son evidentes. La intervención de Juan Pablo II no consiguió revertir los hechos. El intento de una provincia no aggiornada a modo experimental en 1969 fue truncado.
La Compañía de Jesús pone fin a su presencia en la Región de Murcia tras el cierre de la comunidad que mantenía junto a la iglesia de Santo Domingo en la capital. La misa de despedida, celebrada el pasado domingo 14 de junio, estuvo presidida por el obispo de Cartagena, José Manuel Lorca Planes, y contó con la presencia del provincial de los jesuitas en España, Enric Puiggròs Llavinés, quien reconoció que la orden atraviesa «un momento institucional de fuerte debilidad, causada principalmente por el escaso número de vocaciones que Dios nos está concediendo en estos últimos años y por nuestro progresivo e inapelable envejecimiento».
Los pocos religiosos que aún residían en un piso contiguo al templo de Santo Domingo se trasladarán a otra comunidad autónoma. Con su partida se levanta el acta de cierre de la última casa jesuita en la diócesis de Cartagena.
Un repliegue que afecta a toda Europa
Puiggròs Llavinés enmarcó la decisión en un fenómeno más amplio. «Que así hayan sucedido las cosas, después de intentar, durante no poco tiempo, que fueran de otra forma, es un capítulo más de ese momento de repliegue que experimenta hoy la vida religiosa en la Iglesia de Europa, y que también tiene su impacto en la Compañía de Jesús», señaló el provincial.
El superior reconoció «el desgarro de la partida», puesto que «son muchos los lazos espirituales y afectivos que acaban cuajando en una comunidad allí donde se ha establecido y con las personas a quienes pretende acompañar». A su juicio, «el "En todo amar y servir" ignaciano es una manera de resumir la vida del jesuita: ha de fomentar raíces humanas que lo aten a la tierra, para que lo divino nazca y crezca hacia el cielo».
Con todo, el provincial quiso dejar una puerta abierta: «Ponemos en manos de Dios el futuro y nos confiamos a la guía que hace de él, con el deseo de que permita que nuestra retirada no sea definitiva».
Un adiós que no es el primero
No es la primera vez que los jesuitas abandonan Murcia. Según recoge Religión Confidencial, la Compañía fue expulsada en 1767, poniendo fin a una primera etapa que se remontaba a 1555. Los religiosos regresaron en 1871 y durante las últimas cinco décadas centraron su actividad en la iglesia de Santo Domingo, especialmente a través de la celebración de la eucaristía y el sacramento de la reconciliación.
El obispo agradece siglos de presencia
En la eucaristía de despedida, Lorca Planes repasó la huella dejada por la Compañía en la región: «Los jesuitas nos han dejado a lo largo de los tiempos la impronta por la educación, el celo misionero, el amor al Corazón de Jesús y la obediencia al Papa como cuarto voto».
El prelado recordó la sucesión de partidas que han ido marcando la retirada de los jesuitas del territorio murciano: «La marcha de la ciudad de Caravaca de la Cruz fue un motivo de dolor; también dejasteis el dolor de la despedida en Lorca, habiendo dejado ya iniciada la construcción de la iglesia de San Mateo, en el solar de la Compañía; a estas despedidas se suman San Esteban y el Monasterio de Los Jerónimos, en cuyos muros y en sus templos todavía existen señales de vuestra presencia».
Lorca Planes se dirigió directamente a los religiosos con un mensaje de esperanza: «Contad siempre con nuestras oraciones y sabed que a partir de este día os seguimos esperando con los brazos abiertos».
Gratitud diocesana
Desde la diócesis de Cartagena se expresó el agradecimiento «a todos los jesuitas que han servido en esta tierra. A los conocidos y a los ocultos; a quienes predicaron desde el púlpito y a quienes evangelizaron silenciosamente desde el confesionario; a quienes enseñaron, acompañaron, escribieron, escucharon y consolaron; a quienes dedicaron toda una vida a esta Iglesia local con fidelidad humilde y generosa».
Al término de la celebración se dio lectura al acta de cierre de la última comunidad jesuita en la diócesis, un gesto formal que sella un capítulo centenario de presencia en tierras murcianas.






