Fallece el cardenal Camillo Ruini, defensor de los valores no negociables en la Iglesia italiana
Cardenal Camillo Ruini. | © Giuseppe Ruggirello CC BY-SA 3.0

A los 95 años, Presidente de la CEI durante dieciséis años y vicario de Roma

Fallece el cardenal Camillo Ruini, defensor de los valores no negociables en la Iglesia italiana

El cardenal Ruini, que protagonizó la estrategia eclesial que derrotó el referéndum italiano sobre la procreación asistida en 2005, fallece tras una vida dedicada a que la fe cristiana no fuera «irrelevante» en la sociedad.

(InfoCatólica) El Cardenal Camillo Ruini, vicario general emérito de Su Santidad para la diócesis de Roma, presidente de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI) durante dieciséis años y una de las figuras más influyentes del catolicismo italiano contemporáneo, ha fallecido este lunes 16 de junio a los 95 años de edad.

La Diócesis de Roma confirmó su muerte mediante un comunicado del cardenal vicario Baldassare Reina y el Consejo Episcopal: «Agradecidos por su larga y fecunda vida cristiana y por su servicio a la Iglesia, encomendamos al Cardenal Camillo Ruini a la misericordia del Señor».

El hombre de confianza de Juan Pablo II

Nacido el 19 de febrero de 1931 en Sassuolo (provincia de Módena, diócesis de Reggio Emilia), Ruini estudió filosofía y teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma como alumno del Almo Collegio Capranica. Fue ordenado sacerdote el 8 de diciembre de 1954 y regresó a su diócesis de origen, donde enseñó filosofía en el seminario diocesano (1957-1968) y teología dogmática en el Studio Teologico Interdiocesano de Módena-Reggio Emilia-Carpi-Guastalla, del que fue también director entre 1968 y 1977.

San Juan Pablo II lo nombró obispo auxiliar de Reggio Emilia y Guastalla el 16 de mayo de 1983. En 1986 pasó a ser secretario general de la CEI, y en 1991 el Papa lo elevó a arzobispo, lo creó cardenal de la Santa Romana Iglesia con el título presbiteral de Sant'Agnese fuori le Mura y lo nombró vicario general para la diócesis de Roma y arcipreste de la Basílica de San Juan de Letrán. En la carta de nombramiento, Juan Pablo II le escribió: «Estoy seguro de encontrar en usted un colaborador experto, digno de confianza, generoso, que sabrá dejar cualquier otro interés para dedicarse con asiduo y solícito cuidado a la Ciudad».

El 7 de marzo de 1991 fue nombrado presidente de la CEI, cargo que Juan Pablo II le confirmó en 1996 y 2001, y que Benedicto XVI renovó en 2006 donec aliter provideatur, hasta que en 2007 le sucedió el arzobispo Angelo Bagnasco. Benedicto XVI aceptó sus dimisiones como vicario de Roma y arcipreste lateranense el 27 de junio de 2008.

Valores no negociables y proyecto cultural

La presidencia de Ruini al frente de la CEI coincidió con un giro decisivo impulsado por Juan Pablo II a partir del Convegno de Loreto de 1985: la Iglesia italiana asumía una presencia pública más visible y propositiva. Ruini articuló esa presencia en torno a los llamados principios no negociables (vida, familia, libertad de educación) como bases comunes para los católicos, con independencia de su adscripción política.

Paralelamente, promovió el llamado Progetto culturale della Chiesa italiana, inspirado en la convicción de Juan Pablo II de que «una fe que no se convierte en cultura es una fe no plenamente acogida, no enteramente pensada, no fielmente vivida». En palabras del propio Ruini, el fundamento del proyecto era que «en Jesucristo nos es dada una imagen precisa del hombre, que está en la base de una antropología bien determinada y al mismo tiempo plástica y dinámica, capaz de encarnarse en las más diversas situaciones y contextos históricos».

Frente a lo que él denominaba la «tendencia naturalista del hombre moderno», el cardenal insistió en que la persona humana es «sujeto, no objeto; alguien, no algo» y reclamó un concepto de racionalidad más amplio que la mera razón científico-técnica, en sintonía con el magisterio de Benedicto XVI. Su lema episcopal, Veritas liberabit nos, condensaba esa convicción.

El referéndum de 2005 y la proyección política

El momento de mayor eficacia política de su presidencia se produjo en 2005, durante el referéndum sobre la procreación asistida. Bajo la coordinación de la CEI y con instrumentos como el comité Scienza & Vita, se promovió la estrategia de la abstención para invalidar la consulta. El resultado dio la razón al planteamiento: el referéndum no alcanzó el quórum necesario. El éxito de la movilización, según informa Il Timone, mostró la capacidad de la Iglesia italiana de coordinar recursos y mensajes en torno a objetivos precisos.

Esa determinación le granjeó tanto admiraciones como feroces críticas. Una parte significativa del mundo político italiano lo acusó reiteradamente de injerencia, llegando incluso a amenazar con la abolición de los Pactos Lateranenses y del Concordato, según recoge EWTN. En 2007, su editorial «Non possumus» en Avvenire, en pleno debate sobre las uniones civiles, marcó una fractura pública con figuras como Romano Prodi. Su célebre frase, «mejor irritantes que irrelevantes», se convirtió en emblema de su estilo.

Últimos años y legado

En sus últimos años, Ruini presidió la Comisión Internacional de Investigación sobre Medjugorje (2010-2014) y el Comité Científico de la Fundación Vaticana Joseph Ratzinger-Benedicto XVI. Siguió siendo una voz de referencia a través de entrevistas en los principales diarios italianos.

En el cónclave de 2005 contribuyó a favorecer la elección de Benedicto XVI. Tras la renuncia de este en 2013, reaccionó con respeto institucional. En 2025 participó como cardenal no elector en las congregaciones generales previas al cónclave, donde reclamó claridad doctrinal y un nuevo impulso cultural para la Iglesia. Pese a su delicado estado de salud (infarto en 2024 y bloqueo renal en 2025), asistió a los funerales del Papa Francisco en abril y fue uno de los primeros purpurados recibidos en audiencia privada por el Papa León XIV.

El cardenal Matteo Zuppi, actual presidente de la CEI, lo despidió con estas palabras: «Ha ayudado a la Iglesia en Italia a pensar, discernir, hablar y caminar en su propio tiempo, custodiando el vínculo vivo con el Sucesor de Pedro y con la Iglesia universal».

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