Mons. Hicks denuncia la contradicción de Nueva York: rescatar suicidas en los puentes y recetar fármacos letales en las consultas
Mons. Ronald Hicks | © EWTN

Se ocultará el suicidio asistido en los certificados de defunción

Mons. Hicks denuncia la contradicción de Nueva York: rescatar suicidas en los puentes y recetar fármacos letales en las consultas

«Lo que comienza como una decisión personal podría derivar en situaciones donde fuerzas externas, como agencias gubernamentales o compañías de seguros, comiencen a influir o incluso a dictar las decisiones sobre el final de la vida»

(InfoCatólica) La ley de suicidio asistido del estado de Nueva York entrará en vigor el próximo 5 de agosto sin mecanismos de supervisión tras la dispensación de los fármacos letales ni seguimiento alguno del paciente, según recogen las normas de aplicación publicadas por el Departamento de Salud estatal. El Arzobispo de Nueva York, Mons. Ronald Hicks, ha calificado la legislación como «el último ataque a la vida humana, el siguiente paso hacia una mentalidad de descarte total», mientras activistas y organizaciones alertan de que la norma perjudicará a las personas más vulnerables.

La ley, aprobada por la legislatura estatal en 2025 y promulgada por el gobernador el pasado febrero, permite a personas con diagnóstico de enfermedad terminal y un pronóstico de seis meses o menos de vida solicitar medicamentos para poner fin a su existencia. El reglamento propuesto por el Departamento de Salud, cuyo período de comentarios públicos finaliza dos días antes de la entrada en vigor, establece dos solicitudes verbales del paciente con un intervalo mínimo de 48 horas, una solicitud escrita con dos testigos, un formulario de declaración final 48 horas antes de la toma de la medicación y un período de espera de cinco días entre la emisión de la receta y su dispensación en farmacia. Los pacientes se autoadministrarían los fármacos letales. El certificado de defunción consignaría como causa de muerte la enfermedad subyacente, no el suicidio.

«Una nueva y aterradora era»

En un artículo publicado el 2 de junio en First Things, Mons. Hicks enmarcó la legislación neoyorquina en lo que el Papa Francisco denominó «cultura del descarte»: una mentalidad en la que «quienes son considerados inconvenientes, ya no útiles o una carga son desechados». El arzobispo conectó el suicidio asistido con más de cincuenta años de aborto legalizado en Estados Unidos y con actitudes similares hacia los inmigrantes, las personas sin hogar, la indiferencia ante las calamidades de la guerra y las peticiones de ampliar la pena de muerte.

«Cuando esta ley entre en vigor, comenzará una nueva y aterradora era en Nueva York», advirtió Mons. Hicks. «¿Cuánto tiempo pasará antes de que esta supuesta "compasión" por los enfermos terminales evolucione de una "elección" a una expectativa de suicidio por todo tipo de personas vulnerables, incluidas las personas con discapacidad, los ancianos y quienes viven en comunidades empobrecidas y con acceso limitado a servicios médicos?».

El precedente canadiense

El arzobispo señaló que la advertencia sobre la «pendiente resbaladiza» no es hipotética: en Canadá, una legislación concebida inicialmente solo para enfermos terminales se amplió con rapidez a personas con enfermedades crónicas no mortales, como la artritis, que deseen solicitar la ayuda de un médico para poner fin a su vida. El próximo año, escribió Hicks, la ley canadiense se extenderá de nuevo para incluir a personas cuya única condición subyacente sea una enfermedad mental, como depresión, ansiedad o anorexia.

La contradicción con la prevención del suicidio

Mons. Hicks subrayó una paradoja en la política pública neoyorquina: el estado dedica grandes recursos a la prevención del suicidio entre los jóvenes, los puentes y pasos a nivel exhiben carteles que recuerdan que «la vida vale la pena» junto con números de ayuda, y hace solo unas semanas la policía rescató a una mujer que amenazaba con lanzarse desde un edificio. Agentes del Departamento de Policía de Nueva York se sentaron en la cornisa con ella, le tomaron la mano y la convencieron de ponerse a salvo. «Uno se pregunta si, a medida que se extienda esta cultura del descarte, una persona desesperada que considere el suicidio ya no necesitará saltar desde un puente o arrojarse a las vías del tren», escribió el arzobispo. «Bastará una rápida llamada a un médico para conseguir los fármacos necesarios para acabar con todo, con la plena bendición del Estado».

Personas con discapacidad, las más expuestas

José Hernández, defensor de los derechos de las personas con discapacidad de la New York Association on Independent Living, criticó la ley por su impacto sobre este colectivo. Hernández, que quedó tetrapléjico tras un accidente de buceo a los 15 años, declaró a EWTN News que la sociedad ya trata a muchas personas con discapacidad como una «carga» y que para ellas «todo es una lucha». Criado en el sur del Bronx, expresó su preocupación por que las compañías de seguros se vean incentivadas a aprobar la alternativa más barata del suicidio asistido.

Su perspectiva está marcada por su propia experiencia familiar: cuando tenía 8 años, a su madre le diagnosticaron cáncer terminal y le dieron seis meses de vida, el mismo pronóstico que la habría hecho elegible para el suicidio asistido según la nueva ley. Vivió trece años más. Al ser preguntado qué les diría a quienes consideran el suicidio asistido, Hernández les instó a valorar alternativas como los cuidados paliativos y de hospice.

La ley protege a los médicos, no a los pacientes

Jamie Towey, portavoz de Aging With Dignity, declaró a EWTN News que «el suicidio asistido es la respuesta equivocada a problemas reales». Towey alertó de que la ley neoyorquina «no es el final; es solo el principio», y reveló que la versión original del proyecto era más radical, sin períodos de espera ni requisitos de residencia estatal: «El lobby de la atención afirmativa al suicidio luchará para que se retome esta versión. Esa es su estrategia».

Jessica Rodgers, directora de coaliciones del Patients' Rights Action Fund, denunció que las leyes sobre suicidio asistido en Estados Unidos «están redactadas para proteger a los médicos que prescriben, no a los pacientes». Rodgers señaló que la normativa propuesta no establece supervisión alguna tras la dispensación de los fármacos: «Seguiremos viendo cómo pacientes vulnerables se ven perjudicados por esta política discriminatoria».

El testimonio de Francisco y Juan Pablo II

Mons. Hicks abrió su artículo con unas palabras de su predecesor en la sede de Nueva York, el Cardenal Terence Cooke, escritas poco antes de morir de leucemia en octubre de 1983: «La vida no es menos bella cuando va acompañada de enfermedad o debilidad, hambre o pobreza, dolencias físicas o mentales, soledad o vejez». El arzobispo invitó a recordar el testimonio de Francisco, que «visiblemente debilitado por la enfermedad y la edad» recorrió la plaza de San Pedro en el papamóvil el Domingo de Pascua, demostrando la dignidad de la vida horas antes de su muerte, y el de San Juan Pablo II, que dio el mismo ejemplo antes de su fallecimiento en 2005.

Frente al suicidio asistido, Hicks recordó que existen alternativas concretas de cuidados paliativos, como las que ofrecen el Calvary Hospital y las Hermanas Dominicas de Hawthorne en la propia archidiócesis de Nueva York. La Conferencia Católica del Estado de Nueva York ha publicado una guía titulada Now and at the Hour of Our Death: A Catholic Guide to End-of-Life Decision-Making para ayudar a los fieles a afrontar las decisiones al final de la vida.

«Lo que comienza como una decisión personal podría derivar en situaciones donde fuerzas externas, como agencias gubernamentales o compañías de seguros, comiencen a influir o incluso a dictar las decisiones sobre el final de la vida», concluyó Mons. Hicks. «Es un futuro contra el que debemos protegernos con compasión y vigilancia».

6 comentarios

anawim
"Los pacientes se autoadministrarían los fármacos letales".

Espero que nadie sea tan... para administrarse este tipo de medicamentos por su cuenta. En principio me atrevo a pensar que son dosis orales, porque el paciente ni sabe ni tiene los medios para cogerse la vía de administración venosa. Yo no me suministraría NUNCA esta medicación oral. Bueno a ver, yo no me suicidaría, pero caso de hacerlo, nunca me administraría esta medicación oral porque es una autolisis, y si falla algo se pueden tener muchas complicaciones en domicilio que el paciente no pueda o no sea capaz de afrontar. Esto, al margen de la autolisis, es una mala praxis médica permitir al paciente sin ningún tipo de conocimiento médico realizar la autolisis por su cuenta y en su domicilio. Claro que con un Satanic Temple no nos van a extrañar ciertas prácticas. Era de esperar.
11/06/26 7:08 PM
Juan Mariner
En España, hay desfibriladores a diestro y siniestro puestos por las autoridades, la policía te mete una multa de narices si te pilla solo conduciendo sin el cinturón de seguridad puesto... El Estado-paternalista en oposición al Estado-campo de exterminio.
11/06/26 7:22 PM
anawim
Puedo entender que los que han gestionado esta medida sean ateos, pero todas las personas llevamos en nuestro interior una ley natural, que al margen del sacramento del Bautismo, nos suministra gracia de Dios natural para si no hacemos el bien, no hacer el mal. Todos sabemos distinguir bien cual es el bien y cual es el mal, y estos señores son unos... que se aprovechan de las personas. Que no tienen el más mínimo pudor hacia el sufrimiento ajeno. Que la vida les importa menos que lo que van a comer de postre el próximo domingo. Que para ellos la persona humana vale como si no existiera, excepto ellos claro, que se guardan muy bien en esta vida de todo sufrimiento. No hay palabras para definirlo. No hay palabras para definir que laboratorios farmacéuticos preparen dosis orales autolíticas. Qué profesionales de la medicina traten la vida ajena peor que tratan el papel higiénico que utilizan en sus domicilios. No hay palabras en este mundo, pero habrá palabras en el venidero.
11/06/26 7:27 PM
anawim
Y lo que es más aterrador de esta ley mundial de autolisis es que ahora es el paciente el que lo pide, dentro de poco será el equipo médico el que lo decida. Esto lo veo como ingeniera social, poco a poco se va mentalizando a la población, también pasó con las leyes del aborto, empezaron permitiendo el aborto sólo en las primeras semanas del periodo embrionario hasta llegar en algunos países con leyes que permiten el aborto a término. Y no sería nada extraño que dentro de unos años, "X", obliguen a las mujeres embarazadas a hacerse análisis prenatales, y cómo vean alguna anomalía cromosómica obliguen al aborto. O sea, nos vamos enterando ¿no?
11/06/26 7:51 PM
anawim
Si la medida hipotética del caso anterior llegase a implantarse, habría que visitar el hospital público lo menos posible, si para entonces no han sido ilegalizados los hospitales privados de la Iglesia, el parto tendría que ser en casa y buscar algún contacto ginecológico, más o menos como las parteras hebreas en la época de Moisés.
11/06/26 7:59 PM
anawim
Entonces, por las malas, la Iglesia lleva todas las de perder, porque el mango de la sartén en este mundo no está en nuestro dominio. Aunque parezca ciencia-ficción, lo que ahora decide el paciente sobre la autolisis, en el futuro lo decidirá el equipo médico y/o multidisciplinar. Y llegarán tiempos de diagnóstico prenatal obligatorio, y si hay alguna anomalía, por pequeña que sea, que afecte sólo a un pequeño problema metabólico, será aborto obligatorio, y por supuesto, derechos del paciente cero. Así están las cosas. Esto es muy grave porque pueden obligar a las mujeres católicas a abortar por ley. Así pues, no discutamos mucho, intentemos buenas relaciones al menos todo el tiempo que sea posible.
11/06/26 8:36 PM

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