(InfoCatólica) La Iglesia en España debe responder a los desafíos de la secularización, la polarización social y la caída de vocaciones desde la comunión, el diálogo y la valentía misionera. Ese fue el mensaje central que el Papa León XIV dirigió este lunes a los obispos españoles durante su encuentro con la Conferencia Episcopal Española (CEE) en la sede del organismo en Madrid, en el tercer día de su viaje apostólico al país.
Ante los prelados, el Pontífice desplegó una reflexión sobre el presente y el futuro de la evangelización en España articulada en torno a la imagen de un viaje espiritual cuyo destino es Dios, «hacia quien alzamos nuestra mirada», en alusión al lema de la visita pastoral. En ese periplo simbólico, señaló León XIV, es necesario discernir qué elementos del pasado deben conservarse y cuáles conviene dejar atrás. «Nuestra respuesta debe conjugar prudentemente la libertad y la valentía, para dejar estructuras que no nos ayudan, no responden o incluso nos alejan de nuestro fin, con la fortaleza de conservar como un tesoro aquello que lo facilita», señaló el Papa.
El encuentro tuvo lugar coincidiendo con el 60.º aniversario de la CEE. León XIV agradeció las palabras de bienvenida de su presidente, Mons. Luis Javier Argüello García, y enmarcó el diálogo en el proceso sinodal emprendido por la Iglesia, un «proceso de escucha en profundidad» cuyo valor fundamental reside en «ser capaces de reconocer la voz de Dios que habla a través de la comunidad eclesial».
El patrimonio cristiano como instrumento de evangelización
Una parte sustancial del discurso estuvo dedicada a la enorme riqueza espiritual, cultural e histórica del cristianismo en España. El Papa destacó «la enorme capacidad de convocatoria» de ese legado y su arraigo en la identidad de cada rincón del país, un vínculo de pertenencia que, afirmó, «permanece presente incluso en los momentos en que su fe vacila». Sin embargo, advirtió de que este patrimonio no puede convertirse en una realidad estática: «Un enorme desafío, ciertamente, al que estamos llamados a responder con valentía, para que este patrimonio produzca los frutos de los que es capaz».
En la misma línea, León XIV subrayó la centralidad de la vida sacramental, a la que comparó con el viático del peregrino: «El Pan de la Palabra y de la Eucaristía nos son aún más necesarios que el alimento material, porque nos abren el camino de la salvación».
Aprender los lenguajes del otro
El Pontífice dedicó un bloque de su intervención a la necesidad de una evangelización capaz de dialogar con la sociedad contemporánea, marcada por la secularización, la diversidad cultural y las migraciones. Tomando como referencia a san Hernando de Talavera y a santo Toribio de Mogrovejo, de quien se celebra el tercer centenario de la canonización, animó a los obispos a aprender «el lenguaje del otro», a generar espacios de encuentro y a tejer vínculos donde «sembrar la semilla del Reino».
«Aunque los lenguajes en esta era digital son distintos y las culturas que ahora componen el mosaico de nuestras realidades, con migrantes de todas las partes del mundo, también han cambiado, pero el espíritu debe permanecer», recordó León XIV. Y añadió: «Sólo sobre la base de poner en común todo lo bueno que hay en el propio patrimonio, aportando cada uno su granito de arena, podremos edificar una realidad nueva en la que la fe pueda hundir raíces profundas».
El Papa evocó además la imagen de las llanuras castellanas del Camino de Santiago como metáfora de las realidades eclesiales despobladas, y recordó que España ya afrontó en el pasado situaciones análogas, cuando «la Iglesia tuvo que reconstruir su presencia en las franjas de tierra quemada» y surgieron modelos de evangelización que después se exportaron a América.
La unidad frente a la polarización
Otro de los ejes centrales del discurso fue la llamada a la comunión eclesial. León XIV pidió a la Iglesia española ofrecer un «testimonio de unidad en la pluralidad» en un tiempo de «polarizaciones y contraposiciones cada vez más duras». «La imagen de Cristo se deja reconocer en el mosaico vivo de la Iglesia, donde muchas teselas, sin confundirse, convergen para manifestar la belleza del único Señor», afirmó.
El Pontífice recordó a los obispos su responsabilidad específica como principio visible de comunión: comunión con Cristo, con el Sucesor de Pedro, con el presbiterio, con la vida consagrada y con cada carisma auténtico. «Vuestra misión os reclama custodiar la unidad, favorecer el diálogo, sanar las fracturas y acompañar el camino del pueblo encomendado a vuestro cuidado», afirmó. Y subrayó que esa comunión posee también una fuerza misionera: «Una Iglesia reconciliada por dentro puede hablar con mayor libertad a los hermanos de otras confesiones cristianas y de otras religiones, a los que no creen, a las autoridades civiles y a todos los hombres de buena voluntad».
Vocaciones: más allá de los números
León XIV dedicó una atención especial a la pastoral vocacional, advirtiendo de que «no puede reducirse a una simple búsqueda de números». Las vocaciones, explicó, nacen «de comunidades vivas, de sacerdotes felices, de familias capaces de testimoniar la belleza de la fidelidad, de una Iglesia que sabe mostrar con sencillez que seguir a Cristo no empobrece la existencia, sino que la expande».
En materia de formación sacerdotal, insistió en que «los seminaristas tienen derecho a la mejor formación posible y la Iglesia, por su parte, tiene derecho a sacerdotes bien formados». El criterio para que los seminarios sean auténticas casas de formación, señaló, pasa por garantizar una experiencia comunitaria adecuada, formadores dedicados con experiencia en el acompañamiento espiritual y centros de teología con los medios necesarios. Para ello, pidió a las diócesis «aunar fuerzas» y «aprender a trabajar juntos en la gestión de estos desafíos».
La corresponsabilidad de los laicos
El Papa invitó también a los obispos a entender la creciente participación de los laicos en la vida eclesial no solo como respuesta a la disminución de vocaciones religiosas, sino como «oportunidad de encuentro, de diálogo y de comunicación». «De nosotros depende que estos laicos lleguen a percibir su participación en este servicio eclesial como una llamada que Dios les hace a asumir su responsabilidad como cristianos, interiorizando el espíritu, sintiéndose parte de la misión que el Señor encomendó a los religiosos que la pusieron en pie», afirmó.
Escucha, verdad y reparación ante los abusos
León XIV abordó la cuestión de los abusos cometidos por miembros de la Iglesia, calificándolos como una de las realidades «más dolorosas» que encuentra la comunidad eclesial. El Pontífice reclamó una respuesta basada en «la escucha, la verdad, la justicia, la reparación y un compromiso cada vez más decidido en la prevención y la cultura del cuidado». «Cada persona herida debe poder encontrar escucha sincera, acogida, protección y caminos reales de sanación», afirmó.
La sed de sentido en un mundo secularizado
El Papa reflexionó sobre la misión de la Iglesia ante el alejamiento religioso contemporáneo con un enfoque que rehúye la lectura simplista del rechazo. «Muchos hombres y mujeres de nuestro tiempo no rechazan simplemente a Dios, muchas veces llevan en el corazón una sed profunda de sentido, de verdad, de pertenencia y de esperanza, incluso cuando no saben darle un nombre», apuntó. La Iglesia, prosiguió, está llamada a reconocer esos anhelos y a ofrecer «el tesoro que les ha sido confiado: Jesucristo, en cuyo nombre el hombre puede levantarse y caminar» (cf. Hch 3,1-10).
Bajo la protección de María y san Juan de Ávila
En la parte final de su intervención, León XIV encomendó a los obispos españoles a la Virgen María, evocando la expresión de san Juan Pablo II que definió España como «Tierra de María». En ella, dijo el Papa, los obispos tienen a su «primera compañera de camino» y su «principal tesoro».
Asimismo, evocó la figura de san Juan de Ávila, patrono del clero español, en el año del quinto centenario de su ordenación sacerdotal. San Pablo VI lo definió como «un maestro de vida espiritual benévolo y sabio, un renovador ejemplar de la vida eclesiástica y de las costumbres cristianas» y, al mismo tiempo, «un simple sacerdote». León XIV presentó al santo doctor como modelo para los presbíteros de hoy y exhortó a los obispos a acompañar a sus sacerdotes «como verdaderos padres».
El Papa concluyó con una oración de san Juan de Ávila: «Si me mandáis, Señor, hacer lo que vos hicisteis, dadme vuestro corazón». Y amplió la súplica: «Señor, danos tu corazón, un corazón capaz de alzar la mirada hacia ti, de ponerse en camino, de escuchar, de discernir, de servir, de corregir con caridad, de atender con paciencia y de anunciar con alegría».






