(InfoCatólica) León XIV presidió este miércoles la Audiencia General en la Plaza de San Pedro, donde impartió su segunda catequesis sobre la Constitución conciliar Sacrosanctum Concilium, centrada en el rito, el signo y el símbolo como elementos constitutivos de la sagrada liturgia. El Pontífice subrayó que los ritos litúrgicos no son «un revestimiento exterior del misterio sacramental, un conjunto de ceremonias arbitrarias», sino «la mediación eclesial a través de la que nos llega el don divino», y animó a los fieles a dejarse «educar por los ritos de la liturgia» y a cuidar las celebraciones «con delicadeza y sin arbitrariedad».
El rito, mediación eclesial y escuela de vida cristiana
El Papa recordó que el Concilio Vaticano II, apoyándose en el trabajo previo del Movimiento Litúrgico, ayudó a redescubrir una verdad arraigada en la conciencia de la Iglesia antigua y en la enseñanza de los Padres: que los ritos de la liturgia cristiana no son un revestimiento exterior del misterio sacramental, sino la mediación a través de la cual el Mysterium fidei se realiza «en la liturgia a través de los ritos y de las oraciones» (SC, 48). El rito, explicó León XIV, «da forma a la acción litúrgica y, a través de ella, a nuestra vida», generando en los fieles «una sensibilidad espiritual que nos hace capaces de saborear la presencia de Dios por medio de Jesucristo». Ello sucede, precisó, siempre que los creyentes no se queden «al margen o como espectadores mudos», sino que participen «con todo nuestro ser: cuerpo, mente y corazón».
A través del sagrado rito, continuó el Pontífice, los fieles son formados «en la escucha de la Palabra de Dios, en la acción de gracias y en la adoración, en el hecho de compartir de forma fraterna y en la comunión eclesial»: «Descubrimos que somos una asamblea de muchos rostros, reunida por la misma fe».
El rito implica «una secuencia de gestos y de oraciones bien definida, que a veces puede contrastar con nuestra tendencia individual a la espontaneidad», reconoció el Papa, pero su lógica «no consiste en encorsetar la libertad en esquemas». Con su «sobriedad solemne», el rito «interrumpe actividades frenéticas, reconduciéndonos a lo esencial», abriendo al creyente «otra dimensión de la acción, que no se rige por los cálculos productivos» y «otra experiencia del tiempo y del espacio».
«En el rito experimentamos una lógica de gratuidad, encontramos una pausa que regenera el corazón, reconocemos que nos precede la gracia divina, aprendemos a vivir a un ritmo habitado por el Espíritu Santo», afirmó León XIV.
La gramática del rito: signos y símbolos
Adentrado ya en la «gramática» propia de la liturgia, el Papa explicó, apoyándose en el número 7 de la Sacrosanctum Concilium, que «los signos sensibles significan y, cada uno a su manera, realizan la santificación del hombre», y que su significación tiene sus raíces en la obra de la creación, se perfila en los acontecimientos de la Antigua Alianza y se revela en plenitud en la persona y obra de Cristo (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1145). El ejemplo paradigmático fue el agua: de los orígenes de la creación al diluvio, del paso del Mar Rojo al Jordán, hasta el agua que brota del costado de Jesús, que se convierte en «signo sacramental de la inmersión de su muerte y resurrección».
León XIV distinguió asimismo entre signo y símbolo: un signo es simbólico cuando remite «no solo a una idea, sino a todo un sistema de significados y de valores». Así, la aspersión con agua bendita «reaviva en nosotros la conciencia del don recibido con el Bautismo y nuestra adhesión a la vida nueva en Cristo». Los símbolos tienen, además, «esencialmente un carácter práctico, siendo sobre todo acciones»: desde las más sencillas, como arrodillarse o darse la paz, hasta las más exigentes, como los actos constitutivos de cada sacramento.
Lo que los caracteriza, subrayó el Pontífice, es «una dimensión singular performativa y transformadora»: transforman tanto los elementos materiales que los componen como a quienes entran en contacto con ellos, «generando pertenencia, tocando el corazón y la mente, suscitando auténticas relaciones eclesiales».
«El hombre ha de volver a ser capaz de símbolos»
Para concluir su catequesis, el Papa hizo suya una afirmación de Romano Guardini que el Papa Francisco recoge en la Carta Apostólica Desiderio desideravi: «la primera tarea del trabajo de la formación litúrgica: el hombre ha de volver a ser capaz de símbolos» (n. 44). De ahí la necesidad, señaló León XIV, de «dejarnos educar por los ritos de la liturgia, cuidando con delicadeza y sin arbitrariedad la belleza de nuestras celebraciones y comprometiéndonos con una auténtica mistagogía».
La catequesis concluyó con estas palabras del Pontífice: «La experiencia de una liturgia viva y devota, acompañada por una oportuna catequesis mistagógica, es el mejor recurso para volver a despertar en todos esa apertura al encuentro con Dios que, en la lógica de la encarnación, solo puede tener lugar involucrando a todo el hombre: espíritu, alma y cuerpo» (cf. 1Ts 5,23).
Corpus Christi: las procesiones eucarísticas, «valiente testimonio de fe»
Al término de la Audiencia, León XIV dedicó sus saludos en distintas lenguas a la inminente Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, celebrada este jueves 4 de junio. A los peregrinos italianos les animó a mantener viva la tradición de las procesiones eucarísticas: «En la Eucaristía, contemplamos a Jesús, el pan partido y dado por cada uno de nosotros. Las procesiones con el Santísimo Sacramento que tienen lugar en las calles de muchas ciudades son una expresión de la piedad eucarística popular. En este sentido, los animo a mantener viva esta hermosa manifestación de testimonio público de la fe».
A los fieles polacos les exhortó a que su participación, «especialmente de familias, niños y jóvenes», sea «un valiente testimonio de fe y un recordatorio para todos de que Dios está presente entre su pueblo y los acompaña en su vida diaria». A los anglófonos los invitó a fortalecer el corazón «con este don divino» y a ser «testigos de su amor para todos los que encuentren».
En su saludo a los hispanohablantes, el Papa los invitó «a dejarse formar por los ritos de nuestras celebraciones, participando activamente en ellos, para que estos verdaderamente sean un encuentro vivo con el Señor». Y a los fieles lusófonos, en el marco del mes del Sagrado Corazón de Jesús, los convocó a acercarse «a la fuente de la misericordia y la ternura de Dios, para que el Resucitado transforme nuestros corazones, haciéndolos más pacientes, generosos y compasivos».






