(Diócesis de Guadix/InfoCatólica) En el rincón de España donde la tradición sitúa los primeros pasos del Evangelio, cuatro venezolanos han elegido el silencio y el desierto. Desde el pasado 10 de mayo, Carlos Andrés, Óscar Eduardo, Osmar Moisés y Emilio José habitan Face Retama, en el Geoparque de Granada, como la primera comunidad de eremitas de la diócesis de Guadix: los Ermitaños de San Torcuato, Marta, María y Lázaro, consagrados a la oración contemplativa, la adoración eucarística y la acogida de peregrinos.
Un enclave en los orígenes del cristianismo hispano
Face Retama se encuentra en un entorno de barrancos y paisajes áridos del Geoparque de Granada, a unos 14 kilómetros de Guadix. La tradición cristiana sitúa en este paraje el martirio de San Torcuato, uno de los llamados Siete Varones Apostólicos, a quien se atribuye la evangelización de Acci (la actual Guadix) en el siglo I. La diócesis lo considera uno de los espacios más emblemáticos del cristianismo primitivo en España.
Desde su llegada a la diócesis en 2018, el Obispo de Guadix, monseñor Francisco Jesús Orozco, ha trabajado por recuperar la significación espiritual del lugar: promovió reformas en el santuario, instituyó celebraciones periódicas de la Eucaristía y lo convirtió en destino de peregrinación. La constitución de esta comunidad eremítica culmina ese proyecto: Face Retama contará por primera vez con presencia religiosa estable.
Imposición del hábito en la Catedral de Guadix
La fundación se formalizó en la Misa del mediodía del domingo 10 de mayo en la Catedral de Guadix. Los cuatro venezolanos profesaron sus votos religiosos de pobreza, obediencia y castidad y recibieron la imposición del hábito de manos de monseñor Orozco, que los envió a cumplir la misión de rezar por la Iglesia y el mundo desde la contemplación.
La celebración congregó a numerosas religiosas de la Congregación Marta y María llegadas de distintos puntos de España, junto a la fundadora de la congregación, la madre Ángela, y a la superiora general, la madre Rutilia. Durante la ceremonia, los nuevos ermitaños recibieron los elementos propios de la tradición eremítica: un mantel blanco (evocación de la mesa que Marta preparó a Jesús y de la Eucaristía que presidirá sus vidas), una cruz con sus clavos, un bastón, una calabaza para el agua y unas sandalias, signos de oración, sacrificio y peregrinación espiritual. Recibieron también el hábito, el cinturón, la cruz, el rosario y los estatutos y directorio que regirán esta nueva forma de vida.
En ese momento, la madre Ángela se dirigió a los presentes: «ellos han prometido rezar por ustedes, recen ustedes por ellos».
«El corazón palpitante de nuestra diócesis»
En su homilía, monseñor Orozco expuso el sentido espiritual de la fundación. Recordó a los ermitaños su triple compromiso de adoración permanente del Santísimo Sacramento, profundización en la Palabra de Dios y celebración de la fe de la Iglesia. «En la adoración permanente del Santísimo Sacramento vais a ser el corazón palpitante de nuestra diócesis, intercediendo sin descanso por las necesidades de la Iglesia y muy especialmente por las necesidades de nuestro Santo Padre el Papa», afirmó.
El Obispo subrayó que la vida contemplativa no es una huida del mundo: «No, la vida de un eremita, la vida de un ermitaño, la vida contemplativa en la Iglesia no es huida del mundo. Es mucho más, es intimidad personal con Cristo. En el desierto de Face Retama nunca estaréis solos. Donde un cristiano o donde un eremita vive, se entrega, sufre, hace sacrificios y vive en fidelidad a la oración y la contemplación, allí está con él toda la Iglesia. Ese es el desierto, esa es vuestra vocación».
Antes de concluir, agradeció a la Congregación Marta y María haber hecho posible la fundación: «Gracias por poner alas a los sueños de Dios para esta diócesis. Gracias por creer que en lo pequeño Dios puede hacer obras grandes. Gracias por el sacrificio que supone esta entrega y por acompañar a estos jóvenes que quieren ser eremitas. Gracias por confiar en el Señor y en su obra en la Iglesia… Vuestro carisma de hospitalidad y servicio ha sido el instrumento del que Dios se ha valido para hacer posible esta nueva experiencia de Iglesia en nuestra diócesis». Y cerró su intervención dirigiéndose a los nuevos ermitaños: «En vosotros, queridos eremitas, queridos ermitaños, ponemos nuestra historia rica de veintiún siglos de fe; que Face Retama, por vuestra fidelidad, sea el cielo en la tierra».
Carisma venezolano en tierra accitana
Los cuatro ermitaños llevan aproximadamente tres años preparándose para esta forma de vida. Antes de instalarse definitivamente en Face Retama, pasaron varios meses en Guadix adaptándose al entorno y a la cultura española. Su llegada está vinculada al carisma de la Congregación Marta y María, que ya cuenta con presencia femenina en la diócesis: una comunidad en Castril y otra en la ciudad de Guadix. Las religiosas de la congregación han acompañado y guiado el proceso vocacional de estos nuevos ermitaños.
Esa misma tarde del 10 de mayo, concluida la ceremonia en la Catedral, la madre fundadora, la superiora general, otras religiosas, el Obispo y un grupo de fieles acompañaron a los ermitaños hasta Face Retama para el comienzo de esta nueva andadura en el desierto.
Presencia permanente en el santuario de San Torcuato
La vida que aguarda a Carlos Andrés, Óscar Eduardo, Osmar Moisés y Emilio José estará marcada por el silencio y la austeridad. Desde Face Retama rezarán diariamente por la Iglesia y el mundo, celebrarán la Eucaristía, mantendrán la adoración al Santísimo Sacramento y recibirán a los peregrinos que lleguen al santuario de San Torcuato. La diócesis considera que esta presencia estable puede convertir el enclave en un foco de espiritualidad y peregrinación.
La fundación de esta comunidad supone también la recuperación de una tradición histórica de la Iglesia. La vida eremítica, basada en el retiro, la oración y la penitencia, fue una de las primeras formas de vida consagrada del cristianismo, con raíces en los Padres del Desierto.






