«La destrucción del carácter sagrado de la liturgia ha sido la principal catástrofe de nuestra época»
Padre Antonius Maria Mamsery | © Facebook/Brittany Neff

Misionero tanzano que celebrará en la peregrinación de Chartres

«La destrucción del carácter sagrado de la liturgia ha sido la principal catástrofe de nuestra época»

El padre Mamsery defiende la transmisión íntegra de la fe y advierte contra la adaptación de la liturgia a las culturas: la experiencia de los últimos sesenta años, dice, es más elocuente que cualquier argumento.

(InfoCatólica) El padre Antonius Maria Mamsery, misionero tanzano de la Santa Cruz, celebrará la misa de Pentecostés en la peregrinación de Chartres, una de las citas anuales más emblemáticas del catolicismo tradicional en Francia, que cada año congrega a miles de jóvenes en torno a la liturgia según la forma extraordinaria del rito romano.

Como superior Superior General del Instituto de los Misioneros de la Santa Cruz, en 2021, firmó junto a otros superiores generales un comunicado conjunto en respuesta al motu proprio Traditionis custodes del Papa Francisco, reafirmando la comunión de sus institutos con la Iglesia católica y su adhesión al magisterio, al tiempo que pedían la preservación de su carisma litúrgico particular.

En esta entrevista, publicada originalmente en France Catholique por Constantin de Vergennes, el padre Mamsery reflexiona sobre las razones del creciente atractivo que la liturgia tradicional ejerce entre las nuevas generaciones, defiende una concepción de la misión enraizada en la transmisión íntegra de la fe recibida y advierte contra los intentos de adaptar la liturgia a las culturas particulares a costa de su carácter sagrado. «La destrucción del carácter sagrado de la liturgia en muchos lugares ha sido y sigue siendo la principal catástrofe de nuestra época», afirma el sacerdote.

¿Cómo explica el dinamismo de la peregrinación de Chartres y, en términos más generales, el atractivo que ejerce el mundo tradicional sobre los jóvenes?

Desde hace ya algún tiempo he podido constatar esta realidad entre los jóvenes: están hartos de las medias verdades… Buscan la Verdad con mayúscula, algo que trascienda lo ordinario, algo más elevado que ellos mismos. Por eso les atrae el «misterio». No solo por curiosidad, como algunos podrían pensar, sino por la seriedad con la que se venera a Dios según la Tradición, «como era en el principio, ahora y siempre. Y por los siglos de los siglos». Aquí descubren que, si Dios es Todopoderoso, debe ser venerado como tal… Al igual que nuestro patriarca Jacob, se ven invadidos por el temor y la admiración: « ¡Qué terrible es este lugar! Esto no es sino la casa de Dios y la puerta del cielo» (Gn 28, 17). Buscan arrodillarse ante Aquel ante quien todos se arrodillan, desde el niño pequeño hasta el rey. Vivirán momentos de felicidad, en los que el silencio alimenta la liturgia, y experimentarán una voz que habla suavemente al vacío que hay en su interior.

Hoy en día, la Iglesia habla a menudo de Sínodo, que significa literalmente «caminar juntos»: eso es exactamente lo que hacen nuestros jóvenes. ¡Esta juventud demuestra que el Espíritu Santo cumple la promesa de Nuestro Señor de que la Iglesia nunca será derrotada!

¿En qué consiste exactamente la «misión»?

La misión es, ante todo, el Amor, en su sentido más profundo. Es entregarse a uno mismo, hasta derramar la propia sangre si se presenta la ocasión. Eso es lo que hizo el Hijo de Dios. Él era el misionero enviado por el Padre. Toda «misión» recibida debe brotar de este Amor, para amar a nuestros prójimos anunciándoles la Buena Nueva de la Salvación, para hablarles del Dios Verdadero que los ama hasta el punto de morir en la Cruz por ellos. Esto es lo que Nuestro Señor nos dejó como sus últimas palabras, como su testimonio: «Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo cuanto os he mandado» (Mt 28, 19-20). Tal es, en resumen, la misión de cada bautizado. En cada misa, recordamos este mandato de nuestro Señor: ite missa est. «Id, sois enviados»... ¿Adónde? ¿Para hacer qué? ¿A quién? Simplemente para compartir lo que hemos recibido, es decir, el amor de Nuestro Salvador a toda la humanidad sin distinción.

¡Qué lejos estamos aún de eso! ¿Cuántos millones de seres humanos desconocen esa Verdad que nosotros conocemos?

¿Puede —o debe— todo creyente ser misionero?

Todo bautizado es misionero por vocación: debe transmitir lo que ha recibido de sus ancestros, sin inventar verdades reveladas ni manipular las cosas de tal manera que la siguiente generación reciba algo ajeno a lo que fue transmitido por Jesucristo, fundador de la Iglesia. La Iglesia no es propiedad de nadie en cuanto tal. Nadie tiene el poder de modificar su doctrina revelada, ni de edulcorar la integridad de los dogmas mediante manipulaciones sutiles o filosóficas para adaptarlos a nuestros sentimientos o a nuestra época. San Pablo nos advierte con palabras severas: «Pero aunque nosotros mismos o un ángel del cielo os anunciásemos un evangelio diferente del que os hemos predicado, ¡sea anatema!» (Ga 1, 8).

Al enviarnos a la misión, Nuestro Señor no nos pidió un favor, sino que nos dio una orden. Porque los que crean se salvarán, y los que se obstinen en el error perecerán. ¡Tenemos esta terrible misión de hacer de toda la humanidad sus discípulos, nos guste o no! ¡No necesitamos en absoluto gastar dinero ni perder el tiempo debatiendo en grandes congresos o reuniones internacionales para «discutir» sobre la pertinencia de las palabras de Nuestro Señor, a riesgo de incurrir en Su cólera! De hecho, privar a nuestro prójimo de la posibilidad de conocer la verdad es la forma más odiosa de no apiadarse de él.

¿Debe adaptarse la liturgia para tocar el corazón de las personas?

En el Credo profesamos nuestra fe en la Iglesia «una, santa, católica y apostólica». Cuanto más nos esforzamos por buscar destellos de verdad en los confines del mundo, más ocultamos el fuego devorador del Evangelio. En el mundo existen miles de culturas… ¿Cuál vamos a elegir para «adaptar» la liturgia? ¿Y por qué esa y no otra? En muchas culturas falta el vocabulario teológico que pueda definir correctamente lo que expresamos en nuestra fe católica. Por otra parte, me parece que la desafortunada «experiencia» de los últimos sesenta años es más elocuente que todo lo que acabo de decirle.

¿En qué sentido puede ser misionera la liturgia?

La liturgia expresa en qué creemos, cómo creemos, en quién creemos y la reverencia que le debemos… Por eso no podemos tomárnosla a la ligera. Uno de los grandes errores de nuestro tiempo es creer que la «participación activa» en la liturgia consiste en gesticular con las manos y el cuerpo, hacer ruido y tocar instrumentos musicales, etc. Les preguntaría humildemente: ¿se atreverían a hacer eso ante la Cruz, al ver a su Maestro morir entre horribles sufrimientos? ¿No? Entonces, ¿por qué sí durante la Santa Misa? El Catecismo de la Iglesia Católica nos enseña que la misa es el mismo sacrificio de la Cruz, ofrecido en nuestros altares… La destrucción del carácter sagrado de la liturgia en muchos lugares ha sido y sigue siendo la principal catástrofe de nuestra época.

Los primeros misioneros, cuando se dirigían a países extranjeros sin conocer su idioma, se limitaban a celebrar la Santa Misa con reverencia, y los paganos se sentían atraídos por esos «hermosos gestos», apartándose de sus cultos paganos para volverse hacia ese Dios verdadero al que los misioneros respetaban tanto. La liturgia misma era una llamada a la conversión. Es exactamente lo que ocurre también hoy… Todos los continentes, pero sobre todo Europa y América, son testigos de la conversión de un número masivo de jóvenes, no gracias a predicadores famosos de nuestro tiempo, ni gracias a taumaturgos, sino gracias a la liturgia tradicional… ¡Nadie puede, de buena fe, negarlo! Es el Espíritu Santo quien revela toda la Verdad, como prometió Nuestro Señor. Hoy en día, numerosos documentos del Magisterio nos invitan a abrirnos a la escucha del Espíritu… Creo que es el momento, más que nunca, de escuchar lo que el Espíritu del Señor comunica a la Iglesia de nuestro tiempo a través de los miles de jóvenes que caminan juntos con alegría, al tiempo que hacen importantes sacrificios, en busca de la Verdad.

 

7 comentarios

Urbel
Frente a la catástrofe que es la destrucción del carácter sagrado de la liturgia ¿su preservación es un "carisma litúrgico particular"?

No, es un deber católico.
26/05/26 3:53 PM
Ricardo de Argentina
...son testigos de la conversión de un número masivo de jóvenes, no gracias a predicadores famosos de nuestro tiempo, ni gracias a taumaturgos, sino gracias a la liturgia tradicional… ¡Nadie puede, de buena fe, negarlo!
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Yo lo niego, y de buena fe.
La conversión es gracias a Dios y a las gracias que Él derrama.
Así fue desde Pentecostés, cuando ni liturgia había, y lo sigue siendo.
La buena liturgia puede ser un medio secundario para que esas gracias lleguen a las almas predispuestas, y de hecho lo es.
Pero no es ni el único ni el principal.
El único medio, o Mediador, es Jesucristo, quien derrama todas las gracias a través de la Corredentora Ssma.Virgen.
Luego hay muchísimos medios secundarios a través de los cuales esas gracias se canalizan.
El principal de los cuales es la familia.
26/05/26 4:30 PM
Dámaso
Por su desacralización los fieles dejaron de asistir a la misa nueva.
26/05/26 5:07 PM
gustavo
la liturgia no debe ser descuidada, debe ser un camino que acerque a Dios, no un entretenimiento, y no hay que tener miedo a los silencios en la misa.
26/05/26 5:42 PM
Lector
Precisamente por negarlo Ricardo de Argentina, he reparado en el párrafo que cita. Es impresionante ese párrafo del misionero tanzano: muy real y certero. Y emocionante.
26/05/26 5:57 PM
Eduard
Hablan tanto de liturgia y nadie hace nada. Todos esperan de Roma y Roma no hace nada, mas que restringir los pocos lugares donde la liturgia es solemne. ¡Vaya dilema! ¿Se han preguntado todos los obstaculos que encuentran estas peregrinaciones por parte de la jerarquía? Nadie habla de eso, y en apariencia todo marcha de maravilla y en "plena comunión". Absurdos.
26/05/26 7:07 PM
Francisco Javier
Me van a perdonar por mi lenguaje siempre muy crítico para todo pero el "Francisco Javier" que antes solo respondia "amén" a las noticias sobre la Iglesia y era papalotrista se acabó hace mas de 10 años. Les diré como reflexion que todas las encuestas siempre aparece que de los que se denominan católicos solo un pequeño porcentaje va a misa, una muestra que el novus ordo ha sido un fracaso y atrae poco. Por eso tanto secularización o crecimiento de sectas evangélicas en países otrora católicos. La restauración de la misa tradicional sería el punto de partida de la reevangelizacion tan necesaria.
26/05/26 7:11 PM

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