(InfoCatólica) La Europa que rechaza sus raíces cristianas se condena a una «drástica esterilidad» no solo demográfica, sino también cultural y espiritual. Con esta advertencia, León XIV recibió ayer lunes en la Sala Clementina del Vaticano a los miembros del Intergrupo de Demografía del Parlamento Europeo, acompañados por la comisaria europea para el Mediterráneo, Dubravka Šuica; la ministra italiana de Familia, Natalidad e Igualdad de Oportunidades, Eugenia Roccella, y la representante especial de la OSCE para el cambio demográfico y la seguridad, Gudrun Kugler. La audiencia tuvo lugar con ocasión de la conferencia «Demografía y Europa: un momento decisivo», celebrada en la sede de enlace del Parlamento Europeo en Roma.
Un desafío urgente para Europa
El Papa reconoció que la cuestión demográfica constituye «un desafío urgente con implicaciones concretas para millones de seres humanos y sus familias» en un continente que, como ya subrayaba el Papa Francisco, se está convirtiendo en el «viejo continente» «no ya por su gloriosa historia, sino por su edad avanzada». Los problemas derivados de la demografía de crecimiento cero son, según León XIV, «muchos y complejos, e incluyen, no en último lugar, la pandemia de la soledad».
El Pontífice recordó que los datos demográficos «no son meras estadísticas, sino que hablan de paternidad, maternidad e hijos», y subrayó con énfasis: «¡Los hijos son el futuro!». Un futuro vinculado a un desarrollo integral y sostenible que «se ve gravemente obstaculizado sin la solidaridad entre las generaciones», una solidaridad que «requiere un equilibrio intergeneracional del que Europa carece actualmente».
Esterilidad y rechazo de las raíces cristianas
El diagnóstico más incisivo del discurso apuntó directamente a la pérdida de las raíces cristianas del proyecto europeo. «En las últimas décadas podemos ver que el rechazo de la inspiración cristiana de los padres fundadores de las instituciones de la UE ha llevado a un tiempo de drástica esterilidad», afirmó el Papa, «no solo porque a demasiados se les ha privado del derecho a nacer, sino también porque no se han transmitido las herramientas materiales y culturales que los jóvenes necesitan para afrontar el futuro».
León XIV señaló además las contradicciones de determinadas políticas europeas: «No es raro que nos encontremos ante las afirmaciones contradictorias de políticas supuestamente favorables a la familia que, al mismo tiempo, promueven la discriminación contra la maternidad, exaltan el aborto como un derecho y socavan los cimientos mismos del deseo de formar una familia». Tras esta denuncia, añadió con un punto de humor: «Afortunadamente, ¡hoy aquí con nosotros hay maravillosas excepciones!».
La familia, escuela de vida social
Frente a este panorama, el Papa pidió «ideas innovadoras» que Europa «necesita desesperadamente», e instó a que el diálogo no se limite a las instituciones y gobiernos, sino que incluya «a todo el espectro de la sociedad civil, de la cual los cristianos son parte integrante».
Citando la exhortación apostólica Familiaris Consortio de San Juan Pablo II, León XIV recordó que la familia es «la primera e insustituible escuela de vida social» y que se funda «en el matrimonio entre un hombre y una mujer, una realidad que une las dimensiones personal y pública». El Pontífice instó a los parlamentarios a promover «la responsabilidad común y el papel activo de las familias en la vida social, política y cultural», aplicando el principio de subsidiariedad para evitar «los dos extremos de la intervención estatal excesiva y del individualismo».
Una primavera frente al invierno demográfico
El Papa aclaró que su propuesta no consiste en «volver a modelos sociales del pasado», sino en «proporcionar a los hombres y mujeres de nuestro tiempo los principios inmutables» capaces de guiarlos ante las preguntas fundamentales de toda época: «¿Cuál es el significado y el valor de la vida humana? ¿Qué es una sociedad humana auténtica? ¿Y qué tipo de mundo queremos transmitir a las generaciones futuras?».
En este empeño, León XIV destacó la cooperación del Intergrupo con la Federación de Asociaciones Familiares Católicas en Europa (FAFCE) y con la Comisión de las Conferencias Episcopales de la Unión Europea (COMECE) como «un excelente ejemplo de cómo distintas entidades, cada una con su ámbito de competencia, pueden trabajar juntas para lograr un cambio efectivo que mejore la calidad de vida de todos».
Y concluyó con una imagen que condensó el sentido de todo su discurso: «Solo una nueva primavera para la familia puede transformar el frío invierno de nuestras poblaciones envejecidas».








