(InfoCatólica) La imagen de Cristo Pantocrátor preside desde hoy el ábside de la capilla católica de Stiklestad, el mismo lugar donde san Olav cayó en batalla hace casi mil años. El mosaico, inspirado en la cúpula de Santa Sofía de Kiev, traza un arco entre el exilio del rey santo y su sacrificio, entre la sabiduría divina y la desmesura humana.
Mons. Erik Varden, obispo de Trondheim, pronunció la homilía durante la bendición y consagración del altar de la capilla católica de Stiklestad, reabierta el 20 de mayo tras una profunda restauración. La ceremonia coincidió con el 144.º aniversario del nacimiento de Sigrid Undset (1882-1949), la novelista noruega, autora de Kristin Lavransdatter, que tras convertirse al catolicismo en 1924 en un país abrumadoramente luterano recibió el Premio Nobel de Literatura en 1928. Con esos fondos, Undset financió la construcción de la capilla, consagrada en 1930, en el 900.º aniversario de la batalla en la que el rey Olav perdió la vida. Stiklestad es, para los noruegos, el lugar donde su nación abrazó el cristianismo: Olav Haraldsson fue canonizado apenas un año después de caer en combate el 29 de julio de 1030 y es venerado como patrón de Noruega con el título de rex perpetuus Norvegiae, rey perpetuo.
Las obras de restauración, según informa Vatican News, han incluido un nuevo altar, la construcción de una sacristía y la instalación, por primera vez, de una campana en el campanario. «Esta capilla es el corazón espiritual de Noruega», subrayó Varden.
De Stiklestad a Kiev: el exilio que transformó a un rey
Varden recorrió la peripecia de Olav Haraldsson, que llegó a Noruega en 1015 reclamando su derecho al trono. Durante una década, el rey instauró el derecho cristiano, unificó el país y forjó la idea de nación. Pero sus leyes incomodaron a los grandes terratenientes, acostumbrados a gobernar sin trabas, y estos pactaron con el rey danés Canuto para expulsarlo.
El monarca depuesto se refugió en el reino de Kiev, donde el rey Yaroslav y la reina Ingegerd lo acogieron. Yaroslav le propuso olvidar Noruega y le ofreció Bulgaria. Olav, según relata Snorre, sopesó la oferta, pero también consideró opciones más radicales: peregrinar a Jerusalén o hacerse monje. El exilio se convirtió en tiempo de purificación interior: «Olav hizo cuentas consigo mismo y depuró su motivación», señaló el obispo.
La Sabiduría en la cúpula
Varden evocó su propia visita a Kiev en mayo de 2023, junto al Cardenal Arborelius, en representación de la Conferencia Episcopal Nórdica, mientras la ciudad se recuperaba de un intenso bombardeo ruso. Ante los muros de la iglesia azul, cubiertos de carteles con los nombres de los caídos en el frente, y después en la catedral de Santa Sofía, el obispo contempló el mismo Cristo Pantocrátor que ahora preside la capilla de Stiklestad.
Los historiadores, explicó Varden, coinciden hoy en que la catedral de Kiev comenzó a construirse en 1011, de modo que ya se alzaba cuando Olav llegó en 1028. El obispo se declaró convencido de que Yaroslav, orgulloso de su obra, habría llevado a su huésped noruego a visitarla. Santa Sofía está consagrada a Cristo como expresión encarnada de la Sabiduría del Padre, un principio que fue también el centro del proyecto político y existencial de Olav.
Fue precisamente en Kiev donde el rey recibió un sueño decisivo: Olav Tryggvason se le apareció y le instó a regresar a su reino. Cabalgó entonces hasta Stiklestad, donde cayó en batalla tras arrojar su espada. «Nadie tiene mayor amor que quien da la vida por sus amigos» (Jn 15,13), recordó el obispo: al entregar su vida, Olav ganó en la muerte el país que había perdido en vida. «De ese modo da aún hoy, si le prestamos atención, rumbo a nuestro país como rey eterno», afirmó Varden.
Undset y la tentación del Pantokrátor humano
La restauración ha hecho visible el eje entre Kiev y Stiklestad. El nuevo mosaico del Pantocrátor en el ábside dialoga con la vidriera de san Olav en el muro oeste: el rey mira hacia Cristo mientras se prepara para el combate.
Varden enlazó esta imagen con la lucidez profética de Sigrid Undset, que al fundar la capilla ya percibía lo que se gestaba en Europa. La escritora, que durante la ocupación nazi tuvo que huir de Noruega, despreciaba el fascismo porque «distorsiona el sentido de la realidad de las personas al alimentar sueños luciféricos de omnipotencia». Cuando el ser humano se cree pantokrátor, criterio supremo de todas las cosas, es capaz de la peor crueldad. En un ensayo de 1935, Undset advirtió contra lo que llamó «el aislamiento del fetichismo: la adoración de cosas e ideas fabricadas por uno mismo. Eso es, en el fondo, autoadoración, y como los seres humanos no pueden subsistir sin ayuda sobrenatural, significa disolución y muerte».
Esa tendencia, observó Varden, condujo entonces a la catástrofe que hoy muchos prefieren olvidar. Y preguntó a los fieles: «¿Somos conscientes de adónde puede llevarnos hoy esa misma tendencia, ahora que vuelve a encontrar expresiones violentas y cargadas de odio?».
El obispo concluyó describiendo el nuevo mosaico del Pantocrátor como «un signo profético y una fuente de examen de conciencia» de cara al milenario del sacrificio de san Olav en 2030.








